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Mostrando entradas con la etiqueta Desde la nostalgia [Juan Navarro Comino]. Mostrar todas las entradas
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11 abr. 2018

  • 11.4.18
Como decía Joan Maragall, uno de los padres de la poesía modernista catalana, “la sardana és la dansa més bella de totes les danses que es fan i es desfan”. Se trata de un baile popular que es símbolo de Cataluña y que, curiosamente, fue modernizado por un jiennense de Alcalá La Real, José María Ventura Casas, Pep Ventura, que compuso muchísimas sardanas, entre las que destacó Per tu ploru, dedicada a su esposa fallecida.



La sardana es la danza nacional de Cataluña y se baila en todas las festividades. Sin embargo, este año, para sorpresa de muchos, ha pasado inadvertida en Pueblo Nuevo, el barrio más popular de Manresa, en el cual pasé parte de mi infancia y de mi juventud, hasta que contraje matrimonio con mi esposa.

En este barrio siempre tienen lugar las mejores fiestas populares de Manresa. Cada año, coincidiendo con la festividad de San José, se celebraban muchos actos populares, entre los que destacaba la gran Ballada de Sardanes, un concurso al que acudían collas de toda Cataluña y en el que se entregaban muy buenos premios.

Sin embargo, este año me ha sorprendido saber por Radio Manresa que en la fiesta del Pueblo Nuevo no habría sardanas, ya que se le ha olvidado a los independentistas, que están metidos de lleno en esta batalla absurda que no van a ganar por mucho que se empeñen.

Y ahora recuerdo que cada año se nombraba en este barrio una Comisión de Fiestas encargada de montar el programa. Mis hermanos mayores participaron varias veces pero, en una ocasión, votaron a mi hermano mayor, Salvador, que impulsó unas de las mejores fiestas que se recordaban. Por ello, le propusieron seguir varios años al frente de la Comisión.

¡Qué curioso! Un andaluz de Montilla organizando la fiesta mayor de San José del Barrio de Pueblo Nuevo de Manresa. Claro que, por aquellos años, no había tanto separatismo ni se nombraba la independencia. Todo era más tranquilo y la convivencia era mejor que ahora. Y es que esta gente ha separado familias y amigos. Pero hay que conformarse hasta que cambie la cosa. Esperemos que sea pronto.

JUAN NAVARRO COMINO
ILUSTRACIÓN: PEP SANZ

8 mar. 2018

  • 8.3.18
Durante mi larga vida laboral estuve al frente de equipos de operarios en los que había algunas mujeres. Y, en honor a la verdad, debo decir que siempre demostraron ser responsables, eficaces y cumplidoras con las tareas que se les encomendaban. Por eso chirría que, a estas alturas de siglo XXI, siga habiendo trabajadoras que perciben un salario inferior al de los hombres pese a realizar las mismas labores.



Aparte de la brecha salarial, el gran reto que tenemos como sociedad es el de la erradicación de la violencia hacia las mujeres. ¿Cómo puede haber hombres capaces de maltratar y asesinar a sus parejas que, en muchos casos además, son las madres de sus hijos?

¿Es que estos individuos no se paran a pensar en el daño que causan? Parece que se rigen por el pensamiento prehistórico que propugna el “para mí o para nadie más”. Abusan de ellas, les dan palizas, las humillan… ¡No podemos permitir tanta barbarie!

Pienso que la sociedad en su conjunto tendría que dotarse de herramientas eficaces para frenar esta violencia hacia las mujeres. Yo, como católico, pido a Dios que no haya ninguna víctima más por violencia machista. Es una lacra con la que tenemos que acabar.

JUAN NAVARRO

28 feb. 2018

  • 28.2.18
En Cataluña estamos esperando a que el señor Puigdemont deje de hacer comedia de una vez y permita formar Gobierno. Y si se considera tan listo, que venga a España y se someta a la acción de la Justicia, que es lo que cabría esperar de cualquier responsable político con un mínimo de decencia.



La situación no se circunscribe solo al terreno político. Y me explico: hace unos días acompañé al ambulatorio a mi nieta mayor, que tiene 16 años. Al solicitar la cita, el celador nos dijo, de manera muy arrogante, que no podrían atenderla ya que todos los médicos estaban con la gripe. Ante mi indignación, el celador nos invitó a dirigirnos a otro centro de salud situado a unos cinco kilómetros de donde residimos. Y se quedó tan pancho.

A mí me ocurrió algo parecido hace unas semanas: tenía revisión médica para febrero y unos días antes de la consulta con el especialista me envían una carta aplazando la visita a mediados del mes de marzo. Como ya se demoraba el control más de dos meses, decidí llamar a Atención al Paciente y me indican que si no me viene bien la nueva fecha, ya debo esperar hasta el mes de septiembre porque están faltos de personal.

¿Y saben qué les digo? Que no hace tantos años, la sanidad en Cataluña funcionaba divinamente pero, ahora, los políticos solo se preocupan de cuestiones que no sirven para resolver el día a día de los ciudadanos.

Por eso les pediría que dejen al margen al señor Puigdemont, que siga en su retiro de Bélgica, y que formen Gobierno, ya que, por poco que hagan las cosas, se comenzarán a arreglar un poco muchos de los problemas que constituyen la realidad palpable de esta tierra y que, la verdad, me da mucha pena.

JUAN NAVARRO COMINO

17 ene. 2018

  • 17.1.18
Los hombres suelen comentar de vez en cuando que las mujeres son “de lágrima fácil” o que “lloran por nada”. También se suele decir que el llanto solo es propio de ellas y que nosotros no lloramos porque nos creemos más fuertes. Pero no es así. Tal vez, si los hombres lloráramos en alguna ocasión, seríamos más condescendientes.



Para mí, la mujer es el mejor ser que creó Dios Nuestro Señor. Y pienso que es una realidad palpable. Prueba de ello, la parábola que paso a compartir con ustedes.

Un día, un niño preguntó a su madre: “Mamá, ¿por qué lloras?”, a lo que ella respondió: “Porque soy mujer, hijo”. Ante aquella respuesta, el pequeño reconoció que no llegaba a comprender lo que quería decir y ella le cogió por los hombros dulcemente y le comentó: “¡Nunca llegarás a entenderlo!”.

Pasados unos días, el chico le preguntó a su padre: “¿Por qué llora mamá?”, a lo que su progenitor respondió: “Todas las mujeres son de lágrima fácil y lloran muchas veces sin razón”.

Después de unos años, el chico hizo la misma pregunta a Dios: “¿Por qué lloran las mujeres con tanta facilidad?”, a lo que Nuestro Señor respondió: “Cuando hice a la mujer, debía de ser muy especial. La hice con unas espaldas suficientemente fuertes para soportar el peso del mundo pero, a la vez, tiernas y confortables”.

“Le concedí el poder de dar vida y de aceptar el rechazo de los hijos. Le di poder para continuar luchando cuando todos abandonan. Y de cuidar a su familia a pesar del cansancio o la enfermedad. Le di la sensibilidad para amar a sus hijos con un amor incondicional, aun cuando éstos la hayan herido duramente”.

