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Mostrando entradas con la etiqueta A las andadas [Juan C. Romero]. Mostrar todas las entradas
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1 ene. 2019

  • 1.1.19
El 2 de diciembre de 2018 marcó un hito en la historia de Andalucía al abrir la puerta a la posibilidad de descabalgar al PSOE del Gobierno de la Junta por primera vez. La suma de las derechas de PP y Ciudadanos junto a los ultras de Vox tienen por delante el desafío de propiciar el relevo de los socialistas, con una responsabilidad que les trasciende.



El próximo ciclo electoral, los posicionamientos a nivel estatal de PP y Ciudadanos, la emergencia de Vox con el 10 por ciento de los votos en Andalucía. Sobradamente se ha hablado de la repercusión que lo ocurrido en las elecciones andaluzas pueda tener fuera de nuestras fronteras.

A menudo se obvia la clave andaluza: lo que está en juego aquí es si serán capaces PP y Ciudadanos, y Vox en la medida en que pueda condicionar a ambos, de poner en marcha un Gobierno con un discurso homogéneo, coherente y con medidas bien planificadas que se distancien del PSOE conservador que ha venido gobernando Andalucía, y que sepan trasladarlas a la opinión pública con solvencia.

La primera vez que en San Telmo tome posesión un presidente ajeno al PSOE tiene un plus de responsabilidad. En Galicia, Emilio Pérez Touriño logró desbancar a los populares y su Gobierno apuntalado por los nacionalistas del BNG fue tan fugaz como el del popular José Antonio Monago en Extremadura.

Las experiencias de otras latitudes vienen al caso para dilucidar que un posible Gobierno de las derechas en Andalucía puede ser un punto de inflexión o puede, también, ser garantía de que la cabra tendrá larga vida en el Sur.

¿La cabra? En la jerga popular andaluza se dice hace décadas que los socialistas, hasta poniendo una cabra de cabeza del cartel, serían capaces de sostenerse, dada la animadversión que tradicionalmente han tenido los andaluces y las andaluzas a las derechas.

La ejemplaridad del nuevo Ejecutivo será una de las claves. Medidas acordadas como la equiparación de honorarios de altos cargos políticos a los del Estado español, lo que supone algunos incrementos de hasta el 100 por cien en gastos de sueldos, no son muy edificantes, como el PSOE y Adelante Andalucía han empezado a denunciar.

Que fuerzas como PP y Ciudadanos –que niegan un salario mínimo de 900 euros para los trabajadores y las trabajadoras– acuerden, así sea con eufemismos, un incremento exponencial de los salarios que perciben los altos mandos políticos, no alientan el mejor ambiente para la puesta de largo del nuevo Gobierno.

La capacidad que Vox tenga de enmendar la plana a PP y Ciudadanos adquiere una relevancia máxima que sabrán explotar desde PSOE y Adelante Andalucía. Será llamativo, si ocurriese, ver a Moreno y Marín defender propuestas de Abascal desde Presidencia, escorados a la derecha más casposa e insensible que cuenta con el rechazo mayoritario del pueblo andaluz.

La gestión del tiempo nuevo abierto tras el 2 de diciembre será compleja pero apasionante para las fuerzas que se han propuesto pasar página, de momento, a la era socialista. La credibilidad de sus medidas y formas, y la eficacia de sus propuestas, dirán el resto.

JUAN C. ROMERO

14 mar. 2018

  • 14.3.18
Verde, blanca y verde, el programa que Canal Sur Televisión emite en su prime time, volvió anteanoche a eludir el debate en clave andaluza con un monográfico sobre la situación de Cataluña que anotó un pobre 2,5 por ciento de cuota de pantalla. El debate, a razón de 43.000 euros por emisión, toca fondo y elude la clave andaluza en sus contenidos.



Una vez más, Canal Sur obvia la función pública que le es inherente y priva a la audiencia de contar con representantes y portavoces de los agentes sociales que han liderado y protagonizado la actualidad en las diferentes provincias andaluzas.

Las preocupaciones de los andaluces pueden esperar. Verde, blanca y verde parece al margen de la defensa de la Sanidad pública,  que sigue dejando en los últimos meses movilizaciones en Andalucía, por ejemplo, las promovidas por el doctor Jesús Candel, Spiriman, desde Granada. Sirve de ejemplo, toda vez que sería inimaginable ver a Candel debatir con autoridades y representantes políticos sobre la Sanidad en Andalucía.

No es un tema excepcional, ni el único agente social que se obvia. Se pasa totalmente de la cuestión andaluza. El diseño de este debate parece concebido para marcar una agenda diferente a la que preocupa realmente a la ciudadanía, como las convocatorias feministas del pasado 8 de marzo desbordaron todas las provisiones, o el profesorado interino en Andalucía, que se echó a las calles para pedir un plan que les dé estabilidad en su trabajo en los centros educativos, mejorando así la Educación pública, o los pensionistas que están preocupados por el deterioro de sus condiciones de vida también en Andalucía, y han convocado movilizaciones para el próximo 17 de marzo.

La selección de estos contenidos parece ideada con el objetivo instrumental a los intereses del Gobierno de Susana Díaz de desviar el foco mediático de las cuestiones de relevancia andaluza a otras cuestiones que nada aportan para la televisión autonómica andaluza, ni son un estímulo para la audiencia andaluza.

El monográfico sobre Cataluña sirvió para que la producción tocase fondo. El prime time de Canal Sur con Verde, blanca y verde obtuvo su peor nota respecto a los tres programas emitidos hasta la fecha con un 2,5 por ciento de la cuota de pantalla.

En una semana marcada por la agitación social en las calles andaluzas como consecuencia de las protestas de pensionistas, profesorado interino o la histórica huelga feminista que el 8 de marzo, Verde, blanca, verde se ampara en la guerra de banderas para alimentar de contenidos su programa con un enfoque controvertido.

La producción de corte oficialista estuvo plagada de lugares comunes y dogmas centralistas al abordar el tema catalán. Entre los invitados para opinar sobre Cataluña faltaban voces más diversas y plurales, y pesaba cierta unanimidad, cuestión que se ponía de manifiesto a medida que tomaban la palabra.

El equipo de Verde, blanca y verde llega a imprimir carácter editorial al programa, que se hace evidente en la manera de plantear las preguntas, en la dramatización de lo que se cuenta, y en el tono. Una tutorización que la audiencia, al hilo de los pobres datos, no estuvo dispuesta a soportar. Desde plató, la copresentadora, Laura Lobo, pregunta si "hay miedo" en Cataluña por el procés.

"Hay sobre todo preocupación y mucha incertidumbre, y eso es lo que vamos a ir desgranando a lo largo de la noche en este programa especial", dramatizaba María López, enviada especial de la superproducción a Cataluña. "La actualidad manda y vamos a estar muy pendientes de la última hora de Cataluña", añadía la enviada especial, como si el tema catalán estuviese eclosionando en la noche del lunes y justificase en modo alguno la conexión de enviadas especiales para relatar alguna noticia urgente al pie de la calle.

