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Mostrando entradas con la etiqueta La Adarga [Juan Eladio Palmis]. Mostrar todas las entradas
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26 jul. 2017

  • 26.7.17
Estamos pagando, uno a uno, todos los excesos y las licencias que se permiten los tertulianos en las pantallas de televisión, con un amplio desprecio a la posible audiencia, y funcionando solo en función de su cuota de bolsillo. Y el que venga por detrás, que arree.



En el sucio alcantarillado donde discurren todos los detritus diarios de una sociedad infectada de materia orgánica hasta cuando se habla, se utiliza el término "líder" y, generalmente, aquel otro de "populismo", ambos como con desprecio, como si fuera un mal muy grande para el desarrollo social.

Un líder es, y lo ha sido desde que el mundo da vueltas, aquella persona con capacidad para levantar a las gentes; y una vez levantadas, seguir a su lado en la lucha contra algo que le sienta y le viene mal a la sociedad que el líder ha conseguido, que no es nada fácil, levantar de su modorra, apatía o miedo.

Por tanto, el líder, por narices tiene que ser populista, puesto que de lo contrario, si abandona a la gente o se la pone detrás de él, deja de ser de golpe populista y líder, y se puede convertir en un aprovechado social de los muchos que pululan en esta España de cultura rara que idealiza, otra vez más, las santas cruzadas contra los malditos herejes.

Trasladada estos fundamentos básicos de consideración de lo que es un líder y lo que solo es un aprovechamiento político de popularidad gracias al tremendo poder de los medios de comunicación, nos entra una especie de desolación social porque solo vislumbramos en nuestro alrededor gente pintada, maquillada, hombres y mujeres, mujeres y hombres, que no tienen ningún fundamento de líderes y solo gozan de popularidad: una expresión y postura que es externa, exterior, que no va con la persona.

El popular, el que goza de popularidad, tan pronto deja el cargo, salvo que sigan disponiendo de poder en los medios de comunicación, desaparece de inmediato en el más oscuro anonimato porque nunca por nunca fueron lideres.

De todos y cuantos han pasado y se han autoconsiderado como líderes, en cincuenta años para acá, en esta España incorrupta en gilipolleces perennes, hemos tenido la desgracia de disfrutar de populares que a la hora que fuera estaba su cara y dichos llenando las pantallas televisivas, e incluso con artículos de opinión escritos por sus secretarios o secretarias.

De los así ubicado en el entramado social, no ha quedado para el recuerdo y la memoria ninguno, ni líder ni lideresa, ni por la llamada izquierda y menos aún por el lado donde históricamente no ha surgido ni uno solo líder: la llamada derecha.

El líder, como el imperio o los imperios, como no sean de verdad no perduran en el tiempo. De los imperios, el griego el helénico, es el único imperio e imperialismo que todavía vive y está vigente y tenemos que recurrir a él para aprender y razonar muchas cosas. Pero líderes, personas que hayan levantado el pueblo y hayan seguido con el pueblo a su lado hasta el final de sus días y perdurando en el tiempo, no me viene al teclado en este momento ninguno por fuera de Bolívar, Che Guevara y Fidel, porque todo lo demás dentro de la rama de su especialidad se han limitado a ser famosos, conocidos o conocidas; pero eso nada tiene que ver con ser un líder.

El jingoísmo, un vocablo que se suele utilizar con poca frecuencia en el lenguaje habitual, quizá debería volver a su uso cotidiano porque lo que tenemos, desgraciadamente en abundancia, son gentes con un acervado jingoísmo patriotero, y defienden, generalmente por una buena dosis de dinero, la agresión armada contra otras naciones aludiendo o basados en toda clase y tipo de villanías.

Si repasamos nuestros calendario actual de personas con popularidad, es probable que líderes no encontremos viviendo ninguno; ahora bien jingoístas hay más que votantes cautivos que se miran al espejo y cada día ven muchas más razones para opinar que el modo más efectivo que no existe un vecino que te haga la competencia, es eliminándolo.

Parecía, pocos años, que aún con muy pocos líderes funcionando, la humanidad en su conjunto empezaba a prestarle cierto interés a la solidaridad, y se alejaba de la guerra; pero desde que se han confundido los términos de jingoísmo con liderazgo, todo se ha vuelto a peor y estamos en caída libre de defender cualquier tipo de valores de los necesarios para que la cosa siga funcionando.

Contiene una profunda carga de tristeza el analizar la actualidad que nos rodea. Especialmente cuando lo que espejea la calle son mesas de bares llenas, gente feliz bebiendo, como si todo estuviera resuelto. Y cuando se enciende la tele o se abre una página de un periódico del tipo que sea, el jingoísmo nos suministra líderes de pura caca seca. Salud y felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

5 jul. 2017

  • 5.7.17
En su afán por la lectura, por encontrar entre los libros y los documentos sueltos cosas y casos que no le brindaba su propia vida, basó y quiso darle sentido a su existencia aquel hombrecillo de edad indefinida, tan pronto como dejó atrás sus años de infancia y juventud.



Tenía, muchas veces, a flor de sus labios, el dicho aquel de "a burro muerto, la cebada al rabo" en su Andalucía natal, donde tuvo que soportar muchas burlas y chanzas a causa de su menguado esqueleto y, en particular, por aquellos dos brazos, mucho más cortos de lo que era habitual en los demás humanos.

Cuando se fue dando cuenta de las cosas, entendió que por el camino de llevar sobre su cuerpo un hábito de religioso, a lo mejor le dulcificaba la existencia y podía encontrar el respeto y la consideración de sus paisanos, los cuales, de muy decidida manera, le estaban amargando sus jornadas.

Un hermano de su madre, prior del convento de su localidad, fue el que con más ahínco se opuso a que aquel deformado pudiera tener entrada en alguna orden religiosa. El deformado hombrecillo de nuestra referencia, en la ciudad andaluza de Lebrija, llevó por nombre el de Antonio y era el apellido Solís el que compaña le dio no solo por entre sus paisanos, sino que también le sirvió de identificación personal por las tierras del Nuevo Mundo, en las que se vio viviendo merced al favor que el hermano de su madre al parecer le hizo para quitárselo de en medio.

Si el dicho lebrijano andaluz Antonio Solís fue pariente del piloto mayor Solís, es algo que cabe en la posibilidad; pero después hemos sabido que el piloto Solís tuvo por cuna y nación la portuguesa, aunque exista la casualidad que en aquel hombre tullido se desarrollaron ciertas afinidades por los asuntos de la mar y las exploraciones.

En la compañía de cierto veneciano de apellido Caboto, y de nombre Pedro, que manifestaba a diestro y siniestro ser sobrino del fallecido Piloto Mayor de Indias, don Sebastián Caboto, que navegando estuvo bajo pabellones de la Cesárea Majestad Castellana, aunque hubiese tenido una formación marinera sajona.

El mentado Piloto Mayor de Indias don Sebastián Caboto, al parecer, fue un hombre de fortuna considerada, porque capacidad tuvo para armar una carabela de su propiedad y en una de sus etapas por su vida dedicarse al comercio del contrabando por Las Indias, mientras que su presunto sobrino Pedro no tenía más capital que el de su ilusión y deseos de ser un hombre rico en el futuro.

Detrás de las estelas que en su día dejaron las naves mandadas por Juan Díaz de Solís por aguas y tierras que lamía el gran río que él mismo bautizó como Río de La Plata, años más tarde, el dicho Sebastián Caboto, fue bojando con su nave tratando de que una mayor fortuna llamara a su puerta, y dejar para siempre aquel arriesgado negocio de contrabandear por Las Indias, que en alguna mala ocasión podía llevarlo a una situación comprometida.

De aquella expedición austral de Caboto, en escritos del cronista don Bartolomé de las Casas, se puede, con toda claridad, leer el testimonio que don Alonso de Santa Cruz, uno de los principales del dicho viaje, al parecer le dio al citado cronista don Bartolomé, y aunque todo el testimonio aportado pueda tener una completa cabida en el mentado refrán de “que una vez el borrico está muerto, toda la cebada se le puede echar en el rabo”, la anotación del cronista dice por sus reglones:

"E allí vieron ciertos hombres marinos que se mostraban fuera del agua desde la cinta arriba, que parecía que tenían forma humana de hombres como nosotros en todo, y así la cara e ojos e narices y boca, y los hombros e brazos, e todo aquello que de fuera del agua mostraban. E destos vieron diez o doce dellos todos aquellos españoles que se hallaron en aquel río con el dicho Alonso de Santa Cruz, al cual se da entero crédito, porque es hombre de honra...".

Semejante relato, puesto en boca de un hombre serio, que encima testifica bajo juramento, fue asunto en extremo muy preocupante para los intereses de Castilla, puesto que semejantes hombres marinos, a los que posteriormente por todos los lugares se decía montaban en caballos también marinos que les permitía desplazarse por la mar sin riesgo ni temor de tormentas, eran un peligro real en el caso de que se multiplicaran por mucho en aquel su país del río que llamaron de Los Monstruos, balizado de los siete grados y un tercio al sur de la línea equinoccial.

Dichos posteriores, que hablaban de que los hombres marinos fuera de sus arcos y flechas, habían sido capaces de encontrar una pólvora que aún mojada les servía en sus armas, haciéndolos hartos peligrosos y poderosos, quizás fue la causa que motivó que el que decía ser sobrino de Caboto, el tal Pedro, junto a su inseparable amigo Antonio Solís, encontraran un armador que dispuesto estuvo para despachar navío hasta la dichas aguas sureñas, y, en alianza con tales hombres poner de rodillas a todas las coronas.

Fuera de los escasos escritos que cuentan la presencia de la nave de los dos amigos y el desconocido armador por puertos como el de Portobelo y Cartagena, poco más se sabe de la suerte que la dicha expedición tuvo por aguas de la desembocadura de Arroyo Negro, en la tierra Entrerriana.

Pero lo que escrito quedó en una crónica posterior sobre cierto hombre marino, que salado y conservado se exhibió por algunos puertos europeos en holgado negocio, perfecta relación puede guardar con la desdichada suerte de aquel deformado Antonio Solís, cuya desgracia sirvió para que su mal amigo no diera su brazo a torcer sobre el dicho de que, semejantes hombres marinos, tan solo existieron en la imaginación calenturienta de los que pasaron a Las Indias.

De la mujer marina que también se exhibió en Cádiz en la nave de un comerciante, no hemos podido encontrar referencia alguna, aunque puede que alguna vez tengamos la suerte de hallarlo. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

14 jun. 2017

  • 14.6.17
Sí, la Mezquita está en la ciudad de Córdoba; pero, la Mezquita de Córdoba, para el caso islam y catolicismo trinitario vaticano, nada tienen que ver con ella supuesto que la Mezquita ya estaba construida muy anteriormente, y erigida como edificio singular bastantes años antes de que estos dos monoteísmos alcanzaran fama y seguidores.



