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Rafael Soto | De cara a la pared

Uno de los peores castigos que recuerdo es que te pusieran de cara a la pared. Prefería que me tiraran de la oreja o que me hicieran copiar un texto cien veces. Cualquier cosa menos quedarme de cara a la pared. ¿Lo habéis pensado alguna vez? El castigo es triple. A la vez que te humillaban, te quedabas en suspenso. No aburrido, ojalá. Quedabas en suspenso porque te quedabas de pie a la espera de lo que tuviera que pasar, y lo hacías de espaldas a un maestro y a unos compañeros ante los que quedabas desamparado.


Ser castigado con permanecer de pie frente a la pared imprimía carácter: aprendías a esperar y a mantenerte a la expectativa. No mirabas lo que tenías enfrente. Toda tu atención estaba puesta en la audición. Cualquier movimiento, cualquier sonido podía ser una bola de papel, una jugarreta de tus compañeros, una colleja del maestro —en el mejor de los casos, porque también podía ser un compañero que aprovechara una distracción del amo del aula— o cualquier otra situación desagradable.

A los niños se les castigaba a colocarse frente a la pared porque eran niños, y tenían que aprender. Era por su bien. Pero después venía la rehabilitación: si nada había ocurrido durante el castigo, el maestro decía tu nombre y te permitía volver a sentarte. Un alivio porque se acababa el castigo y te reinsertabas.

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No sé si hoy se seguirá castigando de esta manera. En realidad, lo más probable es que sean los padres los que pongan contra la pared a más de un maestro. De hecho, la insistencia en que los alumnos sean tratados como adultos —“con respeto”, he llegado a oír— choca con la tendencia actual a que los adultos sean tratados como niños.

Cada dos por tres nos están diciendo cómo debemos actuar, hablar e incluso pensar. Ejemplos como el último libro de Juan Soto Ivars o la última película de Torrente nos recuerdan que, en cualquier momento, podemos ser manchados por el tabú cuando existe la más mínima sospecha de rebeldía frente a las corrientes hegemónicas.

Y claro, ahí el dilema: cuanto más se pone a la gente de cara a la pared, más ganas existen de ponerse de cara al sol. Y eso, queridos míos, no se resuelve con más dosis de puritanismo ni con resistencias antifascistas. Se resuelve con las ideas claras y la mano abierta. Y eso hoy no abunda.

Haereticus dixit

RAFAEL SOTO ESCOBAR
FOTOGRAFÍA: ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL

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