Entre los invitados a este monográfico queda latente que Canal Sur rehúye de poner en marcha una producción contando con profesionales andaluces, referentes de los agentes sociales de Andalucía, y en clave andaluza.

Si el objetivo era valorar desde Andalucía la situación de Cataluña, la selección de invitados al debate fue cuando menos controvertida, toda vez que acudieron a la televisión pública andaluza Jordi Xuclá, diputado del PDCAT; Gemma Ubbasat, profesora de Ciencias políticas de la Universidad de Girona; José Rodríguez de la Borbolla, expresidente de la Junta de Andalucía; Gabriel Colomé, profesor de Ciencias Políticas en Barcelona; Rafael Porras, director de El Mundo Andalucía; y Lorena Mostajo, responsable de Casals de Cataluña.

La cuidada puesta en escena, profesionalidad del equipo que no se pone en cuestión, grafismos, sintonías y decorados contrastan con el ritmo lento, tedioso y por momentos desordenado del programa. El debate no fluye. Se interrumpe continuamente con numerosos invitados que conectan desde las pantallas del plató y se salpica de estudios de opinión de la Universidad de Granada que no despiertan interés ni para las personas que deben debatirlos. Entre tantos elementos diferentes y carentes de coherencia unos con otros, la audiencia llega a perderse.

El espacio de Paco Lobatón, pese al alto costo de 43.000 euros por emisión para los andaluces, no contribuye a articular el territorio andaluz y a dar voz a representantes de asociaciones, colectivos o fuerzas políticas para que sean reconocidas para el conjunto de la sociedad andaluza.

JUAN C. ROMERO

14 feb. 2018

  • 14.2.18
En las primeras estribaciones de la Sierra Morena de Sevilla se está haciendo un trabajo trascendental para defender el trazado original de la Vereda Salto de la Trocha, en la Vía de la Plata, entre los pueblos de Castilblanco de los Arroyos y Almadén de la Plata. Un corredor con una rica biodiversidad, con un legado de siglos de historia que hoy puede perderse para siempre por servilismo o negligencia de las autoridades que están llamadas a defender lo público.



Los colectivos y agentes sociales se organizan para dar a conocer la Vereda del Salto de la Trocha con una actividad el próximo 4 de marzo entre Castilblanco y Almadén que anuncian en www.saltodelatrocha.es. Lo hacen sin recursos, conscientes de ser David contra Goliat.

Inexplicablemente, el PSOE de Castilblanco, al frente del cual estaba Segundo Benítez, actual delegado provincial de Agricultura y Desarrollo Rural de la Junta, mandó en 2009 cambiar el trazado del Salto de la Trocha en lo que afectaba a dos fincas privadas, para llevarlo a la cuneta de una carretera. La gente se enteró en 2014 de este cambio solicitado por el equipo de gobierno socialista a merced de un acuerdo con los propietarios de las fincas que ocupaban esta vía pública.

Esta modificación de trazado supone la pérdida de un paraje natural precioso, con valor patrimonial, histórico y etnográfico; vital para entender la vida de los lugareños en tiempos pretéritos. Sus oficios, sus comunicaciones, los abrevaderos y descansaderos donde aliviaba el ganado su pesar. Por eso hay que revertir el cambio de trazado y trabajar junto a la Administración para recuperar estos senderos, señalizarlos y respetarlos en beneficio de la comarca y sus usos.

El relato de los pueblos pasa por estas veredas, patrimonio de toda la ciudadanía. Cambiar su trazado para dejar este capital en manos de los propietarios de Cortijo de Campo y La Yerbabuena, que han venido ocupando esta vereda con connivencia o impunidad, supone traicionar el mandato de nuestras autoridades de defender lo que es de todos. Es, también, borrar de un plumazo parte de nuestra identidad.

La identidad colectiva y la memoria de los antepasados que hicieron vida al calor de la vereda del Salto de la Trocha con los recursos de un espacio vivo y de futuro como el Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla. Es nuestra responsabilidad colectiva defender los espacios y caminos públicos, para que generaciones venideras puedan conocerlo e investigar sobre el terreno. Tienen derecho a conocer el legado de sus gentes.

Hacer patria es reconocer, valorar y respetar lo que es de todos. Por eso, el 4 de marzo se proyecta una actividad para toda la familia: alegre y abierta a senderistas, clubes deportivos, ecologistas, apasionados del montañismo y de la naturaleza. Promovida por los agentes sociales Ecologistas en Acción y Plataforma Ibérica por los Caminos Públicos con el objetivo de transitar, con los permisos pertinentes, por el trazado original del Salto de la Trocha.

La Vereda del Salto de la Trocha es pasado, presente y también está llamada a ser futuro y un pulso de dignidad para nuestra comarca. El 4 de marzo debemos decirlo en Sevilla en un contexto en el que se ha constituido una comisión sobre la Ley Andaluza de Recuperación de Vías y Caminos Públicos.

JUAN C. ROMERO

28 dic. 2017

  • 28.12.17
Lo vimos anoche en La 1 de TVE. Entre risas de los chefs, aparece una anguila viva junto a uno de los concursantes, Juan Antonio, y el programa insta al pequeño concursante a matar al animal para cocinarlo. La escabrosa escena aún aparece en la web del programa de TVE como "la divertida batalla de Juan Antonio contra la anguila".



Televisión Española obvia la función de servicio público que le es inherente en el enfoque de este programa infantil por varias razones que repasamos a continuación:

En primer lugar, al programar un programa con niños, y dirigido al público infantil, donde se pueden ver escenas de violencia o maltrato animal, así sea en el contexto de una cocina y de un programa gastronómico. La broma es aún más perversa atendiendo a la sensibilidad de los menores: de los concursantes y de la audiencia a la que va dirigido este formato.

En segundo lugar, vemos un programa infantil en una televisión pública que arranca pasadas las diez y media de la noche y se alarga hasta la madrugada. Una hora que obliga a la audiencia infantil a trasnochar para seguir la trama del concurso. Justificarlo en que los menores puedan estar de vacaciones no es coherente, toda vez que se sigue obviando el compromiso para la racionalización de los horarios en TVE.

En tercer lugar, RTVE incurre en una gran incongruencia al usar a los niños y niñas de reclamo televisivo en un programa de adultos como MasterChef donde se les inculcan valores de competitividad desde edad temprana. Y al impulsarles a hacer cosas que, como se pudo ver anoche, no estaban seguros de querer hacerlas.

Todo en un ambiente de gran presión ante las cámaras, parte del guión y del espectáculo que vende el programa, y con pruebas como la de matar a una anguila que no comprenden los menores.

"Yo creo que en la pescadería (la anguila) te la dan ya muerta", confesó el concursante Juan Antonio, todavía dudando de lo oportuno de la prueba a la que fue sometido ante la audiencia. Lo que la cadena pública resume como una "divertida batalla", para estupefacción de quienes, como el pequeño concursante, no comprendan si en ediciones próximas del programa puedan instar a los menores a hacer lo mismo con gallinas, vacas o cerdos ibéricos.