“Le di fuerza para soportar a su marido a pesar de sus defectos, que no son pocos, finalmente le di lágrimas para llorar cuando ella sintiera esa necesidad. Como puedes ver, hijo, la belleza de una mujer no está en su manera de vestir, ni tampoco de cómo se maquilla su cara, ni de cómo se arregla su cabello: la belleza de la mujer reside en sus ojos, los cuales son la puerta de entrada a su corazón; la puerta donde reside el amor”.

“Es por ese motivo que, a menudo, y a través de esas lágrimas, podamos ver su corazón y, de paso, aumentar su autoestima. Has de saber, hijo, que todas las mujeres son bellas, son las que te han hecho sonreír cuando tú más lo necesitabas; las que te han hecho ver el lado bueno de las cosas cuando tú solamente veías lo peor”.

Dios hizo para el hombre un trono y para la mujer, un altar. El trono exalta; el altar, santifica. El hombre es un templo; la mujer, un sagrario. Ante el templo nos descubrimos y ante el sagrario, nos arrodillamos.

JUAN NAVARRO COMINO

14 dic. 2017

  • 14.12.17
Las Navidades suelen ser unas fiestas muy familiares y muy acogedoras. Pero ¿es así para todo el mundo? Si nos paramos a pensarlo con algo de calma, nos daremos cuenta de que no. Hay muchas personas, familias enteras a veces, que lo pasan muy mal, con muchas necesidades durante todo el año, tantas que casi ni les llega para poder comer tres veces al día.



Pero ¿a quién le importa eso? Mucha gente se preocupa, es verdad, pero no así otros a los que ni siquiera se les estremece el corazón cuando ven por televisión los anuncios de algunas ONG, donde aparecen escenas de niños mal nutridos y pasando hambre verdaderamente. Calamidades que a cualquier persona con algo de corazón le ponen la piel de gallina pero que, sin embargo, en otros individuos despiertan comentarios del tipo: “vaya hombre, siempre tienen que poner esto a la hora de la comida”.

A estos sujetos así yo les preguntaría si les gustaría ver a sus hijos o a sus nietos en esa situación. Creo que no serían capaces ni de contestar. Por eso pido desde esta columna que ayudemos de alguna manera a esta pobre gente. Seguro que, de esta forma, más de uno tendrá algo que echarse a la boca en estos días. Feliz Navidad.

JUAN NAVARRO COMINO
FOTOGRAFÍA: UNICEF

30 nov. 2017

  • 30.11.17
Desde hace varias semanas tenemos una calma rara en Cataluña, aunque aún se vive algún que otro altibajo. Ahora los partidos se afanan en componer sus listas electorales. Una situación muy distinta a la de hace unos meses, esperemos que para bien, y que de esta forma se acabe con tanta inquietud que nos han causado algunos con toda la mala uva que se pueda permitir.



Ahora hay quienes se retractan de lo dicho para poder salir de la cárcel. Algo que, aunque no sea de nuestro agrado, es posible. Así funciona la política. Lo que hoy es blanco inmaculado, mañana, por conveniencias, será negro como el carbón.

¿Y qué tenemos que hacer ahora la mayoría silenciosa? Pues nada más, y nada menos, que salir a votar en masa el día 21 de diciembre, cada uno al partido que más le guste, pero votar para que cambie esta situación.

Soy de la opinión de que si la mayoría silenciosa salimos a votar esto cambiará y comenzará una nueva Legislatura que, esperemos, sea para bien y que Cataluña, aunque al principio cueste, vuelva a ser la envidia de Europa como en años anteriores.

Si en el pasado fuimos capaces de levantar esta tierra entre todos, ahora hay que hacer lo mismo para recuperar todo lo perdido por culpa de cuatro antisistemas que no han trabajado en su vida por Cataluña y que no sienten por ella el cariño que le tenemos la gran mayoría de residentes en esta bendita tierra.

JUAN NAVARRO

16 nov. 2017

  • 16.11.17
Los hombres, individualmente o en grupo, desean relacionarse con sus semejantes, entrar en contacto con distintas personas o ambientes. Esa es una de sus principales ambiciones. Algunos creen que es una necesidad y otros, un deber. Yo, por mi parte, creo que las dos cosas a la vez.



Es una necesidad, tal vez, porque el hombre no puede vivir aislado. El hombre siente necesidad de hablar, de contarse cosas, de que le compadezcan, de que a la vez le animen y le conduzcan. Con simples gestos como estrechar la mano, dar un golpecito en la espalda, tomar unas copas, hablar y discutir con el resto, hay quien piensa que está enormemente relacionado y que, como conoce a muchísimas personas, tiene cientos de amigos. Se equivocan.

El hombre está solo entre la multitud de esas relaciones, a menos que tenga los ojos y el corazón abiertos de par en par para ver y acoger a sus semejantes. De esta forma, yo conocí a mi amigo, un hombre fuerte y sociable, que se distingue en cualquier grupo y que es un ejemplo perfecto de caballerosidad y bondad.

Sin embargo, todo su ser reacciona con severidad ante la injusticia, la hipocresía o la irreverencia. Parece entender a la gente y es particularmente considerado con los pobres, los solitarios, los enfermos, los abandonados e, incluso, con los de mala reputación. A decir verdad, parece ver algo de bueno en cada persona.

Realmente es amigo de muchas personas, cuyos sentimientos hacia él son como los míos, porque sus vidas han sido transformadas por su amistad. Esta es la explicación de cuantas cosas buenas hay en mi vida.

Este amigo es tan amado como odiado: millones de personas rehúsan su amistad. ¿Podrá ser que en verdad no comprendan quién es? Seguramente por eso, los hombres le mataron. Él no había hecho ningún mal: su única ofensa fue ser la verdad, la pureza y el amor encarnados.

Cuando pienso en este amigo surge en mí el deseo de que cada persona sobre la faz de la tierra lo conozca. Él no te impondrá su amistad, pero si tú lo aceptas como el más caro de tus amigos, te acompañará hasta el fin de tus días. Él hará que tu vida sea una aventura espiritual gracias a su compañerismo transformador. Te hará feliz, valiente, y victorioso; cambiará tu vacío por satisfacción; el temor por valor; la debilidad por poder; el dolor por gozo; el tumulto por paz y la muerte por vida. Yo quisiera que conocieras a mi amigo, que no es otro que Jesucristo.

JUAN NAVARRO COMINO

2 nov. 2017

  • 2.11.17
Estoy un poco deprimido. La mesa donde yo me pongo a escribir está situada delante de una ventana que da a mi tejado y a todos los tejados de la calle, y a un horizonte perdido lleno de arboleda. Por ese horizonte, en cuanto llega la primavera, se acercan las golondrinas a cuidar de los muchos nidos que tienen en las cornisas de las casas vecinas y en la mía, generando una algarabía muy bonita que amaina cuando aprieta el sol y vuelve con el atardecer.



Sin embargo, ahora no escucho a las golondrinas y sus crías desde mi ventana. Se han marchado en su viaje a África y no volverán hasta la próxima primavera. Desde hace dos semanas se siente en los tejados algún gorrión o alguna tórtola llamando la atención del macho, pero cuando comience el frio, que aquí aprieta bien, se acabó el chirriar de los pajarillos.

