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23 feb. 2015

  • 23.2.15
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, va de una negación en otra: las primarias en noviembre, la consulta de temas relevantes a su militancia o la expulsión de los imputados cuestionan su liderazgo y credibilidad. Parece que fue ayer cuando Pedro Sánchez participaba en un debate con los otros aspirantes a la Secretaría General del PSOE, José Antonio Pérez Tapias y Eduardo Madina. Como candidato, presentó una batería de propuestas para ganar la confianza de la militancia y que depositasen en él la responsabilidad de liderar un PSOE bajo mínimos, quizá en uno de los peores momentos de su historia.

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Pasado el tiempo de las promesas, en la Secretaría General el flamente número uno del PSOE parece empeñado en reeditar el pasaje bíblico que protagonizó otro Pedro, el del Nuevo Testamento: las tres negaciones.

El Pedro Sánchez que aspiraba a ser secretario general de su formación política adquirió el compromiso de convocar un proceso de elecciones primarias para designar en noviembre al candidato a la Presidencia del Gobierno en España. Tras su holgada victoria y su ascenso a la Secretaría General con el envenenado respaldo de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, el nuevo secretario general dio un paso atrás.

"Elecciones primarias abiertas para la elección del candidato a la Presidencia del Gobierno y extender ese modelo a todos los niveles del partido, con las normas que fijen todos juntos", era la máxima del aspirante Pedro Sánchez.

Ni rastro de las primarias en noviembre de 2014. Este proceso para la participación y la democracia interna sigue en el aire hasta la fecha. “Iba a proponer ese mes pero defiendo la autonomía de la Ejecutiva Federal para acordar con los barones y marcar la propia agenda. Las primarias se van a hacer sí o sí”, esgrimió entonces.

El frente abierto en el partido en Madrid tras la expulsión manu militari de Tomás Gómez y la negativa de la Ejecutiva Federal del PSOE para convocar un proceso de primarias para designar a la persona que encabezará la lista del PSM a la Comunidad de Madrid suponen otro borrón para la credibilidad de Pedro Sánchez.

El decálogo de medidas que pondría en marcha el aspirante Pedro Sánchez nada más tomar la batuta del PSOE deja a las claras una máxima: "del dicho al hecho hay mucho trecho". Atiendan a esta propuesta porque parece ser un problema para el ahora secretario general: "Asambleas abiertas de la Ejecutiva ante los militantes y consultarles en temas trascendentales”.

Con el objetivo de presentarse como un hombre de Estado, Pedro Sánchez no tuvo inconveniente en pactar con el Gobierno de Mariano Rajoy el pacto antiyihadista donde, aunque con una pirueta, los socialistas toleraban por primera vez la cadena perpetua para terroristas.

Este pacto estuvo lejos de ser consultado a la militancia socialista. Es posible que Pedro Sánchez no se percatara de que, en efecto, la cadena perpetua es un tema trascendental para el modelo de sociedad que pretende articular. Sin embargo, el líder legó al PSOE una estampa muy significativa en un acto de máxima solemnidad junto al PP, sellando su acuerdo junto al presidente del Gobierno.

Las distancias que marcaron el resto de fuerzas políticas del hemiciclo al pacto antiyihadista pusieron de manifiesto la soledad de Pedro Sánchez, cuestionado ya ante los suyos, y ha sido interpretado como un preludio de la cacareada "gran coalición" que abiertamente defienden en los últimos meses destacados dirigentes tanto del PSOE como del PP.

En el programa de Jordi Évole, Salvados, Pedro Sánchez se comprometió a actuar con contundencia ante la corrupción en el seno de su partido. Sobre la mesa, el caso de los ERE en Andalucía y la instrucción que la juez Mercedes Alaya elevó al Tribunal Supremo en lo referido a las personas que tienen en estos momentos la condición de aforados.

Si los expresidentes de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán y Manuel Chaves fueran imputados ¿Serían expulsados del PSOE? "Les pediré que renuncien a su acta de senador y diputado" aseguró Pedro Sánchez ante las cámaras de Salvados, en medio de una acalorada conversación en la que una familia en Cataluña sacaba los colores al líder socialista.

¿Qué ha pasado? El PSOE de Pedro Sánchez volvía a desdecirse y solo unos meses después de comprometerse en un programa de televisión, la citación del Tribunal Supremo a los expresidentes de la Junta en calidad de imputados le deja evidencia. El portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Antonio Hernando, salía al paso para matizar la contundencia de la que alardeaba en la televisión su secretario general: una cosa es la telegenia y otra la determinación o la coherencia en la acción política.

La negación del equipo de Pedro Sánchez a sus propias palabras se ha traducido en dos versiones dispares en sólo 45 minutos. El momento en el que habría que tomar medidas con Chaves y Griñán sería la apertura de juicio oral, algo que, por otra parte, descartan absolutamente que se vaya a producir.

Antonio Hernando remitió entonces al Código Ético del PSOE, para minutos después ofrecer otra versión y sostener que los expresidentes de Andalucía imputados deberían dejar sus actas en el Senado y en el Congreso si, tras declarar ante el Tribunal Supremo, se les acusase de la comisión de algún delito.

Las negaciones de Pedro Sánchez han llevado a su propia militancia a la paradoja de tener que buscar argumentos para defender cuestiones que no comparten o, en ocasiones, que abiertamente les avergüenzan. Cuestiones que preocupan en el seno de los socialistas, como en los últimos meses no han tenido problema en expresar abiertamente desde diferentes sectores del PSOE.

JUAN C. ROMERO

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