La incongruencia de emisiones como MasterChef Junior en TVE estas Navidades llega a extremos perversos. Es así si tenemos en cuenta que la dirección de la cadena pública, que entre 2003 y 2006 mantenía el concurso musical infantil Eurojunior para seleccionar al candidato de España en el Festival de Eurovisión Junior, pero optó desde 2007 por suprimir la representación de España en este festival alegando que el concurso fomentaba "estereotipos que no compartimos". Estas eran las declaraciones del entonces director de TVE, Javier Pons.

La misma dirección de TVE sostenía en esa etapa que era pertinente "abrir una reflexión" en la sociedad española sobre la adecuación de mantener en antena estos concursos de mayores adaptados a menores porque se fomentaban "estereotipos" en un ambiente de competitividad donde es fácil "cruzar rayas peligrosas".

La medida, así argumentada, era del todo razonable si la pretensión era garantizar los derechos de la infancia, fomentar valores como la cooperación frente a la competencia o, aún más importante, cuando hablamos de menores: la no violencia.

"A ver, Juan Antonio, ponlo encima de la tabla y lo cortas, como un chef", indican desde el programa al pequeño concursante, mientras el resto del equipo le indica cómo hacerlo entre risas, en una secuencia marcada por los gritos de los menores que seguían la prueba estupefactos.

Tras esta escabrosa escena en el prime time de las Navidades, con un niño instado por mayores en un programa de televisión a matar a un animal, y aunque RTVE lo defina como "divertida batalla", ¿qué reflexión es conveniente abrir ahora en el seno de la dirección de la pública española?

JUAN C. ROMERO

9 mar. 2015

  • 9.3.15
Suena el teléfono y lo atiendo en casa de mi abuelo, un señor postrado en una silla de ruedas con más de ochenta años que pasa su jornada pegado al televisor. Depende de la asistencia que le dispensamos su familia y una asistenta de servicio doméstico. Al otro lado del teléfono, una operadora de la compañía eléctrica Iberdrola demanda al titular del contrato varias facturas que están pendientes de abonar desde el mes de febrero del año pasado. ¿Qué ha pasado con Sevillana Endesa, la compañía que prestaba servicio a mi abuelo?

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La historia hay que remontarla a los últimos días de enero del año pasado cuando una comercial, subcontratada por la compañía Iberdrola, acude al hogar de este octogenario. Mi abuelo la atiende con agrado, como acostumbra a hacerlo cuando recibe visitas, con la mirada de afabilidad que dispensa por su buena fe a quienes se acercan a saludarle, dado que por su enfermedad no suele salir a la calle.

La comercial, una chica joven, dinámica y con don de gentes, le ofrece un descuento sobre las facturas eléctricas de los contratos que mi abuelo, como titular, tiene con la compañía Sevillana Endesa desde hace décadas. Todo se produce ante mi mirada, silencioso, expectante, observador de lo que allí está ocurriendo. El abuelo saca las facturas y la chica hace anotaciones. Asegura que está haciendo cálculos de los descuentos que le puede ofrecer.

Al cabo de unos minutos, intervengo. De conformidad con la normativa vigente, el precio de la factura de la energía no va a variar de una compañía a otra. Indico a la comercial que mi abuelo, impedido, no está en condiciones de seguir atendiéndola y que mi familia no tiene la intención de efectuar ningún cambio en la factura de electricidad. No por estar satisfechos con el servicio que dispensa Sevillana Endesa, más bien –tras lo observado– desconfiando de la generosidad de esta agente comercial y de sus promesas de descuento.

La comercial, ante mi intervención, muda su gesto y se muestra ofendida. La carga de responsabilidad la pasa sobre mi espalda: “¿Estás dispuesto a seguir pagando de más por tu factura de electricidad?”, acierta a decir elevando el tono de voz, en una actitud que empieza a ser jocosa. Sin ánimo de entrar en una discusión, la invito a que abandone la casa de mi abuelo, donde ya se le ha dejado claro que no hay interés por aceptar los servicios y descuentos que ofrece, y así lo hace.

Desde que accede a la vivienda hasta que se marcha, no han pasado más de 10 minutos. No ha mediado de parte del titular de los contratos de electricidad una solicitud o petición para cambiar la facturación de su compañía eléctrica. No existe un documento en el que mi abuelo haya depositado su firma o dado su consentimiento expreso para que se proceda a cambiar de compañía eléctrica los contratos que hasta entonces mantenía con Sevilla Endesa.

No se le informa por parte de esta agente comercial al abuelo octogenario en mi presencia, en ningún momento, de que la petición de las facturas para ese supuesto descuento se tradujeran en un cambio fraudulento de las condiciones contractuales.

Siguiendo con la llamada telefónica, al otro lado del teléfono la operadora del servicio de atención al cliente de Iberdrola me hace saber que está al tanto de esta historia. No en vano, llamé a Iberdrola cuando en febrero del año pasado llegó, por sorpresa, la primera factura a casa. Le hago saber que el titular del contrato no reconoce a Iberdrola como su compañía de electricidad, debido a que ha sido estafado por esta compañía, al cambiar a todos los efectos las facturas de una compañía a otra sin su consentimiento formal.

El servicio de atención al cliente de Iberdrola replica que a ellos “no les importa” en qué condiciones se produjo el cambio de contrato. Aceptan así el fraude y dejan de manifiesto la falta de sensibilidad y la mala praxis con la que opera esta compañía eléctrica.

Sugieren, además, que es responsabilidad del cliente, mi abuelo octogenario, haberles hecho saber cuando llegó la primera factura que no querían cambiarse de compañía, a lo que replico que el titular de la línea no solicitó cambio alguno, por lo que no tiene que desenredar este entuerto, que es responsabilidad única de las malas prácticas de las empresas que subcontratan en el área comercial para captar clientes a toda costa.

Estas campañas de captación de clientes entre las compañías eléctricas se valen de dos cuestiones relevantes que conviene resaltar. La primera, la precariedad de los jóvenes y la estructura piramidal de las empresas que las eléctricas subcontratan para captar clientes y, en segundo lugar, las personas indefensas como mi abuelo, que son las víctimas perfectas para atraparlas en estos contenciosos, a sabiendas de que tendrán muy difícil revertir el mal que estos comerciales han ocasionado. Por ello, la operadora se permite incluso elevar el tono de voz y no tiene impedimentos en mostrarse altiva ante el “cliente” captado.

En tono desairado, la operadora del servicio de atención al cliente de Iberdrola asegura que seguirá demandando el abono de las facturas que adeuda, y opta finalmente por colgar el teléfono.