No voy a repetir asuntos tan principales como ya en su día apuntó y dio a conocer el historiador vasco Ignacio Olagüe Videla, ya fallecido, en su interesante y singular libro Los árabes jamás conquistaron España, o lo emocionante que se puede leer y sacar en conclusión a lo largo del relato anónimo titulado Ajbar Machmúä, que se conserva en París, del que hizo traducción singular el andaluz de Archidona, Emilio Lafuente Alcántara allá por el año de 1867.

Ambas obras vertieron luz no solo del siglo VIII, centuria de la que no queda un papel en toda la cristiandad porque hubo orden expresa papal de que se le pegaran fuego a todos, sino porque la lectura de ambos trabajos permite sacar la cabeza por encima de ese viento podrido interesado, que en nuestro caso como españoles, el catolicismo trinitario vaticano nos ha estado soplando sin ceder un ápice en su mentira, y sin tener en cuenta los descubrimientos históricos que, afortunadamente en honor de la verdad, se producen gracias a la investigación.

Don Ignacio Olagüe deja de un tirón, con contundencia, sin duda ninguna, teoría que comparto plenamente, la imposibilidad edificatoria de que la Mezquita se erigiera en su desconocida fecha original como un templo para el rezo del islam o el cristianismo, porque ninguno de los dos monoteísmos habían arribado todavía a la península Ibérica y ni se conocía de su existencia, y ya, la edificación conocida actualmente como Mezquita de Córdoba estaba edificada y lucía su singular belleza a orillas del río Guadalquivir.

Sabemos que ninguna de las dos creencias religiosas monoteístas, islam y catolicismo vaticano, son autóctonas de estas tierras, y las dos vinieron importadas por gentes extrañas a nosotros que las introdujeron. Y considerando que su “patio de oraciones”, el jardín pétreo de las 1.300 columnas de granito, jaspe y mármol de la Mezquita, no permiten ir más allá de lo que siempre han permitido para darle aplicación al rezo islámico o católico que es el de establecer como capillas variadas para que el celebrante del rito que fuera, sea visto por sus seguidores y lo sigan en su oración.

La interesada teoría que ha campeado por años de que el arco de herradura era un sistema de ornamentación constructiva de exclusividad total de las gentes islámicas, arábigas en concreto, cuando tal hecho fue desestimado por el trabajo de los investigadores y se encontraron varios edificios dotados de arcos de herradura construidos con anterioridad a la fecha mágica y mentirosa del año del 711 que se atribuye como fecha del principio de la arabización de la Iberia, al clero trinitario vaticano le venía muy bien para sus intereses económicos el hecho de que la propiedad de la Mezquita hubiese sido islámica, porque por un extraño derecho de conquista que se atribuyen ellos, todo lo islámico y judaico es suyo, como si fuera una herencia del abuelo.

Puntos de vista particulares de técnicos afectados por el negociazo que significa actualmente el tener o no la propiedad de la Mezquita a la hora de administrar el taquillaje de las entradas de los turistas que la visitan, puede llevar a informes que se decanten de una manera o de otra.

Pero, lo que no tiene lógica, aunque haya mucho dinero de por medio, puede intentar en un recorrido, generalmente corto y a su vez interesado, cambiarlo todo, pero no en el largo recorrido en el que por fuerza, al final, les duela en función del dinero, la verdad estará ahí contradiciendo dichos y juramentos, y la Mezquita no se construyó pensando en catedrales o para ser mezquita o sinagoga.

Quiero dejarlo aquí escrito en este documento público que son los textos digitales para que queda constancia de que, personalmente, interesado en el posible origen de quiénes o quién fue el pueblo que mandó edificar la Mezquita, dejando de lado descartado y más que descartado que no fueron gentes que practicaban como religión el islam o el cristianismo o el judaísmo, el aire oriental que predomina en tan singular edificio, está claro que no es local, no es andaluz ni ibérico, porque de ser así, se hubiese prodigado tal estilo de hechura en otras edificaciones del lugar, de allí mismo o próximo.

Ahora bien, convencido de la teoría práctica de que el nombre de Iberia, el de Península Ibérica, procede de la boca de gentes orientales que, o bien por mar o bien por tierra, llegaron hasta nuestra tierra y se asentaron en estos lugares, y le dieron el dicho nombre de Iberia a nuestras tierras porque eran procedentes del Reino de Iberia, en la actual República de Georgia, a ellos, a aquellos ibéricos cuando todavía no estaban cristianizados, y mucho antes que se empezaran a cuestionarse en las riberas del río Nilo la posibilidad de un solo dios, o, a lo sumo una pareja, el aire oriental que en su edificación destila la Mezquita, nos viene de allí, de aquel oriente, y en esa línea voy a seguir mi trabajo investigador.

El arco de herradura repetido en el número de 365 veces, según días del año, que tiene la Mezquita, no se puede ya sostener como sello de propiedad, en virtud de la apariciones visigodas en otros edificios habidos y construidos con anterioridad al año del 711 que siempre se toma, por costumbre, como fecha que apareció el primer turbante por la ibérica, cuando, en realidad, ya lo llevaban como protección y ornamentación de la cabeza los ibéricos por siglos. Y hace ya años que se debía de haber desestimado como baliza delatadora de una gente y una época. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

31 may. 2017

  • 31.5.17
Si este hecho se diera, si España, por algún descuido de sus mandos en algún momento y por un espacio mayor a un mes de tiempo, mirara y legislara por el bien de España, el gallo cantor que anuncia las mañanas en la Ibérica cantaría con una alegría desconocida y con un tono festivo que ampliaría las ganas de vivir y cooperar.



España vive, legisla, procede, hace y destruye siempre, hasta este minuto, sin exagerar nada, en pos y en aras de mandatos de intereses exteriores que sobresalen y pesan mucho más que cualquier necesidad o prevención imprescindible que le afecte a España y a los españoles.

Hay un hecho palpable, claro y diáfano que está ahí a la vista, que no se necesitan gafas de cristales condicionados para verlo, y es que España, cuando tiene que ser no lo es, y cuando no tiene que ser está la primera pegándole fuego a todo lo que le conviene al grupo asfixiador, siempre gente de fuera de nuestras fronteras, a los que nuestros políticos respetan más, están más atentos a sus necesidades que a las nuestras.

Un país que asimila perfectamente, y a modo oficial aplaude y razona como necesario el robo descarado diario; un país que siguen considerando que lo que fue una traición y un golpe de estado es lo único decoroso de su pasado; un país donde al día siguiente de saberse de un robo, ya se considera tiempo y acto pasado y, por tanto, sin responsabilidad actual, no tiene una razón convincente de cohesión entre las distintitas gentes que constituimos, como compartimentos estancos, sus diferentes lugares. Y tan solo hemos llegado a tiempos donde el buen riego y el cultivo de la granujería han hecho florecer a tope la indiferencia y el sectarismo organizado en bandas.

En la Europa de ahora mismo, en el eje franco-alemán que llevan años acomodando sus intereses y sus recursos en contra de los países de su entorno, España está apuntada a esa clase, a esa aula, pero de oyente. Y viene, pero no de ahora, sino desde que se instauraron las relaciones diplomáticas, cantando las excelencias de lo listos que somos los españoles, incluso dentro de los chistes y chascarrillos.

Pero, al final, las que se sacrifican son las vacas españolas, son los olivares españoles, son los cultivos españoles, son los albaricoqueros y los naranjos y los limones españoles, y el pequeño comercio... para zampamos ahora los jamones polacos comprados por el eje franco-alemán o los productos que ellos quieren.

Porque nuestro mercado privado es de ellos, y nunca hubo señores mejor servidos y mejor atendidos por los políticos españoles, por los ayuntamientos y demás estamentos públicos españoles que los dueños de las grandes superficies comerciales o supermercados, aunque ninguno hable español.

Pero es que España, aquella España imperial que pudo, simplemente por lógica, seguir los consejos, por ejemplo, del aragonés conde de Aranda y hacer sin esfuerzo ni conflicto alguno el reino del Perú, el reino de Méjico, el reino de la Nueva Granada, y si hacía falta alguno más, supuesto que infantes pura sangre o ayudados a concebir, eso sí, santamente y por hacer un favor a la Corona, no faltaban, a todas todas se debieron de constituir, y el rey de España ser emperador de todo.

De ese modo político de administrar el imperio, que conllevaba muchas más cosas buenas que malas, tenía el grave inconveniente que era hacer las cosas bien; y hacerlo bien en España es la verdadera utopía, excepto cuando tiene que tirarse piedras sobre su tejado, caso de ayuda a los USA a su independencia, que entonces España se dejó los pelos en la gatera, y no tuvo inconveniente alguno en poner a todos sus súbditos en graves peligros por la mar y por los puertos, con tal de sacar su “barriga de potencia imperial”.

La “piedra” que se tiró en su tejado España desde que se firmó en París en 1785 la independencia de los USA –se dejó contrarrestar lo que se firmó en París gracias a España, sus recursos y su indiscutible ayuda, para que USA, corriendo el año de 1785, se alzara como república independiente– es la misma que nos estamos tirando ahora cuando, después de muchos esfuerzos, por el arte de birlibirloque, sin que nadie sepa bien realmente quién es Europa, y solo se sepa que hay un eje económico franco-alemán que va, como fueron los USA, a lo suyo, desde España se le tiene un miedo aparente reverencial, menos a la hora de repartir con ellos las granujerías del dinero.

Y así hemos asistido impasibles a la destrucción de nuestros recursos en agricultura, que es de lo que se come. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

17 may. 2017

  • 17.5.17
Primero será necesario considerar que, como muchos hechos históricos que tenemos anotados como verídicos, no pasan de ser meras suposiciones que crean escuela y partidarios de ellos y, a lo mejor, con más vehemencia en aquellos hechos imaginados que en aquellos otros que fueron reales. Por eso hay que barajarlo todo, por tanto, con cuidado, y sacar particulares conclusiones.



Los griegos, ese pueblo de gente inquieta que vivían sobre un territorio bastante roñoso a la hora de otorgarles los mantenimientos necesarios para el día día, dice la suposición y el mundo de la fábula o la mitología que un tal Jasón –que adquirió fama gracias al cine muchísimos años posteriores– se fue con algunos de los suyos camino de la mar, costeando. Y por el rumbo siempre del levante llegó hasta el tope de las costas orientales del Mar Negro, el mar Ponto, extremo máximo oriental de su viaje marítimo.

Allí, rodeando las riberas del mar del Ponto, vivían variados grupos de gentes, entre los cuales, donde hoy se asientan los ucranianos actuales, campeaban los escitas, un pueblo al que como todos los pueblos expertos y poderosos en cabalgar, se le atribuye el invento de la silla de montar y el estribo de los caballos, además de otras particularidades hogareñas.

