El periodismo no es una realidad que se encuentre suspendida en el aire. Como todo producto cultural, se encuentra condicionado —hay quien diría que determinado— por las estructuras económicas, tecnológicas y sociales en las que se encuentra. Sin embargo, esta verdad es todavía más determinante en el periodismo, en tanto que un periódico, un boletín informativo o cualquier otro producto informativo es una mercancía con valor social.
El fin de toda mercancía es su realización, o sea, su venta. No obstante, ¿cuánta gente puede haber dispuesta a pagar por un bien tan abundante como la información de actualidad? La respuesta de los grandes grupos mediáticos es una apuesta más o menos sincera por la calidad. Por desgracia, cuesta creer en la independencia de grupos tan endeudados y dependientes de la publicidad institucional.
Resulta difícil hablar de plena independencia cuando los grandes medios dependen de la publicidad institucional para sostener sus cuentas, lo que acaba produciendo un mayor rechazo hacia los mismos. Los eventos académicos y profesionales vinculados con el periodismo gustan de sentencias apocalípticas relacionadas con la profesión, aunque no pocos de sus miembros son parte del problema. En ocasiones, por sus prácticas. En otras, por centrarse en exceso en ese valor social que resulta tan determinante en el periodismo.
El periodismo tiene que ser veraz, por supuesto. Debe tener calidad, tanto en sus informaciones como en sus opiniones, así como un compromiso con la ciudadanía. Pero cabe preguntarse hasta qué punto tiene sentido tratar de estas cuestiones en un contexto de polarización y precarización laboral, sin profundizar en sus dimensiones materiales.
El periodismo que viene será para minorías, aunque no tiene por qué ser elitista. En una economía basada en la segmentación, la especialización conllevará —y está conllevando— una información más cercana en términos geográficos o de interés. Hablamos del periodismo local y del especializado.
Asimismo, en un contexto de polarización en el que las verdades a medias son el día a día, la información es cada día menos suculenta para el consumidor medio. Buena parte de la sociedad busca opiniones que refuercen lo que ya piensa, y una minoría más exigente demanda interpretación, análisis y contexto.
No será el fin del periodismo. Sencillamente, se transformará. El periodismo ha vivido en constante cambio desde que a alguien se le ocurrió imprimir una carta informativa. Y lo seguirá haciendo, en consonancia con la realidad económica, tecnológica y social que le toque vivir. La pregunta es si nosotros seremos capaces de adaptarnos a ella.
Haereticus dixit
El fin de toda mercancía es su realización, o sea, su venta. No obstante, ¿cuánta gente puede haber dispuesta a pagar por un bien tan abundante como la información de actualidad? La respuesta de los grandes grupos mediáticos es una apuesta más o menos sincera por la calidad. Por desgracia, cuesta creer en la independencia de grupos tan endeudados y dependientes de la publicidad institucional.
Resulta difícil hablar de plena independencia cuando los grandes medios dependen de la publicidad institucional para sostener sus cuentas, lo que acaba produciendo un mayor rechazo hacia los mismos. Los eventos académicos y profesionales vinculados con el periodismo gustan de sentencias apocalípticas relacionadas con la profesión, aunque no pocos de sus miembros son parte del problema. En ocasiones, por sus prácticas. En otras, por centrarse en exceso en ese valor social que resulta tan determinante en el periodismo.
El periodismo tiene que ser veraz, por supuesto. Debe tener calidad, tanto en sus informaciones como en sus opiniones, así como un compromiso con la ciudadanía. Pero cabe preguntarse hasta qué punto tiene sentido tratar de estas cuestiones en un contexto de polarización y precarización laboral, sin profundizar en sus dimensiones materiales.
El periodismo que viene será para minorías, aunque no tiene por qué ser elitista. En una economía basada en la segmentación, la especialización conllevará —y está conllevando— una información más cercana en términos geográficos o de interés. Hablamos del periodismo local y del especializado.
Asimismo, en un contexto de polarización en el que las verdades a medias son el día a día, la información es cada día menos suculenta para el consumidor medio. Buena parte de la sociedad busca opiniones que refuercen lo que ya piensa, y una minoría más exigente demanda interpretación, análisis y contexto.
No será el fin del periodismo. Sencillamente, se transformará. El periodismo ha vivido en constante cambio desde que a alguien se le ocurrió imprimir una carta informativa. Y lo seguirá haciendo, en consonancia con la realidad económica, tecnológica y social que le toque vivir. La pregunta es si nosotros seremos capaces de adaptarnos a ella.
Haereticus dixit
RAFAEL SOTO ESCOBAR
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL






