En las redes sociales, el servicio de atención al cliente de Iberdrola llega a manifestar que han revisado la documentación y que la contratación “se hizo de forma correcta”, y van más allá al asegurar la documentación “aparece firmada por el titular”. Esta afirmación tiene especial relieve porque remite de manera clara y directa a que se podría haber cometido un delito: la falsificación de la firma del titular de los contratos.

El portavoz de FACUA, la asociación para la defensa de los consumidores, Rubén Sánchez, ha solicitado a Iberdrola que remita esa documentación en la que aseguran que aparece la firma del titular, de mi abuelo, a la dirección donde pretenden facturar el servicio de electricidad.

Iberdrola tiene, en última instancia, la obligación de enviar esta documentación para que el titular pueda verificar si la compañía ha cometido un delito al falsificar la firma del cliente, que en todo momento ha estado al margen de la operación que el área comercial llevó a cabo.

Con este relato pretendo manifestar mi rechazo a las prácticas fraudulentas de compañías eléctricas como Iberdrola, y llamar a la responsabilidad de la Administración pública para intervenir cuando las compañías abusen de manera clara –como en el caso que aquí se detalla de manera pormenorizada– de la ciudadanía en los servicios que debían dispensar con todas las garantías para los clientes.

Más aún cuando se trata de un servicio fundamental como es la energía eléctrica, y de un cliente octogenario y dependiente que ha sido víctima –y mientras no resuelvan el entuerto seguirá siéndolo– del abuso de esta multinacional de la energía y sus malas artes en el área comercial en España.

JUAN C. ROMERO

23 feb. 2015

  • 23.2.15
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, va de una negación en otra: las primarias en noviembre, la consulta de temas relevantes a su militancia o la expulsión de los imputados cuestionan su liderazgo y credibilidad. Parece que fue ayer cuando Pedro Sánchez participaba en un debate con los otros aspirantes a la Secretaría General del PSOE, José Antonio Pérez Tapias y Eduardo Madina. Como candidato, presentó una batería de propuestas para ganar la confianza de la militancia y que depositasen en él la responsabilidad de liderar un PSOE bajo mínimos, quizá en uno de los peores momentos de su historia.

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Pasado el tiempo de las promesas, en la Secretaría General el flamente número uno del PSOE parece empeñado en reeditar el pasaje bíblico que protagonizó otro Pedro, el del Nuevo Testamento: las tres negaciones.

El Pedro Sánchez que aspiraba a ser secretario general de su formación política adquirió el compromiso de convocar un proceso de elecciones primarias para designar en noviembre al candidato a la Presidencia del Gobierno en España. Tras su holgada victoria y su ascenso a la Secretaría General con el envenenado respaldo de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, el nuevo secretario general dio un paso atrás.

"Elecciones primarias abiertas para la elección del candidato a la Presidencia del Gobierno y extender ese modelo a todos los niveles del partido, con las normas que fijen todos juntos", era la máxima del aspirante Pedro Sánchez.

Ni rastro de las primarias en noviembre de 2014. Este proceso para la participación y la democracia interna sigue en el aire hasta la fecha. “Iba a proponer ese mes pero defiendo la autonomía de la Ejecutiva Federal para acordar con los barones y marcar la propia agenda. Las primarias se van a hacer sí o sí”, esgrimió entonces.

El frente abierto en el partido en Madrid tras la expulsión manu militari de Tomás Gómez y la negativa de la Ejecutiva Federal del PSOE para convocar un proceso de primarias para designar a la persona que encabezará la lista del PSM a la Comunidad de Madrid suponen otro borrón para la credibilidad de Pedro Sánchez.

El decálogo de medidas que pondría en marcha el aspirante Pedro Sánchez nada más tomar la batuta del PSOE deja a las claras una máxima: "del dicho al hecho hay mucho trecho". Atiendan a esta propuesta porque parece ser un problema para el ahora secretario general: "Asambleas abiertas de la Ejecutiva ante los militantes y consultarles en temas trascendentales”.

Con el objetivo de presentarse como un hombre de Estado, Pedro Sánchez no tuvo inconveniente en pactar con el Gobierno de Mariano Rajoy el pacto antiyihadista donde, aunque con una pirueta, los socialistas toleraban por primera vez la cadena perpetua para terroristas.

Este pacto estuvo lejos de ser consultado a la militancia socialista. Es posible que Pedro Sánchez no se percatara de que, en efecto, la cadena perpetua es un tema trascendental para el modelo de sociedad que pretende articular. Sin embargo, el líder legó al PSOE una estampa muy significativa en un acto de máxima solemnidad junto al PP, sellando su acuerdo junto al presidente del Gobierno.

Las distancias que marcaron el resto de fuerzas políticas del hemiciclo al pacto antiyihadista pusieron de manifiesto la soledad de Pedro Sánchez, cuestionado ya ante los suyos, y ha sido interpretado como un preludio de la cacareada "gran coalición" que abiertamente defienden en los últimos meses destacados dirigentes tanto del PSOE como del PP.

En el programa de Jordi Évole, Salvados, Pedro Sánchez se comprometió a actuar con contundencia ante la corrupción en el seno de su partido. Sobre la mesa, el caso de los ERE en Andalucía y la instrucción que la juez Mercedes Alaya elevó al Tribunal Supremo en lo referido a las personas que tienen en estos momentos la condición de aforados.

Si los expresidentes de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán y Manuel Chaves fueran imputados ¿Serían expulsados del PSOE? "Les pediré que renuncien a su acta de senador y diputado" aseguró Pedro Sánchez ante las cámaras de Salvados, en medio de una acalorada conversación en la que una familia en Cataluña sacaba los colores al líder socialista.

¿Qué ha pasado? El PSOE de Pedro Sánchez volvía a desdecirse y solo unos meses después de comprometerse en un programa de televisión, la citación del Tribunal Supremo a los expresidentes de la Junta en calidad de imputados le deja evidencia. El portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Antonio Hernando, salía al paso para matizar la contundencia de la que alardeaba en la televisión su secretario general: una cosa es la telegenia y otra la determinación o la coherencia en la acción política.

La negación del equipo de Pedro Sánchez a sus propias palabras se ha traducido en dos versiones dispares en sólo 45 minutos. El momento en el que habría que tomar medidas con Chaves y Griñán sería la apertura de juicio oral, algo que, por otra parte, descartan absolutamente que se vaya a producir.

Antonio Hernando remitió entonces al Código Ético del PSOE, para minutos después ofrecer otra versión y sostener que los expresidentes de Andalucía imputados deberían dejar sus actas en el Senado y en el Congreso si, tras declarar ante el Tribunal Supremo, se les acusase de la comisión de algún delito.

Las negaciones de Pedro Sánchez han llevado a su propia militancia a la paradoja de tener que buscar argumentos para defender cuestiones que no comparten o, en ocasiones, que abiertamente les avergüenzan. Cuestiones que preocupan en el seno de los socialistas, como en los últimos meses no han tenido problema en expresar abiertamente desde diferentes sectores del PSOE.