La verdad es que eso me pone triste, por eso procuro ponerme música para distraerme mientras escribo, pero no es lo mismo. Más aún ante la impotencia y el dolor que muchos sentimos por todo lo que está ocurriendo en Cataluña en los últimos tiempos. Se tendría que haber actuado antes y ahora no sabemos cómo va a terminar todo.

Por el bien de todos los catalanes, y por aquellos que llevamos toda la vida que viviendo en Cataluña –y quiera Dios que por muchos años más–, esperemos que los antisistema no se carguen esta bendita tierra, que nos lo ha dado todo, por no querer razonar.

Por eso solo me queda esperar que Dios reparta suerte y pase lo mejor posible para todos, incluidos los antisistema, para que el problema tan grave que vivimos en Cataluña se solucione. Mientras tanto, seguiré esperando que vuelvan las golondrinas la próxima primavera con su alegría pura y sana.

JUAN NAVARRO COMINO

22 sept. 2017

  • 22.9.17
Algunos hombres son capaces de llevar a cabo en una hora el trabajo para el que otros, por falta de concentración, necesitan cuatro. Algunos resuelven un problema y lo superan en algunos minutos; otros, sin embargo, tropiezan durante días y días. Algunos exponen con claridad un tema, lo escriben pormenorizadamente y lo explican en pocos minutos; otros apenas consiguen salir airosos.



Todo ello se debe, entre otras razones, a que hay quien sabe concentrarse y entregarse de lleno a la tarea, y quienes son unos distraídos crónicos, incapaces de ordenar y de dirigir sus potencias indisciplinadas. El hombre solo es eficaz cuando se sabe concentrar.

La lupa es capaz de causar un incendio porque sabe recoger la luz y el calor del sol, y los hace converger en un solo punto. Si sabes aunar tus fuerzas y emplearlas a fondo en el momento preciso, no necesitarás mucho para conseguir tu propósito: te bastará concentración para conseguirlo.

Aquel que tiene fe, encuentra el éxito en el sitio donde muchos fracasan. Sé paciente con todo el mundo pero, sobre todo, contigo mismo. En esta vida todo da vueltas: no hagas lo que no quieras que te hagan a ti y recuerda que más vale sonrisa triste que la tristeza de no verte sonreír.

Eres una persona y el ser humano es el único animal que puede hablar para calmar al airado y animar al abatido; estimular al cobarde y decirle "te amo". Te puedes mover, no eres un árbol amarrado a una pequeña porción de tierra. Puedes pasear correr, bailar y hacer deporte. Tienes en tu cuerpo 500 músculos, 200 huesos y 7.000 nervios sincronizados para obedecerte y llevarte donde tú quieras.

El árbol vive absorbiendo elementos minerales, los asimila siguiendo un plan natural y los eleva a un estado superior: la vida vegetativa. El animal vive utilizando elementos minerales, integrando la vida vegetativa, coordinando las energías inferiores según el plan ordenador y las eleva a un nivel superior: la vida animal. El hombre vive utilizando las propiedades de la vida vegetativa animal, pero las subordina y las trasforma, a través de la razón y la libertad, en vida humana.

Si quieres ser hombre has de dominar y ordenar tus instintos y sensaciones para ayudar a tu espíritu. Escoge entre humanizarte con la primacía del espíritu y la conciencia o animalizarte con las primicias del instinto.

JUAN NAVARRO COMINO

24 ago. 2017

  • 24.8.17
Reposa, come, bebe y diviértete: esta consigna del hombre rico de la popular parábola evangélica no es nueva. Ha sido el ideal de no poca gente a lo largo de la historia, pero hoy es vivida a gran escala y sobre una presión social tan fuerte que es difícil crear un estilo de vida más sobrio y más sano.



Hace tiempo que la sociedad moderna ha institucionalizado el consumo: casi seguro todo se orienta a disfrutar de productos, de servicios y de experiencias siempre nuevas. La consigna del bienestar es clara: “diviértete”.

Eso que nos ofrecen a través de la publicidad es juventud, elegancia, seguridad, poder, bienestar, felicidad… La vida la tenemos que alimentar en el consumo.

Otro factor decisivo en el funcionamiento de la sociedad actual es la moda. Siempre ha habido en la historia de los pueblos corrientes de gustos fluctuantes, de modo que el que se mueve en el imperio de la moda se ha convertido en guía principal de la sociedad moderna.

Ya no son las religiones ni las ideologías las que orientan el comportamiento de la mayoría: la publicidad y la seducción de la moda están sustituyendo a la Iglesia, la familia y la escuela. Es la moda la que nos enseña a vivir, a satisfacer las “necesidades artificiales” del momento.

Otra cosa que marca el estilo de vida moderna es la seducción de los sentidos y el hecho de mirar por nuestro cuerpo: la línea, el peso, el gimnasio y las revisiones; se tienen que aprender terapias y remedios nuevos, se han de seguir de cerca los consejos de los médicos y los consejos culinarios.

Tenemos que aprender a sentirnos bien con nosotros mismos y también con los demás; hemos de aprender a movernos de manera hábil en el campo del sexo; conocer todas las maneras de pasarlo bien y de acumular experiencias nuevas.

Sería un error “satanizar” esta sociedad que ofrece tantas posibilidades para cuidar las diversas dimensiones del ser humano y para desenvolver una vida integral e integradora.

Pero no sería menos equivocado dejarnos arrastrar frívolamente por cualquier moda o reclamo, reduciendo la existencia a un puro bienestar material. La parábola evangélica nos invita a descubrir la insensatez que se puede esconder en este planteamiento de la vida.

Para acertar en la vida no basta con pasárselo bien, ya que el ser humano no es nada más que un animal afanado en el placer y el bienestar. Ha estado también trabajando el espíritu para conocer la amistad, para experimentar el misterio trascendente, para agradecer la vida, para vivir la solidaridad…

Es inútil quejarnos de la sociedad actual: Lo importante es actuar de manera inteligente. El hombre no podrá jamás perfeccionarse ni lograr el éxito del mundo si no encuentra a Jesucristo.

JUAN NAVARRO COMINO

11 ago. 2017

  • 11.8.17
Soy andaluz pero me he criado en Cataluña, esa bendita tierra a la que emigramos allá por los años cincuenta. Aquí lo hemos hecho todo: estudiamos, trabajamos, conocimos a nuestras esposas, nos casamos, tuvimos hijos... y ahora nos han venido los nietos. ¿Qué más tenemos que demostrar a estos radicales? Queremos seguir siendo españoles y catalanes. Que no nos hagan comulgar con ruedas de molino.



Cuando viajo a mi tierra, la localidad cordobesa de Montilla, me siento montillano por los cuatro costados. No me siento extraño. Eso sí, echo en falta una parte de mi corazón que está en esta tierra, la catalana, que me ha tratado tan bien y que no la quiero perder.

Yo les preguntaría a estos radicales qué han hecho ellos verdaderamente por esta tierra. ¡La levantamos y la llevamos a todo su esplendor con nuestro esfuerzo y con el esfuerzo de los catalanes de aquella época! ¿Dónde estaban ellos cuando en nuestra juventud corríamos por la calles de Manresa con los grises detrás por defender el Estatuto de Autonomía? ¿Dónde estaban entonces los antisistema?