La presencia del cinematográfico Jasón por aquellas tierras orientales a los griegos, y aquel afamado y mítico puñado de lana de borrego o borrega virginal –que se denominó El Vellocino de Oro y que parían cuando querían a modo de lotería las ovejas en aquellas tierra orientales– fue el resorte impulsor, junto con el hambre y la pura necesidad, de buscar nuevos establecimientos que facilitaron el que los griegos que podían se marchaban desde Dardanelos, mar de Mármara, canal del Bósforo adelante, hasta salir a las aguas libres del Mar Negro o mar del Ponto.

En la actual república caucásica de Georgia, cuyas tierras occidentales las baña las aguas del Mar Negro, se encuentra a ese lado de la mar la región de Cólquide o Cólcica, donde en vez de la gallina de los huevos de oro, la mitología manifiesta que estaban pastando las borreguitas que parían las crías con la lanita de oro puro.

Pero como todo eso es leyenda, lo que sí es una realidad desinteresada y más que confirmada es que allí, en la citada caucásica Georgia, existió un reino que se llamo Iberia, que ocupaba la parte oriental de la citada república de Georgia actual. Y las tierras del reino Ibérico probablemente tenían salida marinera al cercano Mar Caspio.

Fuera de toda mitología, históricamente hay constancia de que los griegos fueron y vinieron siete siglos antes del año cero de la cuenta vaticana del tiempo, desde aquellas tierras orientales del mar Negro a las suyas mediterráneas. Y entre los que se quedaron a vivir o a comerciar por allí, las geografías de los lugares –como es lógico y obvioc se las aprendieron y las llevaron y las trajeron juntos con ellos.

Volviendo al campo de la mitología, a las mujeres denominadas Amazonas solo les gustaba usar como reproductores a los hombres escitas. Y a saber si lo de estar "excitado" no procede de aquellos mozos escitas, que si excitaban en monopolio a las amazonas, tampoco les iban a hacer ascos las morenas griegas, por cierto, muchos más adelantadas socialmente a como las tiene en la actualidad el cristianismo vaticano de subyugadas y discriminadas, pero contentas aunque no pasen de suboficiales.

El mito de las Amazonas, que tiene una parte de verdad histórica constatada de mujeres guerreras que campearon dominando a los hombres por aquellas tierras orientales, tuvieron una movilidad hacia occidente, hacia nuestros lugares, todavía incompleto en su estudio y conocimiento.

Pero sí sabemos que los navegantes primeros y exploradores que corretearon por Las Indias llevaron muy presentes a las Amazonas en sus imaginaciones y fantasías. Y la inmensa mayoría de esos exploradores eran gente nacida y criada en Hispania.

Si los griegos fueron como la madre del vino en nuestra civilización ibérica, de nuestro lenguaje, de nuestro conocimiento, no en exclusividad pero sí en el basamento de todo. Si todos los pueblos que se alzaron después –fenicios, cartagineses, romanos, germanos, godos, alanos– cuando llegaron por nuestras costas se conocían, hasta los godos, las leyendas de la mitología griega que era como un viento constante que impulsaban las velas de los viajes, puede resultar muy casero aquello que del río Ebro, que según, se debe a Ibero, hijo del mítico Tubal, ya que ni el padre ni el hijo hicieron méritos suficientes para asociarlos a nuestra tierra, o que del prefijo griego iber- río, naciera Iberia.

Todo, porque entre otras muchas consideraciones, la visión primigenia de nuestra península, no tiene –ni tenía– ninguna correlación directa con el fluir de muchos ríos por su costa mediterránea, mientras que el paisaje georgiano y el de nuestra ibérica guarda cierta concordancia.

Por otro lado, los cuatro grandes geográfos primeros que comenzaron a escribir y describir nuestro suelo –el andaluz de Algeciras Pomponio Mela; Gayo Plinio Segundo (Plinio el Viejo); Estrabón y el egipciano Claudio Ptolomeo– cuando nombraban esta nuestra tierra, rica en hombres, en gente, en caballos, en hierro, en plomo, en cobre, en plata, en oro, en lino y en esparto (la corrupción es moderna, actual, al no ser castigada) la nombraban como Hispania, con hache. Y que se sepa, nunca escribieron Iberia, ni así ni con hache –Hiberia– como en años posteriores a la muerte de los cuatro grandes geógrafos citados se solía escribir.

Viendo el mapa que dibujó Petrús Bertius, autor del siglo XVI y parte del XVII basado en cómo se entendía el mundo conocido según el andaluz Pomponio Mela, no se encuentra nada que resulte lógico y razonable respecto a la contundencia mantenida por años de que el río Ebro sea el responsable del nombre de nuestra Península Ibérica.

Al no tener que depender de cátedra, corriente o escuela alguna, uno se puede permitir el lujo de expresar libremente sus particulares teorías que, en este caso, como en muchos, si ya los griegos conocían la existencia de un reino oriental que les dio de comer que se llamaba Iberia, no se ve razón alguna en contra de que nuestra península se llame así por correspondencia con el caucásico reino Ibérico de la actual República Democrática de Georgia.

Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

3 may. 2017

  • 3.5.17
Barrunto que para hablar de la andaluza continental americana María del Águila Boge, tengo primero que despojarme de la sana envidia que me produce el intelecto superior de persona elegida para ser la compilación de muchas cosas que muchos queremos, pero no somos capaces de vislumbrar con el color perfecto que lo hace esta gran mujer andaluza americana.



Nació María del Águila en la andaluza ciudad del Castillo del Río de la Colina, la Al-Kala Guad-el-Ira Medina andalusí, la Alcalá de Guadaria de ahora, y, muy prontico se fue por la lectura y la producción literaria que hace escuela, que crea ganas de sentir lo que tiene que sentir una persona que aparta lo monótono, la perfolla de lo diario, y nos dice cosas muy diferentes de lo que escuchamos o leemos cotidianamente.

He descubierto tarde a María del Águila, pero cuando me quiero consolar, me digo que antes que ella estaban en mi conocimiento la existencia de Gabriela Mistral, Rubén Darío, Neruda, los Machados que, junto con otros muy pocos más, llenaron mi tiempo de poesía, hasta que llegó María, y yo que íntimamente creía que quería a la que llamo mi América Morena, ella con su poesía y su hermosa prosa me ha dejado meditando por si lo mío solo es algo superficial.

María ya tenía que estar siendo estudiada, como muy poco, en las escuelas, los institutos y las universidades de habla hispana; pero está claro que España es el país clásico de lo fácil, que después se hace muy difícil y se paga gastando suela de alpargata. España quiere tener “cuatro poeta muertos” en candelero, y “va de sobrao”, poeta muerto en poeta muerto, hasta perderlo en los recovecos y los confines de los años. Por eso a muy pocos los honra en vida.

Y puede que no se honren en vida, no porque como alegan las dueñas de las orientaciones de lo que se debe o no se debe leer –todo en proporción a lo que a ellas les sea más rentable– sino porque probablemente en todo ello existe una concordancia que no se da en otro aspecto social alguno.

Las poderosas editoriales meten por los ojos o sacan de sus exposiciones los poetas o autores que quieren, y el pueblo, la gente, como siempre, está en un constante estado de urgencia respecto a no complicarse la vida, no entra en análisis y se alinea con la moda o abundante sugerencia. Y en descarga a dicha orientación popular, como todo está preparado, viene aquello de "la gente no es tonta", "si una cosa no tiene valor, no la lee…". Pues mismico lo que está pasando.

Porque decir que la envidia es la moneda de curso legal con más valor intrínseco en esta España de valores muertos –porque lo vivo puede no ser dócil– da mucho miedo a los que hasta en eso quieren controlarlo todo y lo han conseguido.

Una mujer andaluza, española, que sale de aquella España del 1967 cuando todavía las mujeres tenían que llevar velo y manga larga para no alterar el basamento de conducta de una agrupación humana –quizá la más machista que existe–, que se marcha a vivir y a estudiar a Suiza, Italia y Francia, y comienza a colaborar en las publicaciones “nacionales” españolas de la época.

Una mujer que cruza la Mar Océana para dirigir la cultura de habla española en un territorio, como es el gringo, que avejenta hasta en la apariencia y enrobina todo lo que huele a español y, encima, triunfar allí en territorio siempre hostil por la brutalidad de su egocentrismo, se merece un gran reconocimiento de las instituciones españolas. Pero claro, estamos en España. Y en España, las cosas empiezan a valer cuando el creador está muerto y ya no puede revolverse sobre los abundantes desmanes.

Gracias a Internet he podido conocer parte de la emocionante obra de María del Águila Boge. Tengo algunas de sus obras en mi mesilla de noche para dosificármelas del mismo modo y manera a como me dosifico a los grandes que enumeré arriba y algunos pocos más.

He tenido la inmensa suerte de conocerla viva, escribiendo y opinando. Y cuando dice "solo me queda el Mar y me conformo. Porque el Mar, a pesar de su prepóstera amenaza, nunca me haría daño…”, desde aquí le lanzo la advertencia de que el mar es de los dos, el mar del mar, de la mar de adentro, que siempre entiendo como de mi propiedad, el que nunca hará daño a quien no se lo haga, caso de esta mujer española, andaluza.

María del Águila Boge es una excelente ingeniera de Caminos que construye los puentes necesarios para que no se nos olvide, a pesar de la envidia y los intereses, que tenemos una lengua española que ya ha constituido el imperio verdadero: el de la cultura común entre Indoespaña y España, a pesar de los estamentos españoles al respecto para su cuido y protección. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

26 abr. 2017

  • 26.4.17
A la pregunta de cómo había salido el paciente de la intervención quirúrgica, el cirujano no dudó en decirles a los familiares aquello de "se ha muerto, pero ha sido una operación muy vistosa y de mucho éxito". Eso mismo nos lo están diciendo ya de continuo respecto al poder adquisitivo y la expectativa de calidad de vida de casi ya dos generaciones prácticamente, si a cada generación le damos un intervalo de tiempo de veinticinco años.



Estamos ante unos años, prácticamente las dos generaciones gastadas, donde en España, la vuelta hacia situaciones sociales de pura miseria, de esclavitud laboral, de desprecio del patrón por el mundo del trabajo, es una realidad palpable que está ahí, que no se dio ni después de las guerras, supuesto que cuando terminaran las diversiones que son las guerras para muchos, las generaciones supervivientes fueron a más en el bienestar inversamente proporcional a la cantidad de religión cristiana a la que estaban sometidos.

Puede que sea también la primera vez en la historia de esta Península que cuando vienen los suramericanos de sus repúblicas de infiernos en vida, donde el gringo y sus latigueros las han convertido en basureros carentes de todo respeto por la vida y la dignidad, y todavía manifiestan que España es un paraíso con esa calificación totalmente superficial de los muchos mandamases españoles que están en la larga lista de espera de ser trincados por las justicias y que se animan a seguir con sus desmanes porque ven que queda margen.