JUAN C. ROMERO

30 sept. 2014

  • 30.9.14
La política es todo posicionamiento. Las personas somos seres sociales, y ser social es también ser político, porque implica tomar decisiones en una u otra dirección. En este marco, para tomar decisiones y tener la posibilidad de aportar a un proyecto común y de convivir de manera organizada en el seno de una comunidad, se deben abrir cauces de participación donde se puedan razonar y argumentar los posicionamientos, y debatir sobre las cuestiones de relieve con la disposición de llegar a consensos que legitimen y refuercen los sistemas de organización (en continua evolución, flexibles, sujetos a cambios) que nos damos.

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Tras el referéndum en Escocia, algunas reacciones se mantienen escoradas en la anécdota del "Sí" o del "No", obviando el mensaje de fondo de la consulta escocesa, una máxima del sistema democrático: el derecho de la ciudadanía a participar, a decidir.

El Gobierno de Mariano Rajoy abogó por el discurso del miedo. “Han elegido entre la segregación y la integración, entre el aislamiento y la apertura, entre la estabilidad y la incertidumbre, entre la seguridad y el riesgo cierto. Y han elegido la opción más favorable para todos: para ellos, para el resto de ciudadanos británicos y para el conjunto de Europa”, citó el presidente español, valorando el resultado en clave política y haciéndolo además en favor de una de las partes: quienes, en esta consulta, defendían la permanencia de Escocia en Reino Unido, frente a su segregación.

La base de su argumentación se articula desde un verbo que resulta clave en este contexto: “han elegido”. Las demandas que la ciudadanía hace al Gobierno español en las movilizaciones de los últimos años en Cataluña no defienden la secesión, aunque de manera interesada el discurso de quienes están en contra de una consulta catalana pretenden estigmatizárles bajo esta falsa premisa, y hablan de un hipotético “día después”. Lo que la sociedad en España está demandando es participación. Es voz. Es el derecho a tomar partido, a implicarse, a la elección.

Haciendo un guiño a la política que el Partido Popular viene practicando para referirse a las nacionalidades históricas del Estado español, Rajoy refería “las grandes consecuencias económicas, sociales, institucionales y políticas que habría supuesto su separación del Reino Unido y de Europa”. Un razonamiento simplista con el que pretende advertir a Cataluña de las consecuencias de una elección en un debate que, de partida, se les niega.

El presidente deja entrever la escasa voluntad política para resolver desde el diálogo, y con los instrumentos que pone a nuestra disposición el sistema democrático, las crisis políticas, económicas, institucionales o territoriales.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, ponía el acento en el “sí a un futuro juntos y el no al inmovilismo y la ruptura” por parte de Escocia. Reconocía la responsabilidad que en última instancia tienen las dos partes implicadas directamente en este proceso democrático: Escocia y Gran Bretaña, para reformular su relación y ofrecer soluciones tras la consulta.

Extrayendo la enseñanza para el caso de España y Cataluña, Pedro Sánchez considera que hay que abrir “un tiempo de renovación” para “redefinir un nuevo marco de convivencia territorial”.

El líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, fue al meollo de la cuestión para rescatar –sin entrar en la anécdota de los dos posicionamientos que se votaban– una enseñanza: “la democracia cohesiona infinitamente más que divide”.

Lara defendió la convocatoria de una consulta catalana donde IU no se posicionaría en favor de la independencia, sino de una España federal. Carolina Bescansa, de Podemos, optó igualmente por destacar la consulta escocesa como un ejemplo de normalidad política y democrática.

En la antípoda de esta clave: la participación ciudadana, el derecho de las personas a decidir en su comunidad, se escoraban otros partidos. De vencedores y vencidos hablaba el número dos de UPyD en el Congreso, Carlos Martínez Gorriarán, al asegurar que de la consulta escocesa sobresalía “una derrota del nacionalismo” que servirá para “pegar un frenazo a todo el mundo secesionista”.

Quizá el debate debamos abordarlo desde ahora entre quienes ven necesario abrir cauces de participación y quienes pretenden negarlos con verdades eternas. El “frenazo” al secesionismo, que cita UPyD al hablar de vencedores y vencidos, conecta con otra clave de valor: es fruto de la voluntad colectiva por medio del referéndum y, a toro pasado, abre desde este instante infinitas posibilidades de crear un proyecto común, entre escoceses y británicos, entre españoles y catalanes, y andaluces, y vascos, y murcianos…

Desde el compromiso político y la participación ciudadana en el sistema democrático que construyen y del que forman parte. “No hay mejor prueba del progreso de la civilización que el progreso del poder de cooperación“, que decía John Stuart Mill.

JUAN C. ROMERO

4 jun. 2014

  • 4.6.14
A la par que coherencia, en la fuerza que algunas personas desconocían hasta las elecciones del 25 de mayo demandan ética en el ejercicio de la política. Proponen convergencia con otras fuerzas políticas –esto es: diálogo, negociación, consenso, Política- y, al igual que su misma irrupción, supone un motor de cambio para la forma de hacer política y para los aparatos que progresivamente hurtaron la capacidad de decidir de la ciudadanía y fueron restando legitimidad popular a los liderazgos y a sus proyectos políticos para subordinar el interés común en intereses propios.

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Está forzando una renovación en conjunto. Atañe al sistema y al principio de representación de la ciudadanía en las administraciones públicas. Asume la máxima manifestada en sucesivas protestas ciudadanas donde se demandaba la democratización de nuestras instituciones y mayores cotas de participación en la toma de decisiones, tras la eclosión de los movimientos sociales en los últimos años.

El éxito de Podemos, más allá de lograr la confianza de 1,2 millones de personas en unas elecciones, reside en la promesa de cambio. El temor de otros partidos está en el potencial de esta promesa.

Es un mensaje que cala en una ciudadanía que observa cómo la impunidad reina en las élites de poder: sea en el seno de la Corona española hundida en su ilegitimidad; en el partido que sostiene la acción del Gobierno de Mariano Rajoy cuestionado por los sobresueldos y las cuentas de sus patriotas autoridades en paraísos fiscales mientras se recortan derechos, libertades y servicios; en el caso del PSOE con sucesivos escándalos y posicionamientos que lo alejan de postulados que llevan en sus siglas y de ser una alternativa de Gobierno.

Pero también en el caso de la patronal con el expresidente de los empresarios, Gerardo Díaz Ferrán, encarcelado por sus abusos; de instituciones hondamente antidemocráticas como el Fondo Monetario Internacional, o hasta de las fuerzas sindicales, con el escándalo que ensombrece la acción y la imagen de UGT, también en Andalucía, lo que denota que la acción desde los más diversos ámbitos del ejercicio de la política (la toma de decisiones en instituciones, gobierno, oposición, empresariado, sindicatos) no estuvo regida por el interés de servir al bien común.

Si estas acciones no estuvieron encaminadas a servir a la ciudadanía ¿A qué intereses se subordinaron? Los partidos políticos, la banca acreedora, el gran capital y los intereses de los medios de comunicación tradicionales han jugado un papel determinante. Lo siguen jugando.