Que lo digan ahora, que dejen de saltarse las leyes como les da la gana, y que nos dejen tranquilos. Que se vayan con su sistema a otro sitio porque a Cataluña la están hundiendo. No entiendo cómo el Gobierno central no ha metido mano en un tema que se ha enquistado. ¡Y de qué manera! Esta gente no puede hacer lo que le venga en gana aunque tengan mayoría en el Parlamento catalán: eso no les da pie a saltarse las leyes.

Por la juventud y por el paro no hacen nada, todo les da igual. Hacer un conservatorio de música en la catedral de Barcelona y derribar el monumento Colon, eso sí que lo han propuesto; y quererse cargar el turismo, reventando las ruedas de las bicicletas de alquiler. Con eso se sienten realizados.

Lo que tendrían que hacer es sentarse y recuperar el Estatuto de Autonomía que entre todos se cargaron y arreglar las deficiencias que actualmente hay en Cataluña. Y, desde mi modesta opinión, les digo que mi familia y yo queremos seguir siendo españoles y catalanes.

JUAN NAVARRO COMINO

21 jul. 2017

  • 21.7.17
A mi edad solo me queda vivir del recuerdo de mis años joviales. Para nada nos sentíamos cohibidos, ni cortados: íbamos de aventura en aventura, no como ahora, que todo son contratiempos. Cuando no te duele la espalda, te duele la cabeza y con el problema de que, cada día que pasa, notamos que nos faltan más fuerzas. Pero no tenemos que tirar la tolla ni reunirnos para quejarnos de nuestros males.



Yo tengo un amigo, Manolo, que me comenta muy a menudo lo mismo: "Juan, cuando yo era joven me meaba en la corbata y ahora me meo en los zapatos. Y eso me pone triste: no lo sé admitir". Yo le digo que los años no pasan en balde y ahora nos toca esta edad pero, eso sí, hay que vivirla con espíritu joven.

Tenemos que ser fuertes e intentar ser como antes, al menos de espíritu, no hundirnos, tener fe y valor en querer sentirnos jóvenes, aunque no los seamos. Hay que recordar aquellos años que fueron extraordinarios en todos los aspectos: podíamos con todo, no nos rendíamos ante nada, luchábamos por todo como, por ejemplo, un trabajo digno. Entonces había donde escoger trabajo y si no te encontrabas a gusto en una empresa, te buscabas otro y a seguir luchando.

Intentábamos ponernos al día en todos los adelantos de la tecnología y, a base de estudiar por las noches, salíamos adelante. Nos sentíamos orgullosos al ponerlo en práctica después. Recuerdo con nostalgia cuando me puse por primera vez delante de un torno de control numérico. Por aquel entonces, los programas se hacían a mano y empleábamos trigonometría. A trancas y barrancas, se conseguía.

Desde entonces ha llovido mucho y han pasado 32 años o más. La cosa, según mis noticias, ha avanzado mucho, pero no dejo de añorar aquello y de ser, tal vez en Manresa, uno de los pioneros de los controles numéricos. En fin, esto me anima a mantener ese espíritu joven, como en aquellos años.

JUAN NAVARRO COMINO

3 mar. 2017

  • 3.3.17
Esta mañana, mientras paseaba por el puerto, me encontré con un señor, ya mayor, que estaba observando el horizonte. Al verlo algo triste, me dirigí a él y al mirarlo tan de cerca, me preguntó si quería algo. En ese momento me di cuenta de que tenía ganas de hablar: pude notarlo en la expresión de su cara. Por eso no dudé en preguntarle si deseaba que hablásemos.



–Como quieras, hablemos –apuntó el señor.

–¿Cuántos años tiene usted?

–Pues unos pocos, ya no me acuerdo. Tal vez te triplique la edad. He tenido una vida muy ajetreada y la he vivido intensamente en todos los frentes.

–¿Por qué no me la explica? –me atreví a preguntarle.

–Si no tiene mucha importancia, pero te la voy a contar un poco. Yo de niño, con catorce años, me quedé huérfano y sin hermanos. Los vecinos, buena gente, me querían ingresar en un internado pero yo, en cuanto me di cuenta, me fui. Yo vivía aquí en Barcelona y me dirigí una mañana al puerto. Había muchos barcos cargando mercancías, llenando sus bodegas, y se me ocurrió una idea.

Así que, después de observar uno muy grande, le pregunté a un marino hacia dónde se dirigía  y me aseguró que daría la vuelta al mundo cargando y descargando durante dos años, viajando por Canarias, Puerto Rico... Yo pensé que pondría esconderme hasta que el barco zarpase de Canarias y, una vez estuviera en aguas internacionales, me presentaría al capitán.

El señor me explicó que esperó a la mañana siguiente para, con un poco de suerte, entrar en el barco como polizón.

–Esperé a que oscureciese y tuve suerte. Se quedó una noche cerrada y oscura y, a las dos de la mañana, cuando todo el mundo dormía, con una bolsa me colgué en las escalerillas y ascendí hasta la popa. Una vez allí, me introduje en un bote salvavidas y esperé.

Lo que me ocurrió es que, al tercer día de estar escondido, tenía un hambre de narices. Por la noche me acerqué a la cocina buscando comida y me aprovisioné para unos días. Una vez que el barco partió de Canarias, me presenté al capitán y le expliqué que me había quedado huérfano.

Le rogué que no me denunciara, que trabajaría para él y que no le causaría ningún problema, pero que me permitiese continuar en el barco, pues mis vecinos querían ingresarme en un internado, y por eso había huído.

El anciano me contó que el capitán aceptó acogerlo en el barco con la única condición de que volvería a embarcar después de cada una de las paradas previstas. Además, le haría un contrato, pues ya tenía los catorce años cumplidos. El capitán le acompañó hasta el contramaestre, Antoine, quien sería el encargado de emplearlo en la sala de máquinas como engrasador.

–Me lo pasaba bien –recordó el señor–. Antoine era un tipo extraordinario y me cogió mucho cariño. He conocido muchos países y mujeres extraordinarias. El contramaestre me llevó por primera vez a un prostíbulo en Haití, con unas mujeres bellísimas. Yo tendría unos 16 años. Y así, de puerto en puerto y de club en club, nunca más abandoné el barco: era mi casa y todos me querían.

Yo me encontraba feliz pero llegó la hora de la jubilación y la frustración. Aquí me tienes, me busqué una residencia que me podía pagar, pues ahorré algún dinero y, con la pensión, voy tirando. Eso sí, más solo que un perro vagabundo.

El señor siguió hablando mientras yo le escuchaba atentamente.

–Por las mañanas me vengo al puerto, nostalgia de mi vida de marinero, pero una vez entro en la residencia me encuentro muy solo y encajonado. En los prostíbulos ya no encuentro distracción, ni atracción. Y me está muy bien empleado, porque fui muy egoísta.