Pero la realidad es que una manada de incompetentes fatuos, a los que nada más les gusta hablar para escucharse, que todo su afán se centra en la pura apariencia en la vestidura y el estar, juntamente con un pueblo que se ha dejado que lo hagan inculto y cómodo viviendo en su incultura y despreocupación social, ha dado ya como resultado que nuestros hijos y nietos no van a vivir, ni por asomo, con la capacidad de libertad y con el poder monetario y calidad de servicios públicos que se gestaron cuando, a pesar de la misma o mayor presencia que en la actualidad, que la misma o mayor injerencia del clero en la sociedad civil, intentaron llevar a España a ese huerto donde ahora se rasca sus pulgas al estilo caballar: dando coces, sin saber dónde le pica a la gente, porque le falta cultura para averiguarlo.

Como es del todo lógico, a aquellos familiares del enfermo citado que murió en el fragor de una exitosa operación quirúrgica le importaron tres carajos y medio el éxito o no de la intervención y, el comentario debería de habérselo callado el cirujano.

Pues en la misma senda imbécil de dicho cirujano camina la estupidez de unos dirigentes políticos españoles, de unos estamentos, de un pueblo, palacio por palacio, funcionario por funcionario, ama de casa por ama de casa, trabajador por trabajador, que ya, sin entrar a si van a tener o no pensión de vejez, cosa que le importa tres leches frescas al mando patrio, el hecho de que los patrimonios recibidos en herencia, en una inmensa mayoría, los herederos no los van a poder mantener por la sencilla razón de que dos generaciones de españoles se han perdido porque se habían creído que los sueldos y los horarios buenos son los que fijan los patronos, avalados por los comentarios favorables de los tertulianos de la tele.

Y puede que lo peor del caso es que la tercera generación que acaba de dejar la chupeta por las litronas y el postureo, la que dice que la política es cosa de abuelos carcas, están convencidos de que el mejor lugar donde se pueden fijar los convenios colectivos es esperar la opinión al respecto de los centros comerciales y sus variadas ofertas, bien de primavera o de invierno.

Todo ha estado muy cómodo y muy bonito. Lo normal es que te encuentres con gente tan sumamente irresponsable como para que te digan: “A mí la política no me gusta, no me interesa; que mande el que quiera; total, da lo mismo, todos son iguales…”. ¡Pues toma igualdad, amigo!

España, la España de la despreocupación y a la que no le interesa la política, ni tiene trabajo, está desorientada, y en un porcentaje muy elevado de los que marchan al extranjero a buscarlo vuelven, casi los mismos que se han ido, con el rabo entre las piernas disconformes con unas formas de vida que no son las suyas y el aburrimiento de vida se los come. La cosa es mucho más triste de la triste realidad que intentamos reflejar, sabiendo que a la gente estas cosas ni las lee ni les preocupa.

No hace muchos días atrás, decía una mujer en el autobús: “Yo prefiero votarle y que gobiernen los “míos” aunque roben...”. Imprudentemente no pude contenerme y le respondí, dado que la señora lo dijo en voz alta buscando la aprobación de su sagacidad entre los presentes: “Señora, no se sí se habrá percatado, pero los suyos siguen fregando escaleras y todavía no han alcanzado ni un poquico de poder”. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

19 abr. 2017

  • 19.4.17
Aquel afamado andaluz chiclanero culpable de más de un suspenso en Bachillerato cuando preguntaban por su verdadero nombre, Juan Álvarez Méndez –en vez del apellido vasco Mendizábal, que se puso para dar más respeto social a su aparente desmantelamiento de bienes clericales–, fue el artífice de lo que en esta España de palabrejas raras para distorsionar los contenidos se llamó Desamortización de Mendizábal, como si realmente todos los bienes en poder de las manos muertas clericales se hubiesen quedado legalmente dispuestos para la venta y controlados por el Estado.



La citada desamortización que llevó encubierto el nombre del chiclanero Juan solo fue un amago social; apenas fue el vuelo de una pelufa de caña en el huerto patrio, porque se puso en marcha la siempre bien engrasada maquinaria eclesial, y lo que se quitó el clero de encima fue aquello que le interesó quitarse, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.

Los bienes que se “quitó” el clero de encima fueron del mismo corte y estilo de los que se están “quitando” ahora los bancos, que se están poniendo a “régimen de adelgazamiento de personal”, del poco que les queda, guardando la línea de sus panzas a reventar de dinero público hasta que les salgan las perras por las orejas, subvencionadas del modo más cómodo que nunca.

Como el que no se consuela es porque no quiere, uno lo hace pensando que Andalucía nos hizo imperio y país, nos lo dio o nos lo ganamos entre todos, y después vinieron los poderosos sociatas andaluces encabezados por González barriendo con escoba propiedad del sistema especulador español y, dejando en mantillas aquel amago del chiclanero Álvarez Méndez –Mendizábal para el cuento–, desmantelaron España entera, sin desamortizar aquellos bienes públicos que era necesario desamortizarlos, de las propiedades que se habían forjado con el sudor del pueblo, a un nivel de robo tan sumamente colosal que, en su inmenso volumen, parece mentira que nunca se hable de ello, y estén circulando por la calle libremente sus causantes y ladrones siendo, además, aplaudidos.

Mendizábal, en unos años donde no existían las cámaras de los móviles ni las de televisión, por si un caso, se cambió el apellido no fuera a darle ajo perete algún exaltado de entonces porque vendiera, y estuvo todo consensuado, algunas piedras sagradas a algún noble de los que entonces tenían en monopolio de exclusividad el dinero español.

Pero aquí, acá en España, los González y los Aznares, tanto monta monta tanto con sus respectivos equipos salvadores patrios por detrás, pelearon y se lo ¿regalaron a sus amichis? Astilleros, bancos, cajas de ahorros, Telefónica, navieras, acerías, compañía aéreas, universidades, ejidos, hospitales, latifundios, y un larguísimo etcétera, y falta por ver que alguien los haya llevado a la puerta de un juzgado o hayan tenido que cambiarse el apellido.

Los estudiantes del Bachillerato futuro probablemente no profundicen en nada del pasado, y tal como va el asunto de cargado y de interés por la ciencia, se vuelva a lo que realmente nos puede interesar que es ver si de una vez podemos fijar con el brillo y el esplendor que se merece si a los siete días, una vez que se terminó de hacer el mundo, realmente el Creador descansó, o todo es una farsa de Venezuela para que la gente descanse los domingos y se vaya de compra a los mercadillos.

Algo tan monstruoso, un desvalijamiento, aparte de brutalmente inmoral y de robo en gran escala, incluso ilegal porque no hubo desamortización jurídica de la gran mayoría del patrimonio público colectivo español, hasta ahora que tímidamente va aflorando en algunos teclados, es algo que por su volumen de robo produce incredulidad y horror, porque entra en un campo de difícil comprensión que todo un entramado de los dos partidos mayoritarios, Pepé, Pesoe, con algunos miembros de Izquierda Unida, y de los sindicatos al completo, junto a la organización llamada patronal, se quedaran desinformando al pueblo que aquellos patrimonios que pasaban a las bolsas particulares de las personas que designaba el sistema eran por imperativo legal y porque eran una ruina al completo tenerlos en la propiedad el pueblo. Como si de pronto a nuestros mandos les hubiera dado una tremenda preocupación por el estado de los bolsillos del pueblo.

La curia vaticana, en su día, cuando la posesión extremada de propiedades del clero mientras el pueblo se moría de hambre, ejerció en muchas fincas el efecto llamado de las manos muertas y todavía protegió con la excomunión la posible presencia de algún marqués, conde, duque o terrateniente estraperlista en la puja por un bien de los que habían “heredado” los clérigos de sus abuelos.

Y nadie osó comprar nada que la Iglesia no quiso que se vendiera. Y aquí, para el desvalijamiento del patrimonio español sin desamortizarlo, todo el llamado sistema a una tocó a rebato del silencio y de la desinformación más monstruosa que en asunto de dinero haya registrado la historia.

Vivos y presumiendo de señores los unos, de padres y madres patrios los otros, pasean por la cornisa hispana siendo la flor y nata de los impositores de los paraísos fiscales, y siguen llenando de mentiras un país que perdió su clase media y que se ha quedado en una medianía en todo, menos en babosear. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

12 abr. 2017

  • 12.4.17
Todos nosotros –españoles, andaluces– nos llevamos la peor parte en la fanfarronería de unos gringos que no están precisamente por la labor de la paz en el mundo, y que viendo que el asunto de las nueces y los guisantes impuestos a nivel de compras de obligado cumplimiento no genera los dividendos rápidos y eficaces de un misil, necesitan de países de la tipología de España para parasitarlo.



Y si este país salta hecho pedazos por causa y culpa de ellos y la ñoñería y blandura nacional española del tipo de criada a sueldo sin derecho ni a paseo por el parque, son daños colaterales que genera una base, la de Rota, un avispero, un zulo armamentístico, desconocido, totalmente descontrolado para España y Europa.

De nunca me tragué el asunto de que los gringos sean aliados nuestros. De nunca me tragué aquello de que salvaron del nazismo a Europa, porque en la medida que vamos avanzando en el conocimiento de lo que realmente pasó en aquellos desastres que fueron la Primera y la Segunda Guerra Mundial, las cosas llevan otro orden muy diferente al que una propaganda machacona ha querido dejar anotada para la crónica nacional cristiana, que con tanta habilidad controlan ellos, aunque sean de mayoría cristiana protestante, pero que se llevan a partir un piñón con el Vaticano.

España, ni la de ahora ni la franquista, nunca ha estado al mismo nivel, ni guardando las distancias con los USA. Los USA, desde el minuto cero, y eso que deben su independencia en gran medida a la inteligente diplomacia exterior española de toda la vida, han tratado a España, y lo siguen haciendo, como trata nuestra sociedad a un mendigo que está pidiendo en la puerta de una iglesia.

Si España se pegó la panzá de hambre que se pegó por su mala cabeza, guerra civil para un aparte por el momento, no es para que después te vengan a decir que se nos acaban todos los problemas con la amistad gringa. Y, en realidad, lo que nos costaba una unidad, ellos nos lo cobran siempre, como muy poco, al doble, y, encima, propaganda y publicidad propia dejada de lado, había que sacar bandericas de bienvenida a una nación que desde que erigió como tal lo único que ha hecho y está haciendo es joder abiertamente a España y retrasarla con cargas militares y de armamento monstruoso, con los códigos de barras caducados, sabiendo los gringos de antemano que en España el elemento natural que más abunda, por encima de la calcita, es el elemento corrupto.