En este marco, el profesor universitario Pablo Iglesias anunció que la campaña de Podemos no subordinaría su discurso al interés de bancos o amigotes que puedan condicionar luego la acción de esta fuerza en las administraciones públicas, sustituyendo el gobierno por el bien común en un gobierno por el sostén de privilegios y la devolución de favores.

Esto le da legitimidad popular a sus decisiones, y les permite marcar distancia ante las presiones de los lobbies que dan forma a las políticas que nos han traído hasta esta crisis: amnistías fiscales, subidas de impuestos, recortes en los derechos laborales y en los salarios, o pactos entre PP y PSOE para garantizarse la vara de mando ante sus superiores (la banca y el gran capital) que han sustituido a las bases y a la militancia en la toma de decisiones.

Del análisis de referentes de nuestra vida política, como el expresidente Felipe González, subyace una paradoja. El viejo líder socialista que dio forma al Estado Social en España, a instancias de la ciudadanía que lo elevó a la Presidencia, es hoy a Podemos lo que los grises fueron al joven que se hacía llamar Isidoro en los años previos a la Transición en este país.

Esto nos lleva a una reflexión. ¿Por qué la ciudadanía precisa de apuestas como la que hacen visibles hoy Pablo Iglesias, Íñigo Errejón o Jesús Jurado, y un sinfín de anónimos que con su labor han dado forma a una opción de cambio factible?

Desde el bipartidismo que ha edificado nuestro sistema democrático se tilda de "extremismo" o de "bolivariano" (de la caricatura que desean vendernos de Hispanoamérica y su bagaje en las salidas ante la crisis) las demandas de respeto a las bases de nuestro propio ordenamiento, que propone Podemos.

Perciben como una amenaza que se apueste por la igualdad de las personas ante la ley para terminar con la impunidad, por la redistribución de la riqueza y ese principio de solidaridad que se traduce en una progresión fiscal para que la construcción de nuestra sociedad sea equilibrada y no a costa de dejar a otros colectivos en las cunetas, o que se haga una defensa de los derechos a los que la ciudadanía debe tener acceso: la Educación –no para dogmatizar a las personas, sino para hacerlas libres- y la Sanidad –porque la salud no puede ser un negocio y no puede estar sujeta a intereses de rentabilidad que no sea la rentabilidad social- u otros como la Vivienda, que es un derecho y no un negocio.

De las plazas del 15-M en 2011 se hicieron muchas lecturas. Una corriente minoritaria en la opinión pública, apostó en aquel contexto, por ejemplo, por paralizar los desahucios. Mientras los medios ("los brazos ejecutores del sistema", según el teórico Helbert Schiller) criminalizaban estas acciones, las personas que las protagonizaban advertían que el desahucio era un drama social, además de un abuso, y señalaban a los responsables de estas ejecuciones hipotecarias.

Esta corriente minoritaria logró hacerse mayoritaria en la opinión pública, y dio lugar a un posicionamiento de la Unión Europea en la que advertía a España de la ilegalidad de nuestra Ley Hipotecaria.

Podemos es ciudadanía: consecuencia de un tiempo donde la conciencia social cobra importancia. De ahí que los viejos eslóganes y los líderes de sonrisas y selfies causen hoy rubor ante amplias capas de nuestra sociedad que los miran con pasmo, preguntándose cómo los viejos partidos se muestran incapaces de ofrecer una respuesta a un sistema que ya se ha derrumbado, al menos en la manera en que venía reproduciéndose hasta 2011.

Podemos es una buena noticia, con independencia de que se comparta la ideología de esta fuerza que irrumpe en nuestro sistema para cambiarlo, porque ha logrado situar una alternativa donde decían que era imposible que emergiese, y porque su acción cuestiona al sistema y necesariamente fuerza al avance de todas y cada una de las fichas del tablero.

En lo que a partir de ahora pueda traducirse la opción Podemos, una vez que han logrado hacerse visibles y acceder a las administraciones, tomarán partido infinidad de variables y la honestidad de las personas que se acerquen a hacer y a servir a la ciudadanía.

JUAN C. ROMERO

21 ene. 2014

  • 21.1.14
Lo único nuevo en el viejo sindicato UGT-Andalucía y de sus prácticas –cuestionadas en estos meses y que cierran explosivamente con la era de la concertación social- es su secretaria general, Carmen Castilla. Y ni es nueva, ni tiene los 100 días de rigor para demostrar el cambio.

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El Gobierno de la Junta de Andalucía de Manuel Chaves y de José Antonio Griñán, algún responsable del Ejecutivo de Susana Díaz, la patronal andaluza y hasta los sindicatos –los pilares que sostuvieron la concertación social- han saltado por los aires con las instrucciones judiciales que hacen, aunque a años vista, una labor fiscalizadora que en su momento, por hache o por be, tampoco tuvo la capacidad de hacer la oposición en nuestra tierra. La paz social de discursos pasados suena ahora a la compra de las voluntades de personas y de organizaciones a golpe de pesetas o de euros –muchas y muchos-.

Entre auto judicial y exclusiva periodística, salta al ruedo otra cara nueva, la de Carmen Castilla. Recibe de sus últimos compañeros cuestionados en el estamento superior del sindicato el mando de la organización UGT. Su nombramiento no ha estado exento de polémica en el seno de la propia institución sindical: muchos no entienden que en medio del escándalo sea una persona de la misma Ejecutiva bajo sospecha la que siga, a la desesperada, capoteando el chaparrón ante la opinión pública.

Los críticos, y buena parte de la base, llamaban a conformar una gestora para erradicar las malas prácticas de su élite, y erradicar cualquier atisbo de connivencia con las personas deshonestas que hubieran podido manchar en algún momento al sindicato con sus erradas decisiones.

Las comparaciones de Carmen Castilla con la secretaria general del PSOE y presidenta de la Junta, Susana Díaz, no se han hecho esperar. Y es que ambas vienen del mismo poder interno cuestionado en sus organizaciones. Ambas, también, han subido al estrado presentadas como una novedad, con la sorna ambiciosa de "un nuevo tiempo", al tiempo que se muestran "implacables" ante una corrupción que nos avergüenza. Y a ellas, dicen, también.

Pero en el sindicato, como en el seno del renovado PSOE o del Gobierno de PSOE y de IU, no están para paños calientes, y la flamante responsable Castilla tendrá complicado un respiro o querer gozar de los 100 días de rigor para demostrar cuánto de implacable va a ser ante las situaciones de abuso que hayan podido derivarse de años de presunto descontrol del dinero público recibido para formación.

Si desde la Junta se demandaba con la apertura de un procedimiento administrativo formal la devolución de 1,8 millones de euros que recibió UGT y que no quedaron justificados, desde la Secretaría General de UGT-Andalucía empiezan a matizar.