Me tendría que haber casado y haber formado una familia, y ahora no estaría tan solo. Pero mi juventud me la pasaba de prostíbulo en prostíbulo. Conozco todos los burdeles de todos los puertos. Con Antoine me lo pasaba de fabula y no pensé ni por un momento en la vejez.

Y aquí me tienes, solo como la una por mi mala cabeza. Pero chico, esto es la vida. Yo la quise así y estas son ahora las consecuencias tristes para mí –me aseguró el señor, que no dudó en darme un consejo–. Ordena tu vida, cásate o bien busca una compañera, pero no quieras ser un lobo solitario como yo, que cuando llegues a la vejez te encontrarás solo y sin nadie que te quiera.

Le agradecí su consejo y decidí que era momento de marcharme. Mientras, él se quedó observando el mar con nostalgia de lobo marino.

JUAN NAVARRO COMINO

23 dic. 2016

  • 23.12.16
"Reposa, come, bebe y diviértete". Esta consigna del hombre rico de la parábola evangélica no es nueva. Ha sido el ideal de no poca gente a lo largo de la historia, pero hoy es vivida a gran escala y con una presión social tan fuerte que es difícil crear un estilo de vida más sobrio y más sano.



Hace tiempo que la sociedad moderna ha institucionalizado el consumo; casi todo se orienta a disfrutar de productos, de servicios y de experiencias siempre nuevas. La consigna del bienestar es clara: diviértete. Eso que nos ofrecen a través de la publicidad es juventud, elegancia, seguridad, poder, bienestar y felicidad. La vida la tenemos que alimentar con el consumo.

Otro factor decisivo en el funcionamiento de la sociedad actual es la moda. Siempre ha habido en la historia de los pueblos corrientes muchos gustos fluctuantes. Es el que se mueve en el imperio de la moda quien se ha convertido en el guía principal de la sociedad moderna.

Ya no son las religiones ni las ideologías las que orientan el comportamiento de la mayoría. La publicidad y la seducción de la moda están sustituyendo a la Iglesia, a la familia y a la escuela. Es la moda la que nos enseña a vivir para satisfacer las necesidades artificiales del momento.

Otra cosa que marca el estilo de vida moderna es la seducción de los sentidos y el hecho de mirar por nuestro cuerpo, la línea, el peso, el gimnasio y las revisiones. Se tienen que aprender terapias y remedios nuevos; se han de seguir de cerca los consejos de los médicos y los consejos culinarios; tenemos que aprender a sentirnos bien con nosotros mismos y también con los demás; hemos de aprender a movernos de manera hábil en el campo del sexo, conocer todas las maneras de pasarlo bien y de acumular experiencias nuevas.

Sería un error satanizar esta sociedad que ofrece tantas posibilidades para cuidar las diversas dimensiones del ser humano y para desenvolverse en una vida integral e integradora, pero no sería menos equivocado dejarnos arrastrar frívolamente por cualquier moda o reclamo, reduciendo la existencia a un puro bienestar material.

La parábola evangélica nos invita a descubrir la insensatez que puede esconder este planteamiento de la vida. Para acertar en la vida no es suficiente con pasárselo bien, porque el ser humano es más que un animal afanado en el placer y el bienestar: ha estado también trabajando el espíritu; conociendo la amistad; experimentando el misterio transcendente; agradeciendo la vida; viviendo la solidaridad...

Es inútil quejarnos de la sociedad actual. Lo que es importante es actuar de manera inteligente. El hombre no podrá jamás perfeccionarse, ni lograr el éxito del mundo, si no encuentra a Jesucristo.

JUAN NAVARRO COMINO

25 nov. 2016

  • 25.11.16
La mayoría de las personas a las que nos gusta el futbol sabemos cuántos entresijos y cuánto negocio mueve este deporte. Incluso ahora, en la actualidad, en el fútbol base se les cobra a los padres 35 o 40 euros cada mes por la formación de los pequeños. Después entra el tema de la equipación, pues los niños tiene que ir con el uniforme oficial de la entidad en la que estén, y esto les supone a los padres un desembolso de, por lo menos, 250 euros al año, además del reconocimiento médico que se montan para sacar otro buen pellizco. Un negocio en toda regla.



Para llevar a los críos, a los más pequeñitos, tienen a jóvenes que lo mismo les hacen el entrenamiento que juegan en el equipo juvenil. Esos sí que tratan a los niños con mimo y educación, pero con el conocimiento mínimo de fútbol. Pero con cuatro chavos les pagan.

Yo, cuando era más joven, estuve nueve años en el fútbol base del Centro de Deportes Manresa. Por aquel tiempo, los equipos iban a los colegios y al niño que destacaba lo fichaban; o bien ojeadores que tenían, llevaban a los críos al Manresa.

Era otra política: a los padres no se les cobraba y la equipación la ponía el club; eso sí, las botas hasta la edad juvenil las compraban los padres y en los desplazamientos del equipo los críos no pagaban, pero los padres tenían que colaborar un poco. Eran otros tiempos.

La otra tarde me fui un rato a observar el entrenamiento que le hacen a los críos. Observe un grupo de críos numeroso. En un momento dado, el chico que los entrenaba, sin venir a cuento, paró el entrenamiento y separó a tres chavales del grupo:

—Vosotros, a partir de ahora, ya estáis fuera del equipo. La semana que viene entrenareis con el equipo C.

Los chavales se separaron del grupo y dos de ellos dijeron:

—¿No nos quieren? Pues que se joroben. ¡Nos vamos!

Y se marcharon, mientras que el más pequeño se sentó y empezó a llorar preguntándose por qué a él.

Y seguía llorando. A mí me dio tanta lástima el crío que me acerqué a él:

—No llores, también jugarás en el equipo C.

—Sí, ¡pero yo ya llevaba tres años con mis amigos! –exclamó mientras seguía llorando–. Y ahora se ríen de mí y se mofan.

—¡Es igual, tú no les hagas caso! Ya harás amigos en el equipo C, lo importante es jugar y hacer deporte. Que en el mundo del fútbol hay muchos cambios, te lo digo yo, que he sido entrenador muchos años. No te desanimes. ¿Cómo te llamas, niño?

—Me llamo Adrià.

—Te voy a contar un caso: en un equipo hubo un niño que le ocurrió igual que a ti, que le dejaron en el equipo C. Entonces, este niño comenzó a tomárselo bien, en serio y, debido a esto, destacó en este equipo tanto que se convirtió en el máximo goleador. Cada partido marcaba uno o dos goles, a pesar de que perdían muchos partidos. Pero él, con ahínco y ganas, llegó a lo máximo. Y fíjate lo que te digo, Adrià, a ese niño le llegó un día la posibilidad de jugar en el Real Madrid.

—¿De verdad, señor?

—De verdad, Adrià. Tú no te desanimes y lucha. Entrena fuerte que lo vas a conseguir, campeón. Porque, escúchame bien: tú vas a ser un campeón.

JUAN NAVARRO COMINO
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

28 oct. 2016

  • 28.10.16
Comienzo como en un cuento. Nos imaginamos en el cielo, con Nuestro Señor acompañado del arcángel San Rafael. Dios le dice: "Acércate Rafael, contempla ahí abajo. Observa: en aquella casa hay un matrimonio que está discutiendo. Él amenaza a ella e intenta pegarle. Y, fíjate, acaba pegándole. Rafael, esto no lo podemos permitir. Cuando yo creé a la mujer pensé que debía ser muy especial: la hice con espaldas suficientemente fuertes para soportar el peso del mundo pero, a la vez, firmes y confortables.