La base naval o de lo que sea de Rota, un lugar que estremece cuando uno piensa lo que puede haber allí dentro mientras nuestras políticos de siempre han presumido de jugarse hasta los calzoncillos si hace falta por mantener integra al completo la soberanía nacional, parece un chiste, huele todo a chiste de mal gusto, cuando te dicen que Rota es un renglón aparte; que no, que la soberanía española no está mancillada con lo de Rota, sino todo lo contrario, potenciada en igualdad de países soberanos.

Rota, dicen, es una colmena de rica miel donde los inteligentes y patrios diplomáticos y políticos españoles han jugado con mucha inteligencia, y han ganado, como siempre, al imperio gringo. Y si los tenemos allí en Andalucía es porque les sacamos económicamente las mantecas. Y gracias a su inculta brutalidad infantil los estamos pelando a dólares. Y el que no se lo crea, da igual.

La única experiencia personal que tengo sobre Rota y lo que pesa España y un español dentro de la base, fue hace años, en medio de otro conflicto de esos que cada trimestre tienen que organizar los gringos para reponer su armamento que se lo pagamos entre todos, porque su segunda mano armamentística nos cuesta más que si fuera nueva de trinca y hay que comprarla en virtud del tremendo grado de amistad que une a ambos países.

Puede que haya sido en la base naval de Rota y la ciudad de Argel en plena guerra contra Francia, en los dos únicos lugares de los que visité como miembro de una tripulación, en los que en las dos ocasiones fui humillado. Y si en Argel el revólver que nos apuntaba a mi compañero y a mí tenía mucho poder de convicción para fijar leyes y reglamentos internacionales por los que la autoridad, como tal vestía, nos peló de dinero, tabaco y reloj, en Rota, en territorio español según dicen, que solo se lo tenemos alquilado a los yanquis, a otro compañero y a mi persona, pese a figurar en un puñado de listas de tripulantes del buque tanque en el que habíamos llegado a suministrar combustible a la base, porque desconocíamos las reglas de la base en lo relativo a caminar de noche, nos tuvieron detenidos hasta que amaneció porque decía uno de aquellos “aliados” que nos habíamos metido en territorio yanqui sin permiso de ellos.

No se si guardarán por escrito todo lo que manifesté en aquella noche. Pero particularidades aparte, la base naval de Rota es una vergüenza para España, y en la misma intensidad para Europa, porque solo los gringos, y no todos, saben el tipo de arsenal que se guarda allí, para emplearlo contra países que pueden ser amigos de verdad nuestros que amen la paz. Y no como ellos que viven y dependen de tener guerras abiertas contra todo y todos. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

5 abr. 2017

  • 5.4.17
Hubo un tiempo en el que a todos los pastores de prácticamente todos los pueblos, se les aparecía una virgen y, con motivo de tal acontecimiento, se erigía en el lugar de la aparición, por lo general un lugar alto, ventilado y soleado, una ermita o una iglesia de las dimensiones que, por normalmente siempre ha sobrepasado la casa del cacique del pueblo, eso sí, a costa de los pecheros, piedra y sudor y poco pienso para los borricos.



Aquel tiempo fue posterior inmediato a que el cristianismo trinitario vaticano tomara fuerza y fuelle en la Ibérica, y no quisiera oír ni palabras que empezaran por el prefijo "al-", porque les recordaba a su peor enemigo, el islam que, según, después de setecientos años de cruenta lucha, consiguieron echarlo del suelo Ibérico, menos de Gibraltar, que no interesaba a nadie.

Hubo un tiempo que, a nivel de papeles, allá por la centena del siglo XVIII, algunos países, que sintieron lo abyecto, lo demencialmente brutal e inhumano de la esclavitud, comenzaron a legislar para detener el tráfico y el comercio y, posteriormente la esclavitud en sí y que todos los esclavos quedaran en libertad.

Existe en la crónica una pugna de moralina en la que siempre, como suele acontecer, ganan los poderosos, los que tienen más poder de difusión de la información, y se quieren llevar el gato al agua de que ellos fueron los primeros en abolir tan aberrante legislación basada en conservadurismo que suelen proclamar y defender todas las religiones generalmente, porque todas son conservadoras, pero ninguna tiene a sus miembros de carnet y sueldo metidos en las galerías de las minas o agachados bajo un sol infernal segando bancales de cereales por la comida prácticamente; o subidos a los andamios, o haciendo las mil faenas del campo, que suelen tener como premio que, cuando más tranquilo estás en tu trabajo, te envían a una guerra de la que no tenías ni idea.

México, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, España... son repúblicas y reinos que recogen con verdadero orgullo las páginas de la Historia y te dicen que Morelos, que la Revolución, que el Rey, que los confederados, que las Cortes de Cádiz, que, que, que…

Pero, en la más triste realidad, todo lo que legislaron lo hicieron sobre papel mojado, lo que no dejó de ser un paso positivo, especialmente el prohibir el tráfico comercial de esclavos, para fastidiar a las naves esclavistas portuguesas y dejarlas en el paro porque estaban cogiendo mucho copete monopolista comercial; pero muy poco o casi nada, en lo efectivo de hacer a los esclavos completamente seres, personas, libres.

Cualquiera de las repúblicas y reinos a los que hemos hecho referencia, analizados en su actualidad más reciente, en su día a día actual, ni han abolido la esclavitud en la realidad de sus sociedades, ni tampoco lo han hecho en los territorios que ejercen todavía el control. Y todo sigue prácticamente igual: llenos de esclavos sin necesidad de gastarse un centavo en grilletes y cadenas, pero no por eso gozan de libertad cuando son requeridos por sus amos para cualquier tipo de faenas.

Con mucha menos parafernalia, con menos difusión, la actividad que tuvo en lo referente a acabar de golpe con la esclavitud, solo históricamente se puede ver a nivel de realidad y de papeles, porque conllevó junto a lucha mejor luchada contra la esclavitud, y la más vencedora contra el racismo, en el grito de Yara, en el Bayamo, en la zona oriental del territorio cubano, donde un grupo de gente, capitaneados en aquel inicio por descendientes de andaluces principalmente, establecieron el final y la libertar de los esclavos, al tiempo que una vez libres hicieron papeles de consideración social para que mediante la igualdad en las faenas, el racismo comenzara con energía a abolirse.

Cuando uno araña en las raíces, en los orígenes de aquellos revolucionarios cubanos que fueron los primeros con efectividad de abolir la esclavitud en Cuba, república donde actualmente no existe la esclavitud, se encuentra con la grata sorpresa de que las gentes, los intervinientes en tan emotivos y decisivos actos, eran gentes cuyos padres y abuelos, muchos de ellos vivos y conservando su acento andaluz todavía, con apellidos como Luque, Céspedes o Aguilar, se siente admiración hacia aquella gente que siendo dueños en su mayoría de haciendas con esclavos, no dudaron en ponerlos en libertad sin recibir orden celestial al respecto.

Y escribimos lo de "orden celestial" porque no deja de tener su miga y su curiosidad que así como en las distintas apariciones de vírgenes a los pastores siempre los han amonestado con la abundancia de pecados, aunque no soy experto en el tema, no tengo conocimiento de que ninguna aparición celeste hiciera especial hincapié en que uno de los grandes horrores de la sociedad como era y es la esclavitud, se aboliera de un modo efectivo a como lo hicieron gente andaluza de la Campiña cordobesa y sevillana de Osuna. Y otros lugares insulares, como Canarias. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

29 mar. 2017

  • 29.3.17
Cuando un servidor formaba parte de una tripulación de buque, algo emotivo que me va a acompañar hasta el final de mis días, recuerdo que en más de una cámara de barco, en aquellas largas, intensas y emotivas charlas y disputas que constituían el día a día de las navegaciones a la hora de la comida o de la cena, siempre nos poníamos todos conformes y de acuerdo cuando alguno expresaba que en el supuesto caso de tener un naufragio, que éste aconteciera en cualquier país menos en España, y no por vergüenza precisamente.



En los puertos españoles no se puede dejar en el olvido que están dirigidos por una “santa hermandad” que ha hecho un señorial coto cerrado desde que pasaron de ser Junta de Obras a Autoridad Portuaria de corbata o pelo rubio tintado de peluquería, y tienen que pagar, o están intentado pagar con sudor obrero, el canon de exclusividad de goce y disfrute por parte de la citada santa hermandad de un saco económico abierto, que ya lo hubiese querido para sí El Gran Capitán, aquel gran contable español.

Esa exclusividad de gozo y disfrute descansa en las manos y obediencia hacia arriba de un colectivo de una de las muchas “ingenierías de mesa de despacho” españolas, que muchos de su miembros se van a la jubilación sin actividad técnica alguna, y solo firmando albaranes y controlando horas extras.

Los puertos españoles son, por el arte de birlo y birloque, de titularidad del Estado; pero sería de necesidad que fueran administrados para lo bueno y para lo malo por la localidad en la cual están ubicados. Y así, Algeciras, por citar un ejemplo, el puerto de más tráfico en toneladas de mercancía de toda la Península, debería de ser gestionado por la autoridad democrática más inmediata, que para este caso y ejemplo sería el Ayuntamiento.

A los ayuntamientos ya los conocemos, sabemos de su manga por hombro; pero también sabemos que más tarde o más temprano nos enteramos de sus barrabasadas y, en algunos, y concretamente algunos, han pagado por su ligereza de garras. Pero la oscuridad que existe en las maquilladas cuentas de las autoridades portuarias españolas es algo que nos recuerda a las antiguas y difuntas Cajas de Ahorro.

El hecho de que a los armadores tanto españoles como extranjeros se les abran las carnes cuando tienen que enviar sus buques a los puertos españoles no es por culpa, precisamente, de los obreros portuarios, sino por sus “enemigos” portuarios: la sociedad constituida por asesores y altos cargos de mesas llenas, grandes viajes, grandes dietas, y muchas horas de asueto con la lima afilándose las uñas.

El barco es un vehículo que siempre lleva prisa y no entiende de fechas en el calendario. Y aunque la “autoridad portuaria” para eso está bien organizada y siempre llega a tiempo para el cobro de sus “trabucazos” por nada, en los medios cómplices de su digestión siempre sale a relucir que sus langostinos, su cohorte de asesores, estilo dicho de las difuntas Cajas de Ahorro, tragando con aquella eficiencia en el tragar, no son los causantes de que los armadores extranjeros y españoles sueñen con unos puertos con tarifas y servicios tal y como rigen en países de nuestro entorno.