"Subsanar presuntos errores de documentación", cita Carmen Castilla, con la esperanza de abrir un periodo de alegaciones en el que tengan opción de aportar la documentación necesaria para justificar lo hasta ahora injustificado.

En todas partes cuecen habas, y hasta desde el PP andaluz se han hecho fuertes con la organización sindical y demandan una ejemplaridad poco vista hasta ahora en las filas conservadoras.

Con una pata en la instrucción judicial y otra en los medios de comunicación –donde se airea la etapa dorada del estamento superior de UGT-, los trabajadores asisten confusos al cambio y al nuevo tiempo que no marca el sindicato sino la "extremadamente agresiva" –en palabras del ministro Luis de Guindos- reforma laboral española, que liquida derechos laborales mientras otros ministerios elevan dogmas al ordenamiento jurídico o pretenden, a golpe de decretazo y publicación en el BOE, castellanizar a ciudadanos o amordazar y limpiar las calles de una indignada mayoría social en proceso severo de empobrecimiento.

El ritmo vertiginoso de los cambios resta honores a Carmen Castilla y a la capacidad de movilización de su sindicato, y la sitúa ante un desafío sin igual para ganarse el favor y la confianza no de las mismas organizaciones cuestionadas, sino de la ciudadanía que espera defensas también desde los sindicatos de clase para sumar fuerzas y librar la batalla que cada viernes se escribe en el BOE.

Castilla debe despojar la estructura sindical de lo accesorio, depurar responsabilidades sin concesiones, y bajar UGT de los despachos de abogados a las calles de Andalucía, de donde no debieron distanciarse en ningún caso.

JUAN C. ROMERO

15 dic. 2013

  • 15.12.13
En un mundo donde el dogma capitalista invita a desregular cualquier actividad, Uruguay ha dado un paso en la dirección contraria. Es el primer país en regularizar la producción y autoconsumo de cannabis. ¿Es una decisión acertada?

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La iniciativa se saldaba hace unos días con el apoyo mayoritario del Senado –antes lo obtuvo de la cámara de representantes- de la república oriental del Uruguay: se regula la producción y consumo de cannabis.

El Estado de este pequeño país del Río de la Plata, donde no viven más de tres millones de personas, ha dado por perdida la batalla contra el narcotráfico –que, en las últimas décadas, ha segado la vida de miles de personas y ha llenado las cárceles de ciudadanos- y ha apostado por regular en un campo donde hasta ahora sólo se imponía la ley del más fuerte: la del lucro de organizaciones mafiosas, la del delito y, en algunos casos, la del crimen.

La falta de control sobre la producción de marihuana ha hecho fuertes a las mafias al tiempo que el problema de salud pública en nuestras sociedades no ha hecho sino agravarse, con la percepción de que las políticas han errado.

La regulación aprobada por el Senado de Uruguay es una primera base, arriesgada como las demás alternativas, para avanzar en la solución de un problema, una vez que la administración oriental ha tomado conciencia de que las viejas soluciones no venían a dar respuestas a las cuestiones actuales heredadas de décadas anteriores.

Esta propuesta para regular contó con el respaldo de representantes de la oposición, de colorados y blancos, al no existir disciplina de voto en el país oriental, y lejos de ser fruto de una improvisación del Gobierno del exguerrillero José Mujica, con el apoyo del Frente Amplio que avala las políticas de su Ejecutivo, es consecuencia de un debate que desde el año 2010 ha estado presente en el seno de la sociedad uruguaya.

Con el objetivo de obtener el monopolio de la producción de cannabis en el país, y dispensar de manera controlada y segura en las farmacias la marihuana, Uruguay invierte la lógica de las mafias, y asume como responsabilidad del Estado este problema de salud pública para proteger a la ciudadanía y anular las situaciones de fuerza que hasta ahora quedaban en manos de las mafias.

Lo acertado o errado de esta nueva política habrá de valorarse conforme se ponga en marcha, si bien cabría preguntarse si la desregulación en otras áreas ha sido beneficiosa para la ciudadanía o por contra ha alimentado situaciones de abuso sobre el Estado y sobre el conjunto de la sociedad.

¿Ha sido acertada la desregulación del sector bancario que ha llevado a países como España a una de las crisis más importantes económica, institucional y social? ¿Ha sido acertada la desregulación de los medios de comunicación que ha propiciado la concentración de los medios en unos pocos de gigantes multinacionales que controlan la mayoría de cadenas de televisión y cabeceras tradicionales?

Hacer juicios de valor sobre esta política aún por implementar es prematuro. Por contra, sí es posible analizar en nuestras sociedades lo que décadas de desregulación han promovido. Y es esa una buena base desde las que aportar nuevos marcos de acción política.

JUAN C. ROMERO

23 ago. 2013

  • 23.8.13
Tras una primera etapa de éxito en Andalucía, el desembarco de Toñi Moreno con el programa más solidario en la cadena pública estatal es la apuesta de RTVE para las primeras sobremesas sin telenovelas en varias décadas.

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El programa llegará con novedades la próxima semana, la primera: el español neutro de Moreno. La presentadora parece haber dejado el acento de su habla andaluza en Despeñaperros, en una decisión que pone de relieve cómo todavía hoy el andaluz no está bien visto, aún siendo la cadena de todos.

En RTVE todo está a punto para el estreno del programa Entre todos. Es la adaptación del formato Tiene arreglo que ha liderado las mañanas en Canal Sur Televisión con una fórmula y un equipo bien engrasado para encontrar a cada problema una solución.

Cuenta con la cómplice y solidaria participación de otras personas, que hacen posible que los casos de las personas con dificultades que pasan por plató vayan resolviéndose en directo.

Entre las claves del formato, en la televisión andaluza, destacó la proximidad de su presentadora, Toñi Moreno, una todoterreno versátil, curtida en formatos como Andalucía Directo, capaz de empatizar y meterse en el bolsillo a propios y a extraños. Su marcado acento andaluz, de Sanlúcar de Barrameda, fue parte de la identidad del programa en la autonómica, y consciente de ello, se hizo gala de esta particularidad en Andalucía para prestigiar el andaluz.

Pero las promociones de Entre todos que hasta ahora se han acercado a las pantallas de la cadena estatal han llamado la atención de los andaluces, y no por los significativos cambios que pueda tener el formato, que mantiene la esencia de su antecesor, sino por el tratamiento al habla andaluza. En La 1 de RTVE, la presentadora Toñi Moreno camina por una ciudad hablando un español neutro: su andaluz se ha esfumado en antena.

Lo que pudiera parecer un tema baladí, el acento de un comunicador, no lo es si tomamos en consideración la valoración que se tiene del andaluz como un “español mal hablado”. Este estigma a las hablas andaluzas se estudia en las universidades, y redunda en el tópico andaluz y en la percepción que a nivel estatal se tiene de Andalucía, o en la que los propios andaluces tienen de sí mismos y de su manera de hablar.