Le concedí el poder de dar vida y aceptar el rechazo de sus hijos. Le di el poder que le permite seguir luchando cuando todos abandonan, y el de cuidar de su familia a pesar del cansancio o de la enfermedad; le di sensibilidad para amar a sus hijos con un amor incondicional, aunque estos le hayan herido duramente. Y, finalmente, le di lágrimas para que llorara cuando ella sintiera necesidad.

En cambio, lo que no le dije al hombre es que no le gritara, que tampoco la oprimiera y, menos, que le pegara. A esto, Rafael, le tenemos que dar una solución, porque creo que debe haber muchas mujeres que sufren.

—Señor, contemplad aquella otra casa. El hombre le grita a su esposa. Ella está atemorizada en un rincón porque ve venir que le va a pegar. Señor, le está pegando incluso patadas en el vientre.

—¿Sabes qué vas hacer, Rafael? Vas a bajar a poner al menos un poco de solución.

Rafael baja a La Tierra y llama a la puerta de la última casa que vio desde el Cielo. Tardan en abrirle y se oyen unas voces.

—¡Inútil! ¿No estás oyendo que llaman a la puerta? ¡Ve y abre, que no sirves para nada!

La mujer, llorando, va y abre la puerta. Rafael, al verle, le pregunta:

—¿Qué le ocurre señora? ¿Por qué llora?

Ella llora más aun y no le da explicación. El marido, al ver que tardaba, decide salir a la puerta y le dice gritando:

—¡Mira que llegas a ser inútil! ¡No sirves ni para abrir la puerta!

De un empujón, la saca de la puerta.

—¿Si yo fuese una persona gigante y más fuerte que usted, me gritaría? –le pregunta Rafael.

—¡Vamos, hombre! ¡No me diga tonterías: si es un renacuajo!

De golpe, Rafael se convierte en un hombre fuerte, atlético y de metro noventa. El hombre se queda estático y sin reaccionar. No creía la transformación de Rafael. Éste se le acerca y le dice:

—¿Puedo pasar, señor?

—Pase, no se quede en la puerta –le contesta el hombre, asustado.

Rafael toma asiento y le dice:

—¿Le seguirá gritando y pegando a su esposa? Ella es débil y usted abusa de su debilidad. Yo ahora lo cogería a usted y lo destrozaría.

—¡No, por Dios! ¡No lo haga!

—Pues sepa que le voy a estar vigilando. No le vuelva a pegar a su esposa o volveré y no será en son de paz. Será para destrozarle la cara. Vamos, lo mismo que hace usted con su esposa...

El hombre, ante esta situación, tenía tanto miedo que se orinó en los pantalones.

—Bien, yo ahora me marcho pero prométame que no le va a volver a pegar nunca más a su esposa.

—Señor, se lo juro...

—No jure.

—Bueno, pues se lo prometo.

—Bien, pues respétela y quiérala.

—De acuerdo señor, así lo haré.

Y, en un instante, Rafael desapareció de la casa.

Esto, por desgracia para las mujeres, no suele ocurrir en la vida real, que es más cruel por culpa de estos individuos maltratadores de los que, por desgracia, hay demasiados. Individuos que no llegan ni a ser personas, que no tiene piedad hacia sus esposas o compañeras.

Cuando la mujer ha sido nuestra madre, además de ser la madre de nuestros hijos, es el mejor ser que ha creado Dios, con sus defectos, sus virtudes y con su bondad, que la tiene y mucha. Pero, por desgracia, esto no tiene arreglo y el arcángel San Rafael no baja a poner paz, pese a que a más de uno de estos energúmenos no le iría mal un buen escarmiento. Mujeres, no os quedéis quietas: denunciad a estos maltratadores. Esperemos que este mal se arregle algún día y que las mujeres no sufran como pasa ahora.

JUAN NAVARRO COMINO

13 sept. 2016

  • 13.9.16
¿Cuántos de nosotros tenemos algún abuelo en casa? ¿Lo queremos de verdad? ¿Le damos todo el cariño que merece? ¿Nos acordamos de que cuando éramos niños, ellos velaban constantemente por nuestra seguridad, por nuestro bienestar y felicidad? ¿Que se desvivían cuando pasábamos alguna enfermedad y no se movían de nuestra vera? ¿Que una vez, ya de adultos, nuestros problemas eran también los suyos? ¿Que se preocupaban en buscar soluciones para ayudarnos de alguna manera y así poder salir del trance? Todo esto no lo debemos olvidar nunca.



Debemos entender que conforme pasan los años sus reflejos se irán perdiendo y se volverán un poco más torpes. Pero mientras ellos vivan, debemos ser su apoyo constante, colmarlos de atenciones, escuchar sus consejos siempre sabios y con mucha experiencia, como así ellos hicieron por nosotros en su día. A veces, por el descuido o la monotonía del día a día, nos olvidamos del cariño y del respeto que les debemos.

Sé un cuento sobre una familia bien acomodada que nos puede hacer meditar. El padre, con un buen empleo bien remunerado, pasaba la mitad del día fuera de casa; la madre, mujer de fuerte carácter, cuidaba del hijo, de ocho años. Un buen día, el niño llegó a casa tras el colegio. Le dio un beso a su madre y se dirigió al comedor para dar otro beso a su abuelo, al cual encontró llorando y muy triste.

—¿Qué te pasa abuelito?

El abuelo seguía llorando amargamente y no hacía caso a su nieto. Éste volvió a insistirle.

—¿Qué te pasa abuelito? ¿Por qué lloras?

—Pedrito, tu madre me ha regañado y me ha gritado. Ya no me quiere en esta casa.

—¿Y por qué ha sido?

—He roto el plato de la sopa –contestó el abuelo muy triste.

—Bueno, ¿y qué? ¿Te has hecho daño, abuelito?

—No, pero ya he tenido bastante con la bronca que me ha echado tu madre.

—Ya ha pasado todo, abuelito. No llores más. Ahora yo estoy contigo y nadie te va a reñir, ya lo verás –le dijo con cariño el niño mientras le abrazaba.

Al cabo del rato entró el padre en casa y fue a la cocina para saludar a su esposa.

—Buenas noches, Mercedes. ¡Qué semblante más malo tienes!

—¿Cómo quieres que lo tenga si tu padre ha vuelto a romper otro plato y, a este paso, ya me puedes comprar otra vajilla? Hoy, al mediodía, ha sido de loza de la buena. Cuando come sopa, al terminar, levanta el plato y no sé cómo se las arregla que, con el temblor de manos que tiene, lo levanta y plato roto. Esto a mí esto me tiene de los nervios.

—Tu llámale la atención o dile algo, mujer. No creo que sea para tanto. Esto es la edad y es lo que hay.

—Haz lo que te parezca pero, a la larga, vajilla nueva.