Como aquí seguimos sabiendo e informando de la fecha de cuando se celebró la batalla de Trafalgar, pero no sabemos los motivos ni por qué se realizó tal batalla, ni qué país hundió más barcos, ahora, los trompeteros para la ocasión de los puertos españoles, están olvidando, por interés económico de subvención, claro está, como pasó con las Cajas de Ahorros, que lo que mata a los puertos españoles, lo que los hace diferentes a los demás de nuestro entorno, no son causa y motivo de que existan organizados y preparados no más allá de los que es un sindicato, nada que ver con una santa hermandad, una masa laboral portuaria dispuesta a atender las operaciones de los buques.

Pero atender a los buques por el lado de los obreros portuarios, no al estilo que imperaba no hace tantos años cuando los sacos se cargaban por un lado con plumas de grúa, y por otro al ritmo de tambor, verdaderos esclavos con sacos de sesenta o cien kilos a las espalda subiendo por la plancha hasta las bodegas.

En esa vuelta a esa esclavitud de cargar y descargar los barcos ahora con los pesadísimos y complicados contenedores, quiere la “santa hermandad portuaria” por encargo de los que protegen su monopolio de autoridad con asesores varios y plurales, que vuelva todo, mientras cuentan tristes milongas camperas al mismo estilo que cuando las Cajas de Ahorro cayeron en las manos de los sindicatos y partidos políticos irresponsables, y el dinero se lo repartieron tranquilamente entre ellos en la pura creencia de que todo aquello era herencia del abuelo y el dinero suyo.

Los puertos españoles suelen ser de los más caros del mundo y donde más gente enchufada como asesores se sientan en mesa bien dotada mirando siempre, desde que se sientan, a ver cómo pueden quitarle dignidad y jornal a los trabajadores portuarios, para que, al mismo estilo de las Cajas de Ahorro, quede más para ellos y sus métodos que todos, por desgracia, sabemos a dónde llevan a las instituciones.

El problema donde radica es que los medios, la comunicación, inconsecuente y cómplices, juegan en favor de los asesores y la “autoridad portuaria”, como ayer e incluso todavía, defiende a los que se comieron sin necesidad de bicarbonato para la digestión empresas tan sumamente rentables como eran las populares Cajas de Ahorro. Ahora se quieren comer los puertos españoles, precisamente por el lado bueno, y dejar lo malo. Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

22 mar. 2017

  • 22.3.17
No, no siempre fue así que los políticos españoles –me refiero a los de sueldo y jornal fijo no dependiente de la carestía de vida, no a los que se lo suben lo que les da la democrática gana– en otros tiempos no muy lejanos pudieron, porque las procesiones no eran ni por asomo los fatuos desfiles que son ahora, ir vestidos de domingo desfilando por mojar y sopar en todos los platos.



La radiografía de una sociedad, los cimientos de una localidad, de un país entero, se puede sacar simplemente analizando el orden de importancia y los componentes que formaban parte en épocas en las procesiones que antes de ser desfiles, paseaban, como ahora, santos de palo o cerámica por las calles de nuestras ciudades.

En la hermosa ciudad de Granada, para su procesión del corpus, en el orden que pasaban los pendones gremiales, se asentaba socialmente qué gremios eran más importantes para la ciudad, según estimaciones del momento y años.

En primer lugar circulaba el gremio de los armeros y cuchilleros, seguidos de los sederos y los sastres; luego de los pelaires cardadores de paños, carpinteros, albañiles, tejedores de paños y lienzos, zapateros, chapineros, curtidores, pellejeros, corredores de bestias, herradores, herreros, cordoneros, alpargateros, hortelanos, taberneros y mesoneros, especieros y tintoreros, tenderos, olleros, zurradores y roperos...

Pero he aquí que te podías quedar esperando todo el tiempo que quisieras y no pasaba ningún gremio relacionado con las letras y la cultura, no porque no existieran las ganas, aunque fuera a nivel individual de algunas particularidades por aprender, sino porque la sociedad, tal y como se estaba constituyendo, entendía que en la ignorancia por fuera de las artes de un oficio manual, no había cabida.

Y si dejamos que esto pasó y se quedó en aquel Medievo de temores y supersticiones, la cosa no pasaría a mayores; pero no fue así, y son en extremo breves los años transcurridos desde que el analfabetismos más cruel y deshonroso se ha conseguido erradicar en lo que respecta a saber leer y escribir con más o menos dificultad o ligereza y soltura.

Pero, para que seamos pueblo con criterio, con raciocinio de gentes que disponemos y mandamos en el cotarro social, se necesita mucho más que todo eso tan elemental; mientras que solo necesitamos sentarnos y ver pasar una procesión para que estemos delante del verdadero estar social de un país que se llama España.

Aquellas exhibiciones de antaño, de pugna entre los diferentes gremios laborales para demostrar cual tenía más poder económico o desfilaba con mayor esplendor y boato, que con buen criterio el rey republicano don Carlos III acabó con los privilegios de los dichos gremios, no forman parte de ninguna tradición española ni son un ápice o un pequeño pellizco de la cultura española, si queremos entender como cultura lo que hace un pavo real cuando abre la cola y eleva las alas para que lo vean bien las hembras.

Los alardes, los torneos, el juego de cañas, el lance de toros, el paseo de mozas y mozos por las alamedas o los lugares adecuados para una mejor exhibición y conocimiento, las procesiones, los desfiles carnavalescos y un determinado número de actos gregarios locales en los cuales las gentes hacen ocupación y entretenimiento, no tienen, porque carecen de ello, otra cosa que tener ese mero y puro carácter de entrenamiento, sin aportar nada a la idiosincrasia o a la cultura de un pueblo. Y, en el supuesto caso que formen parte esencial de todos sus actos, dirán muy poco en favor de la riqueza del intelecto del pueblo en cuestión.

El color púrpura, un muy rojo tirando a morado, que estaba prohibido calzar por ser símbolo tan solo de pies popales y papales, ahora resultaría, aunque no se sabe donde puede acabar la estupidez humana, algo bastante irrisorio que te castigaran por llevar un calzado de semejante color. Pues en el mismo grado de incomprensión social puede resultar que intenten decirte machaconamente que cualquier desfile de los enumerados forman parte de la cultura de un pueblo, de su forma de ser, cuando tan solo se trata de un modo de entretenimiento social y de lucimiento.

Aquella España que algunos vimos y vivimos por los años setenta despejada y decidida hacia la modernidad social, donde predominaba la dignidad y el trabajo honesto a la vuelta de la mayoría de los emigrantes, fue una España que sí que tenía que formar parte de un afán mayoritario español, que lo truncó con engaño y una mentira detrás de otra una Europa que ya habló por entonces de velocidades, y muchos años después vuelve a hablar otra vez de las mismas dos velocidades, en pleno proceso involutivo de desfiles.

Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

15 mar. 2017

  • 15.3.17
La libertad, como el hambre o las carencias, cuando mejor se percibe es cuando no se dispone de ella. Ponerte a escribir en España está resultando una especie de martirio porque al final terminas, libremente, acostándote en el catre, para bastantes, lleno de púas, pero para la mayoría aparente, se sientan y hasta se tumban tan cómodamente sobre ellas y no les afecta.



Está claro que aburre y causa hasta abatimiento tener que estar repitiendo cosas del todo socialmente negativas cuando sabemos por experiencia que la calle, la gente, las terrazas de los bares que es lo que vemos y observamos, porque por lo sitios “apretados” sociales donde te pueden poner los mocos verdes, procuramos no pasar; y, lo que se ve es lo que suele salir en la foto. Y en la foto todo aparenta más que normalidad y una felicidad social plena de todo empleo digno y suficiente.

En el silencio de las quebradas, que diría el verseador, donde duermen las huellas –en nuestro caso los huesos– de nuestros abuelos, cuando se hace el intento de escucharlo, no parece que los aires que vuelan por las quebradas, sus silbos sean o espejean las mismas alegrías y satisfacciones que se reflejan en las terrazas de las cafeterías.

Ahora bien, la tremenda pregunta, la desgarradora duda, puede que descanse si en la seguridad de la vida económica de una persona descansa la felicidad, pues todos queremos conocer la mala leche imperante, el aburrimiento, que suele acompañar el puesto fijo, funcionarial por ejemplo para ser más fijo, en el que la sonrisa ni existe ni ha existido a lo largo de la historia, y el portazo de la ventanilla y la falta de la póliza ha sido y es el pan nuestro de nuestros aburridos fijos económicos.

Del otro lado, los que están en el otro lado laboral generan como una especie de desestabilización íntima cuando te tropiezas con la casi cotidiana y abundante gente del que hace poco que dejó atrás la cincuentena de años y deambula por la calle con aspecto normal en su vestimenta, sin signo externo alguno de angustia vital, pero que no tiene trabajo y ya está catalogado en esta sociedad como chatarra laboral para triturar en cuanto tenga el menor descuido.

Poneos, por favor, de este lado: aquí donde servidor le está dando al teclado, porque sencillamente me pierdo y no llego a comprender con claridad por qué arista o perfil tengo que lanzarme a escribir para no cansar a las gentes que tienen la amabilidad de querer distraerse de sus cosas por un momento leyendo cosas distintas a lo que ellos escriben en su cotidianidad.

Cuando llego a estas bifurcaciones de duda sobre los caminos que se deben seguir si por la infelicidad aparente y mal humor del funcionario de vida económica fija y, a lo mejor nada más, o la angustiosa infelicidad del que ya está catalogado como chatarra laboral, y como buen camarón, ha colmato todo un proceso psíquico y procede como el clásico crustáceo viejo que no se complica muscularmente y deja que la corriente lo lleve donde quiera llevarlo, es entonces cuando me viene al recuerdo una experiencia vivida que, a pesar de que han pasado años, la rememoro con mucho cariño.

El lugar era la orilla de un río del mundo que dicen que milita en la tercera división, grande, hermoso, que pese a que me jacto de conocer el nombre de muchos ríos, de aquel tan grande y caudaloso me jodió enormemente no conocer su nombre ni por casualidad.

El lugar para refrescarnos en nuestra andadura un poco era una cabaña de tablones sin ajustar, con huecos y espacios suficientes como para que cualquier serpiente o bicho sin empadronar en los deberes de obediencia al hombre no respetara aquella propiedad privada, donde recuerdo lo extraño de unas gallinas en extremo agresivas que si intentabas tocarlas ni se movían y si te descuidabas, te daban un buen picotazo.

Había en el lugar junto al río como dos o tres cabañas, donde la vida parecía estar en ebullición tanto en gente mayor y menor, como en animales domésticos muy variados a la par de aquellas gallinas agresivas, haciendo todo un conjunto urbano muy elemental pero muy atractivo para los que nos gusta contemplar lo diferente.

El idioma, el que sea, debería de ser común obligatorio en todos los mortales, porque da mucho gusto escuchar y que te escuchen en tu misma lengua, aunque algunos giros, expresiones localistas, no comprendas su significado muy bien.

