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27 feb. 2015

  • 27.2.15
Esta semana se han cumplido 34 años del intento de golpe de Estado protagonizado en el Congreso de los Diputados por el teniente coronel Tejero, en Valencia por el teniente general Milans del Bosch, en las cercanías del poder por el general Armada y en las alcantarillas por el CESID.

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Llevamos 34 años en los que el entonces secretario general del servicio secreto, Javier Calderón, ha defendido que no sabía nada, algo que la realidad de los hechos ha demostrado que no era cierto. Varios agentes de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) condujeron el autobús de los golpistas hasta el Congreso, lo que quedó demostrado por la denuncia formulada por uno de los miembros de la unidad, el sargento Rando Parra.

Este se lo comunicó a uno de los jefes de la unidad de confianza, el comandante Camacho, quien cometió el pequeño error basado en lealtad de pasarle la información a Calderón, que en realidad era el que mandaba en aquel momento.

Calderón, íntimo amigo del jefe de la AOME, el comandante Cortina, intentó frenar la investigación que implicaba al CESID, pero no lo consiguió ni con los intentos de silenciar y después matar a Rando.

Cortina resultó libre en el juicio, pero no así su segundo, Gómez Iglesias, que fue condenado. Un nuevo director, Emilio Alonso Manglano, nombrado unos meses después, hizo una limpieza en el CESID que consistió en quitar a todos los golpistas de su fila. Lo que no pudo evitar es que en 1996 el presidente Aznar nombrara director del servicio a Javier Calderón, que lo primero que hizo fue echar a Camacho y a Rando como venganza por su intervención en las denuncias del 23-F.

34 años después que nadie se lleve a engaño: el CESID se movió en las alcantarillas para que el golpe triunfara, por mucho que lo nieguen sus protagonistas.

FERNANDO RUEDA

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