—Vamos, mujer. Sé compresiva que algún día también nosotros seremos mayores y nos volveremos torpes como él. Me voy a cambiar y cenamos. Pedrito, ¿vamos a cenar?

—Vamos abuelito, que te acompaño –contestó el niño.

El abuelo se apoyó en su bastón y acompañó a su nieto.

—¡Hola padre! ¿Cómo se encuentra?

—Bien hijo, bien.

Mientras, Mercedes se dispuso a servir la cena y, dirigiéndose a su suegro, le dijo:

—Abuelo, ¡no me vuelva a romper otro plato!

—Iré con cuidado –contestó el abuelo, con voz muy triste.

—Eso me contesta siempre y, al final, lo acaba rompiendo todo.

—¡Déjale en paz mujer! No le pongas nervioso –intervino el marido.

Terminaron de cenar y cuando el abuelo fue a darle su plato a Mercedes, se le cayó al suelo y se le rompió.

—¡Te lo dije José, te lo dije! Hoy ya vamos por el segundo. ¡Esto se tiene que terminar¡ ¡Hay que darle una solución de inmediato!

—Mamá, no le grites al abuelito, ¿no ves que el pobre es muy mayor?

—¡Tu cállate, mocoso, que sólo haces enredar! Y tú, José, ¿no le piensas decir nada?

—Mercedes, creo que no hay para tanto. Tenemos que tener paciencia con él.

—¿Paciencia dices? ¡Vamos hombre, vamos! Si seguimos así yo acabaré de los nervios.

Pedrito ayudó a su abuelo a levantarse y se lo llevó lejos de la bronca de sus padres, pero cuando marchaba escuchó cómo su padre le comentaba a su madre:

—Creo que tengo la solución al problema de los platos.

—¡Menos mal que el señor se da cuenta de la situación!

—Creo, Mercedes, que si le pones de comer en un plato de madera, ya no pasará más. Mañana me iré a un carpintero para que le haga uno y asunto zanjado.

Pedrito quedó estupefacto al oír aquello por la boca de su padre. Al día siguiente, ni en la comida ni en la cena el abuelo rompió plato alguno. Pero aquella noche, cuando Mercedes desenvolvió el paquete con el plato de madera que traía José y lo colocó en la mesa para cenar, el abuelo lloró todo el rato. Pedrito lo observaba, pero no hizo comentario alguno hasta que llevó al abuelo a su habitación.

—¿Qué te pasa, abuelito? ¿Por qué lloras?

—Pedrito, me tratan como al gato, con un plato de madera para comer.

El niño se abrazó a su abuelo, le consoló y no hizo ningún comentario. Al día siguiente, a la hora de cenar, cuando todos ya estaban sentados alrededor de la mesa, Pedrito sacó dos trozos de madera y con el cuchillo comenzó a cortar trozos, intentando hacer un plato.

—Pero ¿qué haces con esas maderas encima de la mesa? –le preguntó su madre.

—Estoy intentando hacer dos platos de madera para que cuando seáis mayores no me rompáis los que yo tenga en mi casa.

José se ruborizo y Mercedes no supo qué contestar. José se levantó de la mesa, se dirigió a su padre y, abrazado a él, le pidió perdón por la actitud que habían tenido, prometiéndole que destruiría el plato de madera.

No creo que ninguno de nosotros lleguemos con nuestros padres al extremo lastimoso de este cuento y sepamos sacar una buena conclusión: demos todo el cariño y más a nuestros mayores que, por mucho, nunca será suficiente. Ellos lo dieron todo por nosotros: ama más quien más da y has de estar presto a dar tu vida entera si fuese necesario por los que, en su día, lo dieron todo por ti.

JUAN NAVARRO COMINO

26 jul. 2016

  • 26.7.16
Hay personas jóvenes, no todas, que solo sirven para quejarse y lamerse las heridas, como se suele decir vulgarmente. Personas que no saben vivir sin quejarse y sin autocompadecerse. Yo conocí en una ocasión a una mujer joven que, en todas las situaciones de su vida, siempre estaba agobiada: si trabajaba, estaba agobiada; si no trabajaba y solo tenía los trabajos de su casa, se agobiaba; al tener niños, el cuidado de sus hijos le agobiaba. Siempre de mal humor y autocompadeciéndose.



En una ocasión yo le comenté –y no le hizo mucha gracia mi comentario– que en mis tiempos de juventud, las mujeres trabajaban ocho horas en un turno en fabrica; a veces trabajos duros pues, en aquellos tiempos, exigieron en los convenios de trabajo los mismos derechos en todo que los hombres. Pero, eso sí, tenían que desarrollar los mismos trabajos.

Por las mañanas, o bien por las tardes –según el turno–, les tocaba llevar la casa, hacer la compra –y sin coche pues, en aquellos años, pocas personas tenían vehículo–, llevar los niños al colegio, etcétera. Algunas contaban con la ayuda de sus maridos; otras no. Pero, de todas maneras, era un buen sacrificio.

Mujeres luchadoras que nunca se quejaban por tener que atender a sus dos o tres hijos, llevarlos al médico, cuidarlos con cariño, o pasar una mala noche si enfermaban y al día siguiente trabajar. Y no se quejaban, ni se autocompadecían. Tal vez esas mujeres estaban hechas de otra pasta. Luchadoras, trabajadoras a tope, y sin quejarse. Sus obligaciones no le daban tiempo a quejarse.

Quizás esto se deba a que la juventud ha crecido con toda clase de comodidades y caprichos, y ahora, con el hecho de la crisis y no tener acceso al trabajo, se han acomodado tan bien que solo saben lamentarse. La mayoría de las cosas que andan mal comienzan a materializarse cuando nos lamentamos. No pierdan el tiempo en lamentaciones y preocupaciones, pues solo traen enfermedades.

JUAN NAVARRO COMINO

15 jun. 2016

  • 15.6.16
Les voy a relatar un poco sobre historia de la encantadora villa en la que llevo viviendo ya unos años, de unos 6.600 habitantes más o menos. Se llama Santpedor, se encuentra en la comarca del Bages, a unos seis kilómetros de la ciudad de Manresa. Antes era totalmente agrícola y en la actualidad, también, pero no con tanta intensidad.



Hace años hicieron dos polígonos industriales con muchas empresas y adquirió un buen auge. Actualmente, con la crisis, la cosa ha ido a menos, lamentablemente. La agricultura sigue, gracias a unos labradores que, con sacrifico y esfuerzo, la van aguantando, pero no con el esplendor de épocas pasadas. Debido a eso la llamaban "El granero de la comarca del Bages".

Conserva un casco antiguo pequeño pero muy bonito. La Plaza Grande, en la cual desembocan las calles del alrededor, acoge el Ayuntamiento, con sus porches, una muestra de la arquitectura civil antigua caracterizada por los grandes portales con ventanas góticas, arcadas del Renacimiento y balcones barrocos.

La restauración a la que fue sometida en el año 1984 dejó una Plaza Grande preciosa, con la escultura del tamborilero que han sabido conservar contra viento y marea. Aún tiene dos puertas antiguas de las que en el siglo XIV llamaban "puertas de entrada a la ciudad". Todo esto lo conservan lo mejor que pueden y el Ayuntamiento es muy estricto en el tema de reformas en el casco antiguo. Y que siga así por muchos años. Aquí lo nuevo se construye fuera del casco antiguo, que es intocable.

