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26 feb. 2015

  • 26.2.15
No sé si es bueno, malo o medio pensionista, pero hablamos más de Grecia que de Cataluña: ¡quién nos lo iba a decir hace nada! Hay días, incluso, que ni se menta a Artur Más en un telediario. Supongo que el hombre debe estar, por ello, un tanto afligido porque, encima, cuando sale es por cosas de dineros oscuros de negocios pujolianos o hasta de cuentas paternas –y no del padre político sino del propio–.

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Se le ha pillado, además, dos veces en mentira. Una por esa cuenta paterna en la que figuraba con DNI y que tras negar reconoció, como quien no quiere la cosa, que la conocía desde el siglo pasado. La otra eran los negocios de la familia Pujol, que enfatizaba ignorar, pero resulta que se iba a inaugurar aunque fuera a Rosario (Argentina).

Pero de Cataluña llevamos un tiempo hablando menos. Desde que don Arturo hizo aquello de “adelantar” las elecciones que algunos querían hacer para ayer, retrasándolas para nueve meses después, que es la más extraña manera de adelantar algo que uno ha contemplado en su vida.

La “cosa” separatista parece como un poco adormilada pero no creo que tarde en despertar de nuevo y dará sus sobresaltos por las municipales. Pero se detecta en el ambiente que acusa cierto reumatismo en los andares y que, ademas, los unos a los otros se ponen palos en las ruedas pretendiendo ser ellos los que conduzcan a los rebaños a los pastos feraces de la independencia, ese país de la leche y de la miel donde si se separan de España hasta se cura el cáncer. La crisis, vamos, desaparece en un instante. En el momento mismo de la proclamación ya no queda de ella ni rastro.

Más allá de ironías, con sordina me secretean que hasta los más encendidos andan un poco apagados. Que de hacerse las elecciones de otoño, esa mayoría independentista absoluta no tiene muchos visos de ser muy triunfante ya no en el censo, que ni se sueña, sino ni siquiera en escaños y que hacer gobierno luego va a ser tarea complicada.

Los analistas más enterados, o que van de ello, suponen que justo en ese punto es cuando comienza a declinar el astro secesionista. Y uno, que no alcanza a tales arcanos, lo único que espera es que les acompañen los hechos a sus pronósticos.

Pero lo que les digo, de lo que hablamos es de Grecia. Con mucha pasión, además. Y con cierto desenfoque, también. La cuestión es ahora no lo que deben, que solo a España, y no andamos nosotros precisamente sobrados, es más de 26.000 millones, sino lo que piden.

Porque ha de saberse que la cuestión no es que ahora Grecia pague, que eso no tiene que hacerlo hasta dentro de varios decenios, sino que necesita, y con urgencia de vida o muerte, más dinero. 15.000 millones de euros exactamente. Es Grecia quien los pide y ha de ser Europa quien los preste. Y ese es un matiz esencial e importantísimo más allá de las chulerías camiseras de su ministro fashion. Cada una de ellas, puro Armani pero muy progre, cuesta lo que tres trajes de los ministros a los que que llama "capitalistas retrógrados".

Con ello vamos a estar un tiempo. Pero no mucho. Porque el plazo sí o sí acaba el día 28 de febrero, que este año ni siquiera da un día de propina. El tiempo se le agota en ese mismo momento a Tsipras y a Syriza, que tienen el legítimo derecho a hacer de su capa un sayo, pero convendrán ustedes conmigo que con su ropa pueden hacer lo que les venga en gana pero que no ha de ser eso con nuestra “tela”.

Y hablando de “tela” es inevitable hablar de lo que hablamos ahora más que de nada. De los Podemitas y sus dineros y padrinos, esa Venezuela que será una democracia pero que cada día parece más dictadura y a ese Maduro que apresa a sus opositores y les envía a la siniestra policía política bolivariana: ¡cómo me recuerda a la BPS franquista!

Que la huella de los dineros de la cúpula podemita –se llamaran antes como les viniera en gana– empieza siempre en Caracas es algo tan evidente como un rastro de sangre en la nieve y que las tardías explicaciones y documentos preparados ad hoc por Monedero, por mucho que pretendan camuflar y enturbiar, aclaran en realidad ya no procedencias y destinos, cada vez más evidentes, sino las verdaderas intenciones de los dadores y los tomadores.

Pero es que, además, el dinero recibido obliga. Y cómo se nota que obliga. Podemos está en un brete. Cambiar de principios o emboscarlos. Puede ir parcheando y hurtando cuerpo de doctrina y cara pero llega un momento en que no quedará otro remedio que retratarse. Y en estos meses que vienen a Podemos ya no le va a quedar otra que hacerlo. Y de verdad, no en sus habituales púlpitos y con sus periodistas de agitprop y alfombra.

ANTONIO PÉREZ HENARES

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