¿Hablan "mejor" o "peor" que en Madrid? Es una pregunta recurrente, que no debiera ser todavía en 2013 un motivo para ridiculizar a las personas que habitan en determinado territorio, que presentan los rasgos propios de esa región a la hora de comunicarse con otras personas en la oralidad.

El bloqueo a la diversidad de lenguas, dialectos y hablas en RTVE, en este caso al andaluz de Moreno, pasaría desapercibido, de no ser porque el desembarco del equipo de Tiene Arreglo coincide con el anuncio del posible retorno de Los Morancos a la primera cadena de TVE. ¿Con qué acento creen que harían reír a nivel estatal los hermanos Cadaval con su show en el prime time?

Como lo hiciera la mítica Juani en Médico de Familia, Jorge y César hablarán andaluz en su programa. Un programa de humor. Y los humoristas llamarán a Josua desde la ventana de su plató con unas voces que nos resultarán familiares de Despeñaperros para abajo. Y veremos a la madre de Antonia en ese mismo sketch corrigiéndola por "hablar mal", y tratándole de enseñar a hablar como habla esta renovada Toñi Moreno que promociona RTVE para hacer solidarias las tardes desde los estudios de la tele de Madrid.

El español neutro de Moreno pasaría desapercibido de no ser por el agravio para los andaluces, en el que ahondan luego las autoridades políticas a lo largo y ancho del Estado.

Artur Mas propinó un bofetón a los andaluces cuando espetó que los niños andaluces no saben hablar. O en la misma línea desde las filas populares, con la diputada Montserrat Nebrera, cuando dijo que el acento andaluz “parece un chiste, un chiste malo”, en alusión a las particularidades del habla de la entonces ministra Magdalena Álvarez.

En definitiva, sobre el andaluz pesa todavía hoy la losa de los clichés y de los estereotipos. Del centralismo exacerbado, y de la bota que durante siglos pesó sobre la sien de los trabajadores y de las trabajadoras del campo. Mujeres y hombres analfabetos trabajando de sol a sol por su subsistencia, con el azote de su irrelevancia tatuado en su piel, de los que hablase y teorizase Blas Infante, el padre de la Patria Andaluza.

JUAN C. ROMERO
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7 ago. 2013

  • 7.8.13
No sé si es moderna o antigua. Si camino por una calle o me voy por los tejados de la ciudad. Si hay vida en las derruidas construcciones, o si en su decadencia se abraza el olvido a la melancolía. Viseu se dibuja sobre un promontorio, coronado por dos edificios singulares: la iglesia de la Misericordia y la Catedral.

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En torno a ellos, tan pronto parece que estamos en una zona urbana como en la profundidad del campo, como sugieren las bolsas de suelo y corralones, constantes en el centro como en la zona residencial.

En la parte baja, el legendario Viriato, líder de las tropas lusitanas y celtíberas que resistió a la dominación romana, observa desde la monumental escultura erigida en su honor, el devenir de los actuales íberos (portugueses, españoles, gallegos, catalanes, vascos…) que enfrentan el desempleo, la emigración que vacía su territorio, los recortes para saldar deudas, y la dominación del capital en la voz despectiva y el dictado de la Troika.

Por el empinado viario del casco histórico los adoquines de granito confinan la historia con lo coetáneo, y los restos de la muralla se integran con la arquitectura de coloridos edificios de impronta moderna, haciendo un guiño al que lo ve y desmontando a su paso los prejuicios de quienes desconfían de la compatibilidad en el casco antiguo del pasado con el futuro, en la acción permanente de nuestro presente.

Los parques y espacios públicos derrochan frescor con árboles y plantas, y se prodigan por toda la ciudad con impecable mantenimiento, dando cuenta del civismo y de la exquisita relación del entorno con sus gentes.

Las fuentes, de diversos tipos son frecuentes en el callejero, alivian una temperatura que, para ser verano, rara vez supera los treinta grados, haciendo agradable el encuentro en alguno de los bancos que invitan a echarse a la calle para conversar, para leer, o simplemente para cuestionar un modelo de ciudad, rico en matices, diseñado para las personas.

Las vías peatonales y las áreas de esparcimiento dan buena cuenta de esta clave, que no está reñida con los intereses de los vehículos privados o de los comercios. Muchos de estos comercios son despachos, viejas tiendas de proximidad que se resisten a abandonar su histórico emplazamiento o a cederlo a las franquicias globales que homogenizan los centros de las ciudades.

Los gatos se regodean en las esquinas sombrías de las calles estrechas que bajan desde el cerro donde se levanta Viseu, con pasajes en los que uno camina con temor de sorprender a otros viandantes de imprevisto, o de elevar más de lo justo la voz haciendo que vuelva a pasar el tiempo en un lugar que parece condenado a entenderse con las estampas de tonos sepias, donde las agujas dan a entender que también se han ido ya del reloj.

Las telarañas, el óxido de rejas o de candados cerrados hace décadas, los jardines desatados, y la madera descarnada de alguna ventana o puerta a lugares deshabitados, acompañan a los vecinos en un quehacer diario que no parece estar regido por el extrés o las prisas. El funicular es un medio de transporte de renovado brío en Viseu, con unas cabinas nuevas que acarician como en otro tiempo la cuesta, y ayuda a los viseenses a hacer llevadera la subida.

Un anciano duerme la siesta tardía a las seis y media de la tarde sobre un gran sillón venido –como casi todo aquí- a menos. Al fresco, al relente, como un actor sobre un decorado en el escenario de su ciudad. Su gorra de visera lo protege de un sol que hace horas dejó de ser una molestia, pero hace apacible su descanso.

Entre los balcones y los ventanales de las casas juegan los geranios de colores, dando un toque pintoresco y alegre al vivir de los fríos bloques de piedra esconchados de las fachadas. Otras, por contra, lucen engalanadas con nobles cerámicas de estampados que parecen tejidos. Son la piel y el ángel de un caserío a veces desangelado que burla las líneas rectas, y la seguridad del viandante.

En algunas plazas, cafés y restaurantes sacan sus veladores al viario, y como los edificios públicos, convidan a la ciudadanía a compartir su experiencia desde la capital del distrito de Viseu con el resto del mundo, gracias a unas redes de wi-fi abiertas. Los templos siguen un mismo patrón arquitectónico de estilo neobarroco dieciochesco, conocido como estilo Juan V, con fachada labrada coronada por un escudo de armas, con una o dos torres para el campanario, generosas ventanas y paredes de color blanco.

En una ida y vuelta caprichoso del destino, el aire colonial no llega de América, sino de África. La población afrodescendiente es una minoría notable en Viseu. Recuerda a la capital oriental del Río de la Plata, Montevideo, y a su popular Barrio Sur. Al son de los tambores del candombe, y a la rebeldía del Sur. Sones de protesta, de queja, de falta, de nostalgia y también de melancolía, como el fado. Parábola, hoy, de la rebeldía de unos pueblos que se resisten a ser esclavos de los nuevos poderosos.

JUAN C. ROMERO
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