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10 mar. 2015

  • 10.3.15
Hace unas semanas aparecía en este medio un magnífico artículo titulado Abuelos en la familia, en el que, desde la información que aportan los dibujos realizados por escolares, se refleja el importante papel que juegan los mayores. Abuelos que derrochan ternura y despiertan la afectividad de nietos y la cohesión familiar. Artículo impecable, acertado y significativo. ¡Benditos abuelos!

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Lo que empezó siendo un escueto comentario al citado artículo, se ha convertido en una reflexión más extensa en la que desglosar algunas consideraciones sobre el papel, el uso y a veces el abuso que de los abuelos se pueda estar haciendo en estos momentos.

Esbozo un breve repaso de ese rol tan especial que están cumpliendo muchos de ellos. Y como suelen ser personas muy responsables, con frecuencia soportan servidumbres más allá de lo que deben porque decir "no" a los hijos implicaría roces no deseables. Ante todo el deber… ¿Defectos de una educación que les enseñó a dar el callo? Posiblemente sí.

En estos momentos, la esperanza de vida es alta y ello hace que la cantidad de personas mayores en buenas condiciones físicas e intelectuales, sea envidiable. Mayores con un amplio abanico de posibilidades a las que adherirse, tanto lúdicas como culturales o de ocio y que derrochan vitalidad.

Los abuelos y abuelas van al cole para recuperar una etapa perdida o para afrontar los nuevos retos familiares. Aulas cargadas de estudiantes sesentones con más ilusión que cuando tenían doce años y que, ¡ay dolor!, hasta van a la escuela a prepararse para así cumplir con la misión que les han impuesto o han aceptado por mor de unas condiciones familiares concretas.

Los abuelos, actualmente, han pasado de ser un estorbo a ser explotados, manipulados, exprimidos, usados… No dudo que también queridos, sobre todo por los más pequeños. ¿Exagerado? Por los datos contrastados parece ser que no. Simplemente, son necesarios sus servicios y en bastantes casos es indispensable su dinero.

El papel de los abuelos ha cambiado en la sociedad actual de manera estrepitosa, hasta el punto de pasar de sujetos pasivos a ser activos e imprescindibles en el cuidado de los nietos. Digo "cuidado" y no "educación" adrede. Son aprovechados como una alternativa a la guardería o al parvulario, a causa de situaciones de agobio socioeconómico familiar. Pero también como manifestación “del egoísmo de una sociedad que exige demasiado”. En muchos casos se les está “explotando descaradamente”.

Abuelos y abuelas hacen de canguros (palabra esta, definida por la RAE como “persona, generalmente joven, que se encarga de atender a los niños pequeños en ausencia corta de los padres”). En este caso, los términos “generalmente joven y ausencia corta” suenan a choteo que deja escapar una sonrisa irónica. Cierto que se prestan con cierta actitud de alegría por el bien de los pequeños.

Pero los abuelos son más que una guardería o un colegio: son un eficaz complemento de la tarea educativa de los padres y contribuyen a reforzar lazos familiares. Los dibujos del citado artículo dejan este matiz muy claro. Su capacidad de entrega y de aguante es ilimitada, a pesar de sus goteras.

En unas líneas más arriba hablaba del "cuidado" y no "educación", que pueden prestar los abuelos. Me explico. Si ellos son los que se ocuparán de atender a los nietos, llevarlos y traerlos del colegio, jugar con ellos, supervisar sus deberes, darles de comer e incluso acostarlos, hay que hacerlo bajo unas reglas, unos patrones de actuación consensuados con los padres. Aquí entra el factor educación.

Para atender a los nietos hay que acordar previamente los términos educativos y hábitos a cumplir, buscando la coherencia con los progenitores. Los abuelos deben saber hasta dónde pueden llegar en las normas, que siempre deben ser, insisto, consensuadas con los padres. Conviene no olvidar que son mayores y que sus fuerzas merman con cierta rapidez para no sobrecargarlos más de lo necesario.

Los abuelos deben tener claro que se trata de cuidar y de cómo hacerlo para no pasar a ser unos consentidores. Paciencia frente a tirar la toalla es clave en su proceder diario. Las soluciones educativas deben buscarse en coordinación con los padres, respetando en todo lo posible el criterio de estos, pero siempre el acuerdo se hará en ausencia de los retoños. Estos no deben intuir que hay desacuerdos entre unos y otros, en el caso de que eso ocurriera. Un abuelo desautorizado se convierte en un pelele en manos de avispados y chantajistas nietos.

Las actividades a realizar con ellos, tanto en casa como en el parque, deben ser lo menos onerosas para los abuelos, sin cortar las alas a los niños, en la medida de lo posible, pero sin consentir más allá de lo debido. Y detalle importante: cuando un pequeño se hace daño estando bajo su tutela, se sufre doblemente por el crío y por lo que puedan pensar los padres. Siempre quedará un rescoldo de culpabilidad. Quitarle hierro al percance es bueno para todos. ¡Psicología parda!

Cariño sin mimitos ni ñoñeces. Fuertes sin ceder terreno. Los niños son pequeños pero no tontos. Me estoy refiriendo al cuidado de niños de Infantil y Primaria. Ocuparse de adolescentes sería una carga difícil de llevar, aunque también la realicen. Es más, hasta se pueden convertir en cómplices en pro de ganarse su confianza para poder aconsejar. Conviene no perder de vista que los nietos pueden enseñar cosas nuevas a los abuelos, sobre todo los mayores, pero encargarse de estos es otro cantar.

Cuidar a los nietos debe ser una opción que no limite su libertad y nunca una onerosa obligación. El calificativo "oneroso" lo empleo muy a conciencia dado que conozco un suficiente número de abuelos explotados por las circunstancias. Y otro dato importante: jamás se debe confundir ni superponer el rol de abuelos al de padres.

Conviene recordar que hay vida en la etapa de la jubilación. Que es importante que los mayores recuperen su papel secundario frente a una acumulación de tareas obligatorias provenientes de la ayuda que puedan prestar con los nietos. Que ese abuelo o esa abuela también tienen sus aficiones, ganas de divertirse, necesidad de estar con los de su edad, porque la socialización entre iguales es signo de identificación, a la par que permite ir tomando conciencia de las limitaciones que día a día les ganan terreno y sobre todo de la aceptación de las mismas.

A los 20 años reina la voluntad, a los 30 el espíritu, a los 40 el juicio, a partir de los 60 agobia, en muchos casos, el cansancio. Y un "¡ya no estoy para estos trotes!" se escapa de sus labios resignados.

Está claro que envejecer es el único medio de vivir mucho tiempo. Pero ¿la factura que están o pueden estar pagando los abuelos es justa? ¿Con la vejez se acabó la pasión para dar paso a la utilización y/o a la compasión? Los mayores también necesitan atenciones, mimos, detalles. Digo esto porque cuando no son útiles, cuando hay que pasar a cuidarlos, cuando ya estorban, se entrecruzan a veces los cables, crece un deseo interno de que cualquier día de estos se mueren.

Hasta aquí algunas de las ideas desarrolladas en una Escuela de Padres y Madres y que mejor deberíamos llamar "de Abuelos y Abuelas", dado el alto porcentaje que ahora están sustituyendo a los progenitores en su contacto material con los hijos y con el colegio. En la relación académica parece ser que los padres aún no han delegado del todo. Pero demos tiempo al tiempo y todo se andará.

M. J. MOLINA / REDACCIÓN

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