Hablé largo y tendido rato con gente de varias edades, hombres y mujeres. Nadie, ni incluso entre los varios mozos que les hablé de las excelencias del mundo civilizado, demostraron interés alguno por marchar de allí. Muchas veces pienso que la felicidad terrenal puede ser un lugar como aquel bajo un clima amable, en una tierra amable.

Experimenté junto a una de esas ramblas secas, ardientes, de mi tierra seca, algo parecido en un grupo de casas aisladas entre piteras y chumberas, mientras trataba de platicar con los silencios que reinan en las quebradas. Poca gente viviendo, poca sensación de vida aunque algunas puertas estaban abiertas. Todos para todos no se hablaban, estaban, por largos años, peleados.

No creo que los ancestros caminen contentos por quebradas semejantes españolas que, paradójicamente, disfrutan de un cielo azul de vértigo. Una zona es lo logrado, lo alcanzado; la otra no tiene nada, salvo un río de cosas.

Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

8 mar. 2017

  • 8.3.17
Llamó con el apodo de Manana a la que después sería su mujer, a doña Bernarda Toro Pelegrín, cuando la vio por la loma la primera vez caminando y hablando con su acertado gracejo cubano. El serio y respetable general Máximo Gómez la bautizó con el bonito apodo de Manana, que significa algo tan complejo, completo y vital como "música".



Carnaval y música. Carnaval y desfile carnal adulterado. Al final se va conociendo que todos los productos sucedáneos son mucho más peligrosos y nocivos para la salud y el intelecto que los originales. Y, aunque haya costado lo suyo poder decir sin que te lleven al paredón a fusilarte que un buen pedazo de tocino natural es mucho más sano que cualquier grasa compleja artificial –siempre, claro está que se use con moderación, porque uno se puede morir hasta precisamente por un exceso de vida: vejez–.

En el Polo Norte no se puede sacar adelante un huerto de naranjos o de olivas salvo que convierta el continente en algo que nada tiene que ver con el paisaje habitual del frío polar. El carnaval, un desfile que debería ser de algo hermoso y lascivo, se está convirtiendo, salvando donde se exhiben los originales, los que no tienen sucedáneos, en un acto que te deja un mal sabor de boca por mucho que tu nieta intervenga, o tu nieto, dando saltos parecidos a un saltamontes entre una música que, en modo alguno, llevaría a alguien tan serio y genuino como fue el general en jefe del Ejército Cubano en Armas, Máximo Gómez Báez, a bautizar a la que posteriormente sería la madre de sus cuatro hijos como Manana.

Las cosas genuinas y propias de un lugar no se pueden trasplantar y universalizar a capricho de grupo o de secta, lo que es algo, en el fondo, bueno. Y es tan bueno y cabal el hecho fundamental de la chapuza del traslado de algo genuino que cuando España ha introducido en su conducta social como estado el desprecio hacia las gentes de la calle, copiándolo de actitudes mafiosas de fuera, lo realiza, lo hace, pero le falta el arte de la realización y acabo.

Y es de suponer que hasta a los agentes beneficiados de las tales chapuzas, los Urdangarines y demás padres patrios, van a tener que arrastrar, aunque lo hagan costumbre en sus vidas y no aparente que les duela, el hecho de algo efectuado dentro de una colosal chapuza: de un desfile carnavalero que parecen saltamontes escapados de una nube que no encuentran el ritmo de su vuelo de plaga.

El poder, cuando en frente no se tiene nada, o lo que se tiene perdió el criterio y la dignidad y se ha vuelto como una masa durmiente a la que la levadura que día a día se le agrega es para que no despierte nunca más y pase al horno a realizarse, da, como las calles de localidades despejadas para que pase un triste desfile carnavalero que no es capaz de sacarte ni una sola sonrisa, y lo que es todavía mucho peor, ni un solo pensamiento pecaminoso de tipo carnal, es que la cosa es en extremo preocupante.

Aquí estoy, probablemente por primera vez en toda mi vida coincidiendo con la forma de pensar y actuar del franquismo, cuando prohibió los carnavales con excepción de aquellas localidades con soltura suficiente y gracias para realizarlos, y el resto de poblaciones y lugares, como no eran carnavaleros, no echaron ni una gotica de llanto nostálgico por tales ausencias.

El citado franquismo, sin chapuza alguna, a las claras, hacía y deshacía en el terreno legal lo que le daba la gana, sin intentar adobar sus gestos preferenciales hacia los suyos, a los que medía con su especial y particular vara de medir a cara descubierta.

Ahora, estos chapuceros que nos mangonean en el mando, amantes de lo pernicioso que son para la salud los dichos sucedáneos de los actos genuinos diferenciales, intentan, sin lograrlo, que a fuerza de repetirlo, la gente se vuelva adicta a unos desfiles carnavaleros patéticos, y a unos actos jurídicos a doble vara, donde cualquier parecido con el ordenamiento jurídico en vigor legal no tiene ninguna coincidencia.

Como consecuencia del abuso de suministrarle tanto sucedáneo a la población, las gentes vamos de sarpullido en sarpullido, de tragantón en tragantón, y la actualidad particular y partidista no nos la tragamos ni acompañada de los mejores vinos finos del lugar para darle camino y suavidad a los galillos.

Está claro, más que de sobra, que aquellos tiempos de hombría de Máximo Gómez, que a pesar de la dureza de la vida en la sierra y la manigua todavía había un pequeño espacio y tiempo para la música y apreciar lo bello, es algo de lo que ahora no podemos ni mencionar, porque se está poniendo y ha triunfado al completo el desfile carnavalesco de lo feo, lo vulgar y lo chabacano de una chapuza.

JUAN ELADIO PALMIS

1 mar. 2017

  • 1.3.17
Ocho años después de su botadura y entrada en contacto con las aguas saladas de la mar, el buque acorazado protegido con poco casco defensivo, el que llevó el nombre de Reina Regente para el día diez de marzo del año de 1895, en su viaje desde el puerto africano de Tánger hasta el cercano puerto español-andaluz de Cádiz, se lo tragó una mala mar de las que especialmente en los inviernos se suelen desatar en esa zona marítima de tan variados humores meteorológicos en un solo día.



A raíz de una reciente publicación mía en otro medio, como vivo en una zona netamente marinera y tengo bastante vinculación con la mar, son varios los marinos que me han comentado que el Reina Regente se fue al fondo de los mares simple y llanamente porque era un navío artillado de tal manera que el exceso de peso de sus cañones desestabilizaron el buque, y esa razón y no la mala mar, fue la causante de su hundimiento.

Intentado documentarme para otro asunto sobre Brasil, ese gran país del que apenas los medios de comunicación españoles, siempre al servicio imperial gringo para después morir por falta de lectores con hartura de americanadas yanquis, nada dicen y mantienen sus silencios a la misma altura del desconocido Portugal para la mayoría de nosotros, me sorprendió enormemente leer en un periódico de la época, editado en Argentina, el Correo de España, las declaraciones de un singular almirante brasileño, Custodio de Mello que, cuando lo de Cuba, según, se ofreció con algunos de sus oficiales inmediatos para ayudar al Ejército de Liberación de Cuba, en formar una fuerza naval armada cubana.

Custodio de Mello, un republicano exiliado en Uruguay y en Argentina por haber participado en una revolución interna brasileña que lo llevó a bombardear con el barco bajo su mando Río de Janeiro y Río Grande do Sul, afirma categóricamente en sus declaraciones al citado periódico de Buenos Aires que el buque acorazado protegido español Reina Regente había naufragado por causa muy probable de la falta de estabilidad del buque.

Para aquella época, y ésta para qué decir, la ingeniería naval con una perfecta fiabilidad matemática que no deja entrada a suposición alguna, puede determinar con toda claridad la posición que ocupan los dos vectores y la intensidad de sus fuerzas, el uno llamado el Centro de Carena, que determinará en el ensayo científico de la teoría del buque, el centro de gravedad del volumen del agua desplazada por la nave.

El otro vector de fuerza y su intensidad, es el Centro llamado de Empuje, que tiene que ver y mucho con la estabilidad de la nave, supuesto que con ambos valores en las manos, muy fáciles de determinar en la arquitectura naval, se pueden de inmediato, entonces y ahora, conociendo los materiales y cargas del buque, sin misterios de ninguna clase si un buque es estable o inestable, en función de las curvas de estabilidad y el valor de los brazos adrizantes.

El acorazado protegido Reina Regente en los ochos años que estuvo navegando, sin escarbar más en sus navegaciones, se sabe que estuvo en América; es decir, que cruzó la Mar Océana de una orilla a otra, trayéndose a remolque, asunto marinero no muy fácil, a una réplica de una carabela colombina.

También se sabe que estuvo en varias revistas navales como buque a exhibir porque su ingeniería de disparo, de cañones, eran obedientes al ingenio de un andaluz de Sanlúcar de Barrameda, José González Hontoria cuyos conocimientos, en un país de envidias y loas dejadas solo para la muerte, y a veces ni eso, nunca se lo perdonó la abundante España de fanfarrías de caballería.

Incidiendo en el hecho de que cualquier estudiante de Ingeniería Naval, y uno mismo de tener gana y tiempo, es capaz aún hoy en día de determinar con toda fiabilidad la estabilidad o no del buque acorazado protegido Reina Regente, en su misterio y gana de ocultación de otros intereses que sobrevuelan en el entorno de la nave, radica que en las elecciones de 1886 el presidente del Consejo de Ministros que salió elegido en las urnas, Práxedes Mateo Sagasta, subió de golpe 201 escaños, se quedó con 278, el 70,38 por ciento de los votos emitidos. Mientras que su rival, Antonio Cánovas del Castillo, conservador, por voluntad popular bajó 218 escaños y se quedó con 93.

El Reina Regente, políticamente hablando, aunque se construyó en un astillero inglés, se quería o se pretendía que marcara el inicio de una época en la cual los astilleros españoles, bajo iniciativa de la nueva política liberal, en vez de mandar España a construir sus buques de guerra a Inglaterra, se construyeran en gradas españolas, de ahí que los cañones del andaluz González Hontoria lucieran en cubierta del acorazado.

Ya todo lo demás obedece a la parte de dichos y diretes que los sufrimos hoy en día quizá más tendenciosamente abultados y más sustanciados, ocultando intereses de grupo, que nos llevan, como por ejemplo, a que nueve personas mueren al día porque no les alcanza la Ley de Dependencia. Nadie dice nada y nadie devuelve el dinero público que roba.

Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

22 feb. 2017

  • 22.2.17
Si el problema del Mar Menor Muerto o el de la Bahía de Portman –donde millones de toneladas de residuos mineros letales para la vida han anegado y tapado una bahía, excelente puerto de abrigo por millones de años– fuera un tema netamente de la Comunidad de Murcia, que no tuviera trascendencia fuera de ese territorio, la cosa se dejaba como está, para uso y disfrute de los murcianos que lo han consentido y provocado.