En esta ciudad tan acogedora nació, allá por 1790, un joven llamado Isidre Lluçà i Casanoves, “El Timbaler del Bruch” o “El tamborilero del Bruch”, traducido al español. Cuando en el año 1808 las tropas del general francés Duhesme atravesaron la frontera francocatalana y ocuparon sitios estratégicos del territorio catalán, la reacción popular frustró en gran manera los planes de Napoleón y comenzó la Guerra de la Independencia, conocida en Cataluña como "La Guerra del Francés".

Un primer episodio importante, desde el punto de vista moral y como símbolo de la voluntad de resistencia, fueron las batallas del Bruch, en las que una columna de 3.800 soldados franceses comandados por el general Swchars fue derrotada el día 6 de junio de 1808 por tropas regulares y voluntarios de los alrededores.

El paso de los franceses por el Bruch dejó un triste resultado de siete vecinos muertos por los tiros de los franceses, pero ellos acabaron la jornada con 300, que quedaron sobre el campo de batalla. Manresa se libró del desastre solo por unas semanas, ya que finalmente los franceses la asaltaron. Pero esta es otra historia.

El Dr. Antonio Vila, comenta que el somatén de la villa de Santpedor –una institución propia de Cataluña, formada por gente armada que no pertenecía al ejército y que se reunía a toque de campana para perseguir a los criminales o bien defenderse del enemigo– se encontró con catalanes de diferentes sitios que habían llegado allí para enfrentarse al ejército francés mientras hacía parada en el Bruch.

Los sanpedorenses contaban con un centenar de labradores y cazadores bien armados, capitaneados por José Viñas y con Isidro Llusá. El tamborilero, un chico de unos 17 años, se puso a tocar el tambor animando enérgicamente con su sonido a todos los del somatén, y el eco de las montañas de Montserrat asustó a los franceses, que creyeron que se trataba de un gran ejército. Esa caja de guerra que dicen que el chico tocaba asiduamente, según el teniente coronel Francisco X Cavanes, dio un empuje muy grande al somatén para así derrotar a las tropas francesas.



Actualmente, en la carretera del Bruch hay un monumento a El tamborilero del Bruch. Y aquí en Santpedor, su pueblo, en la plaza del Ayuntamiento tiene un monumento que conmemora aquella gesta.

También quiero recordar a los seguidores del Barça que en Santpedor nació José Guardiola, y como es lógico, es terreno culé cien por cien. Y ahora más, después de haber pasado unos años practicando un fútbol precioso. Como madridista, lo reconozco. Pero este año, con la undécima, les hemos callado un poco, aunque los radicales, que son muchos, solo despotrican. De toda la vida ha sido así.

Yo, como merengue, les digo a mis hijos y nietos, que son culés, que vivo en territorio comanche, pero he conseguido que el pequeño de ocho años sea madridista a tope, para conservar así la estirpe merengue en la familia.

Así que aquí estamos ahora, aguantando el chaparrón y esperando que no sea por mucho tiempo más la borrasca. De todas formas, lo mejor de todo son los lunes, en los comedores de la empresa. Allí se forma un buen guirigay, se suelta toda la adrenalina y, después, todos tan amigos y a trabajar, cada uno con sus ideales.

Yo tengo muy buenos amigos culés pero, a la hora de ver el fútbol, prefiero verlo solo. De esta manera, sigo conservando su amistad. Eso sí, al día siguiente de los partidos en los que se enfrentan Barça y Madrid tenemos nuestras tertulias y, como es natural, con diferentes putos de vista, pues estos culés con su madriditis aguda no tienen remedio.

JUAN NAVARRO COMINO

31 may. 2016

  • 31.5.16
Hace unos días me encontré con un amigo de la infancia que hacía casi cincuenta años que no veía. Nos abrazamos llenos de alegría y comentamos cómo ha cambiado todo en la vida, cómo ha avanzado la tecnología en todos los aspectos. Recordábamos los primeros años de aprendizaje de mecánico.



−¿Recuerdas cuando trabajamos con el embarrado de correas en las máquinas? Cuando la broca de diámetro de 30 milímetros no cortaba lo suficiente, se salía la correa del embarrado y se quedaba el torno parado...

Los dos reíamos recordándolo.

−Cómo ha cambiado todo, ¿verdad Félix? −señalaba Juan− A propósito, el otro día, mi hija me enseñó una especie de recuerdo de aquellos años que había encontrado husmeando por Internet. Dame tu correo, que te va a gustar.

Se lo di y nos despedimos con un abrazo. Al recibir su correo, leí que una tarde, un nieto estaba con su abuela hablando y preguntando temas de la vida actual. De pronto, le dice:

−Abuela, ¿qué edad tienes?

−Vamos a ver, Carlos, déjame pensar un poco. Préstame atención y lo sabrás. Nací antes que la televisión; que las vacunas contra la polio; las comidas congeladas; la impresora; el fax; y la píldora anticonceptiva.

Cuando yo nací no existían los radares para los aviones; ni la tarjeta de crédito; ni los rayos láser; ni los teléfonos portátiles. Aún no se había inventado el aire acondicionado; ni teníamos microondas; ni lavavajillas; ni secadoras de ropa. Entonces, la ropa se tendía a secar para que le diera el sol y el aire fresco.

Hay más cosas aún, Carlos. "Gay" era una palabra respetable en inglés que aludía a una persona, contenta, alegre y no homosexual. De las lesbianas nunca habíamos oído hablar y los muchachos nunca se ponían aretes en las orejas. Entonces también conocíamos la diferencia entre los sexos, pero a nadie se le ocurría cambiar el suyo.

La gente no se comunicaba por Internet, ni se hacían citas y, menos, concertar matrimonios a través de la Red de Redes. Mi madre se casó; muchos años más tarde también lo hice yo, y vivíamos juntos; y en cada familia había un papá y una mamá. El hombre aún no había llegado a la Luna y no existían aún aviones para viajeros supersónicos.

No había trasplantes de órganos; se remendaban los calcetines con un huevo de mármol y se destapaban caños. Ahora se destapan las arterias del cuerpo humano. No había dobles carreras universitarias; aún no se dictaminaba el estrés ni traumas prenatales; ni las terapias de grupo con psicólogo.

Jugábamos en la calle al trompo y a las canicas, no teníamos Nintendo. Hasta que cumplí 25 años llamaba a cada hombre "señor", y a cada mujer, "señora" o "señorita". Como podrás ver, Carlos, la vida actual no es como cuando yo nací y me crié. En mi tiempo, la hierba era una cosa que se cortaba, no se fumaba como ahora. La palabra “coca” era una gaseosa y no se inhalaba; la música de Pop Rock era la que la hacia la mecedora de la abuela. Además, fuimos la última generación que creyó que una señora necesitaba un marido para tener un hijo. Y ahora, dime, Carlos, ¿Cuántos años crees que tengo?

−Más de cien, abuela.

−No mi amor. Solamente tengo sesenta.

JUAN NAVARRO COMINO


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