Murcianos que al hacer su santa voluntad (nunca mejor dicho, pues en breve va a ser declarada Murcia tierra santa, tierra de milagros, sucursal del cielo vaticano) han envenenado biológicamente al Mar Menor con microorganismos incontrolados que ya están afectando al Mediterráneo y es, por tanto, un asunto que no se puede dejar en mano de los irresponsables e indiferentes murcianos, cuyas preocupaciones, si existe alguna, no pasa precisamente por respetar el medio ambiente.

La muerte del Mar Menor de Murcia es un tema que sobrepasa la locura de la dejadez murciana y afecta a todo el Mediterráneo. Y si afecta en un principio a todo el Mediterráneo, directamente le está afectado a España y a más países. Y es, por tanto, un asunto que sobrepasa por su gravedad nuestras fronteras, y tiene un ámbito de perjuicio internacional, aunque se intente obviar en Murcia en razón de unos podridos intereses políticos de grupo.

Sin llevar la cuenta de las veces que he asistido a documentadas conferencias, mesas redondas y demás actos, en todos ellos se suele exponer de un modo fehaciente, sin alarmismos de ninguna clase, la triste verdad de la muerte y desolación incontrolable que impera en las aguas de una albufera preciosa, el Mar Menor, que tuvo la mala suerte de emerger en la Comunidad de Murcia, y ahora, la preciosa en su día albufera, está haciendo de alambique de muerte inoculando en el Mediterráneo venenos incontrolables de consecuencias totalmente desconocidas.

Una comunidad, la de Murcia, de la que estaba deseando salir administrativamente Albacete, y que cuando se le dijo a Almería si quería pertenecer a Murcia, apenas nos apedrean y con motivo, que dentro del tremendo drama del envenenamiento del citado Mar Menor Matado, la única acción que se está haciendo por meses y años es la clásica visita del político de turno, casco protector a la cabeza calado, o una máscara aséptica para la foto en los medios subvencionados, con declaraciones a sabiendas de que goza de impunidad total todo lo que diga porque nadie se lo desmentirá, y dirá, allí y cuando interese, que el Mar Menor se está recuperando de su muerte total, y en breve sus aguas se embotellaran para curar, por ejemplo, el estrabismo.

Pasan los meses desde que agonizó el Mar Menor y dejó de vivir a simple vista, y en su muerte anunciada, nadie, oficialmente, institución alguna dijo nada que no fuera tímidamente y cuidando la boca y el masticar porque aquí las represiones van empapadas con la virulencia del sentimiento religioso, que a la hora de reprender no entra en consideración atenuante alguna, y los sartenazos represivos que da el poder en general puede alcanzar hasta la tercera generación.

Pero está muy claro, que los mismos que asesinaron al Mar Menor Muerto y les resulta del todo indiferente la millonaria en toneladas de productos altamente contaminantes y venenosos que anegan la Bahía de Portman, jefes políticos de cuatro o cinco estamentos oficiales y organizaciones de todo tipo que, por culpa de sus saberes y otras partidas que no son saberes pero si sabrosas en lo económico, se llevan a matar entre ellos, y siguen, sin embargo, en la vanguardia de recuperar todo el mal causado, o eso dicen.

Hasta ahora, los trabajos de recuperación, si dejamos de lado que la zona del Mar Menor Muerto y la Bahía de Portman, son buenos lugares para tomar cualquier mañana el sol político invernal, y acabar comiendo pescado de importación, previo haber metido con arrojo la punta del dedo en el agua para la foto. Todo con la esperanza de que pase el tiempo y se llegue al vergonzoso silencio nacional e internacional de Portman, nada más se está haciendo en remedio.

Los tiros de buscar responsables para cabeza de turco, siguiendo la tónica española, no se busca entre los organismos oficiales, locales, regionales o nacionales, o internacionales responsables de cuidar el medio ambiente, de cuya actividad de cuido ganan sus jornales, sino que, como siempre, al primero que pase por el camino andando, se le va a señalar, en espera de pasar página y que nuestros nietos tengan que ver los peces solo en peceras y de colores.

Por eso se está señalando a los cultivos intensivos de la zona con la esperanza de que la cosa cuaje, y se puedan llevar a buen fin que el Mar Menor desparezca y alguno listillo, de los que abundan en la Comunidad uniprovincial que se quedó sola, diga que todo el solar que resulte, era de su abuelo y se lo escriture, o vengan otros y con leyes a su favor vigentes, se lo inmatriculen en el registro de la propiedad por ochenta euros porque digan que allí pescó San Pedro.

En la zona, la gente que ha tenido la preocupación de informarse de que la pesca del Mar Menor no está acta para el consumo humano, cuando se sientan en la mesa de un restaurante preguntan de dónde es el pescado. Y si van a la compra lo mismo. Pero la pesca, algo que debería de estar totalmente prohibido hasta que autoridades totalmente imparciales, diferentes de las murcianas, tomen carta en el asunto, lo vuelvan a autorizar si consiguen resucitar a un muerto.

De las autoridades murcianas no se puede uno fiar porque lo primero son los intereses, y como está más que demostrado que a mayor atropello social, mayor número de votos depositados en favor de los causantes del asesinato ecológico, la cosa puede empeorar a un mucho más impredecible, mientras que los tambores políticos resuenan cultas grandezas, que ya resuenan, de que lo que no mata al segundo, engorda.

Del mismo modo que la mayor catástrofe medioambiental que se hizo en el Mediterráneo le cabe el honor de haberla realizado a la Comunidad de Murcia, que es anegar con estériles mineros la hermosa y millonaria en años Bahía de Portman con millones de toneladas de estériles vertiendo a caño abierto al mar, y tal asesinato apenas se conoce fuera de esta zona a pesar que su envenenar está activo al día y minuto de hoy, el planteamiento murciano es darle el mismo tratamiento a todo, y que todo se olvide, aunque sus daños ecológicos afecten a todas las casas a modo de epidemia silenciosa.

El despojar a la Comunidad Autónoma de Murcia de todas las competencias para el intento de la solución de los dos grandes delitos ecológicos que nos afectan a todos los españoles, es algo que no podemos dejar en el cajón del olvido y la dejadez, porque en cualquier momento nos podemos ver surgir de las aguas del Mar Menor millones y millones de criaturas deformes, como ya están los langostino y unos raros caracolillos.

Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

15 feb. 2017

  • 15.2.17
Hay que estar en extremo muy optimista para esperar algo positivo de este país, España, lanzado de lleno al robo y a la marrullería, con una brutalidad social tal que nada altera un camino tele-dirigido por los poderosos, que han suplido con creces la orientación y guía de la popular ciencia futbolera hacia la indiferente vanidad de unas gentes, de un pueblo, al completo poseído por sus conocimientos naturales individuales, que nunca los quiere gastar ni contaminar en una acción conjunta solidaria con todos los que somos o constituimos el pueblo.



Tal acentuada conclusión de sapiencia individual nos está llevando a que cualquier grupo que esté cohesionado en España, caso del partido político que representa al patrón y a esa tipología de obrero jornalero que sueña con sentarse en el casino como casino, y no como casa desde la que pueda mejorar el ente social, juntamente con el clero, están recogiendo en su beneficio mucho más de lo que les apetece, y es mucho, ante una indiferencia popular colectiva de dejar los brazos caídos y que otros los suban, mientras que no pasa día en el que el pueblo no perdamos algo de lo que teníamos ganado como pueblo.

A nuestras queridas tierras del sur, las más humanas históricamente, las más enraizadas en el territorio español, dicho todo sin pasión de madre, pero si con la pasión del que ha visto, viajado y vivido otras tierras, parece que le están haciendo crecer una costra de indiferencia hacia las carencias y penas de los demás, y que poco a poco la costra de indiferencia se convierta en un pellizco de inquietud y de miedo étnico, por si los que llegan desahuciados sin nada se llevan aquello que tanto esfuerzo nos costó levantar entre todos.

Y claro, los que llegan o han llegado arrasando con el pequeño comercio, matando actividades de comerciantes honestos que nacían y morían tras el mostrador, y solo habían logrado, que no es poco, levantar un jornal de subsistencia a lo largo de su vida comercial y de servicio, a todos esos vendedores locales al por menor, llegaron, con la bendición de nuestros representantes (que dicen y repiten ellos que son, pero nadie, ni ellos mismos, se lo creen), prometiendo el oro y el moro, ofreciendo ínsulas de ensueño en cuanto a los precios al consumo y grandes ventajas para el consumidor.

Y mientras destrozaban a la competencia, en países raros socialmente como lo es España no ofrecieron absolutamente nada favorable para la colectividad, por fuera de un aparcamiento para vehículos aparentemente gratuito, lo que no es ventaja alguna para el consumidor procedente de los caballos apocalípticos que son las llamadas grandes superficies o centros comerciales.

Dejando de lado, por dejar, pero no es asunto para dejar, mientras destrozaban la competencia del lugar, cooperaban en algo, muy poco, en alguna actividad social local, pero una vez que se saben sin competencia, basta examinar los precios y la calidad de los pocos supervivientes que quedan en los sitios para darse cuenta de que lo de las grandes superficies o los grandes almacenes es una venta de basura a lo robo con jaca bandolera, y, encima, se lleva los beneficios del robo fuera de España.

Por tanto, aquí y ahora, los únicos que son un peligro público para el planeta y para las sociedades que el hombre ha conseguido levantar –algo que se nos ha escapado de las manos– son los políticos: los partidos políticos hechos partidas que han suplido el hacer y el crear por la destrucción y el autoecharse flores de lo bien que lo hacen y lo poco capacitados que estamos las gentes para opinar y entenderlos.

La brutalidad de la poca imaginación de darle una utilidad a la hermosa ciencia que disponemos y utilizar los adelantos en las comunicaciones para un beneficio colectivo, por el contrario nos lleva a esclavizar más a los débiles, a pleno sol y con pleno conocimiento, y a ver como práctico, es de esperar que ahora no se dé, que para probar la eficacia de tiro de cierto fusil, se solía poner un mulo de los que se consideraba que ya habían rendido lo suficiente y si la bala lo atravesaba limpiamente de parte a parte, el arma, sisas aparte, pasaba a clasificarse como “humanitaria” porque mataba limpiamente a una persona y sus heridas eran eso, “limpias”.

El llamado tercer mundo, los sintierra, los refugiados, los que se adjetivan como terroristas y demás palabras que intentan sacarlos de su condición básica de seres humanos –en la pura realidad la parte más débil y frágil de toda la sociedad– no disponen de ningún programa televisivo ni de ningún medio de comunicación donde exponer sus problemas, ante la piedad que despertó en las asociaciones de protección a los animales la brutalidad del asunto del mulo. Así que ellos están haciendo ahora las veces de mulo viejo.

Salud y Felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS

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