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10 feb. 2015

  • 10.2.15
¿Sacamos punta al lápiz? Desgranemos algunas informaciones que pueden darnos una fugaz visión de cómo está el panorama en relación al tema del no entendimiento entre culturas de credo distinto como pueden ser musulmanes y cristianos. En dicha relación sale perdiendo la libertad y la convivencia. Repasemos algunas virutas con datos que han ido apareciendo por distintos escenarios.

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La viruta más grande que se desprende de este despuntado lapicero, que porfía por la libertad frente al fanatismo contumaz es, sin lugar a dudas, la ausencia indefinida de la publicación Charlie Hebdo. Hace algunos días nos anunciaban que su próximo número quedará aplazado indefinidamente. ¿Cansancio, pesar, fatiga, cierto temor? Es posible que exista un poco de todo eso ya que no es fácil mantener el tipo ante la sinrazón y la barbarie de sectarios asesinos.

Por lo general, no tenemos problemas con la mayoría de musulmanes. Sí que tenemos y serios, con una minoría terrorista a la que no interesa para nada el resto de la gente ni el diálogo que se pueda establecer. Por contra, al conjunto de musulmanes que son amantes de la paz no se les suele oír. Se han hecho irrelevantes por su silencio.

En España, la comunidad islámica rechaza y condena el terrorismo porque consideran que es contrario a la esencia de su religión, a la par que supone un obstáculo para su integración. Ya es importante oír la voz de algunos de ellos que se sienten integrados a pesar del mal recuerdo de la masacre de Atocha, la cual, por motivos que no vienen a cuento, no identificamos plenamente con el terrorismo islamista. Desde luego no hay que ser tan ingenuos como para pensar que todos los musulmanes opinan así. Pero hay campo para la esperanza.

Fanatismo y terrorismo se dan la mano. Se trata de actos cometidos en nombre de una religión que profesan cerca de mil doscientos millones de personas en todo el mundo. Sectarios que ponen bombas, decapitan periodistas, asesinan a correligionarios, violan y esclavizan niñas son el gran cáncer para la tolerancia y la convivencia y representan un auténtico obstáculo en la integración de los musulmanes en muchos países. Cáncer que es necesario extirpar, pero ¿cómo?

Para Salman Rushdie, perseguido en otro momento por sus Versos Satánicos, está claro que respetar la religión ha terminado por significar “tener miedo a la religión”. Las amenazas al escritor marcan el inicio de una islamofobia por parte del integrismo como banderín de enganche para hacer creer que estaban siendo rechazados.

Esta viruta es simpática, al menos para mí, aunque no deja de tener su dengue. Para un clérigo musulmán de Indonesia las autofotos (selfies) son pura arrogancia y un pecado que atenta contra la pureza de la mujer. Como si la pureza fuera un vestido de quita y pon, cuando realmente es algo de más calado que está en el corazón de la persona.

El poeta sirio Adonis (Ali Ahmad Said Esber), cuya lectura recomiendo, deja muy clara la necesidad que tienen los musulmanes de dar un salto hacia la modernidad separando la cultura, la sociedad y la política de la religión. Esta debe permanecer en el ámbito de las creencias individuales.

Michelle Obama ha sido duramente criticada por no aparecer con velo en el funeral del rey Abdalá. Algunos lo justifican porque el velo no es obligatorio para mandatarios de fuera. Otros atacan por ser una irreverencia. Otros opinan que tal gesto representa una defensa del derecho de la mujer a cubrir o no cubrir su pelo. Gustos, opiniones válidas mientras no nos lleven a darnos de hostias. No es fácil saber qué intenciones abrigaba la señora pero hay que pensar que el gesto es muy válido.

Virutas interesantes, con signos externos que algo dicen. En la bandera de Arabia Saudí, país que custodia los lugares santos y sagrados del islam, una espada sirve de cimiento a una significativa frase del Corán. En el emblema nacional una palmera se sustenta sobre dos alfanjes cruzados. Las mujeres están discriminadas en la ley y en la práctica (¿!?).

Boko Haram, cuyo emblema es un Corán sobre dos fusiles, está sembrando Nigeria con su terrorismo fundamentalista. Para ellos, todo lo occidental es pecado, pero al parecer también gran parte de lo musulmán, a tenor del daño indiscriminado que llevan a cabo. Como ejemplo, el secuestro de niñas y su obsesión por cerrar escuelas. Quizás piensen que si las mujeres aprenden puedan anularlos y dominarlos.

El llamado Estado Islámico decapita, crucifica literalmente, mata porque, según ellos, el Corán dice que hay que golpear la cabeza de los no creyentes que pretenden destruir su religión. Luego se relamen presentando sus macabros videos.

En Europa, el populismo de derechas esparce serrín para provocar miedo al diferente, por eso Le Pen padre dejó muy claro que "no era" Charlie Hebdo. Mientras, la izquierda europea ni tan siquiera se atreve, en muchos países, a abordar el tema musulmán.

Otro dato a tener en cuenta es la gran manifestación que, espontáneamente y al grito de "Je suis Charlie", se monta en París en defensa de la libertad de expresión. París salió a la calle a reclamar su dignidad. París se puebla de líderes internacionales, entrelazados por un día con Hollande, que arropan la marcha.

Unos son conscientes de lo que defienden, otros, haciendo el paripé, chalanean. Las calles de la capital francesa están a reventar. El grito de "Je suis Charlie" resuena por los bulevares parisinos y se derrama con rabia entre los cuatro puntos cardinales.

Apagadas las luces de la función, acallados los últimos gritos de la multitud, el tema de París se olvidará rápidamente por aquello de que las noticias son perecederas a muy corto plazo. Pero el asunto merece que le demos vueltas para que desdentadas bocas puedan intentar morder este negro garbanzo.

Se hace necesaria la reflexión desde una actitud de análisis crítico, para esculcar las lentejas y quitar los posibles gorgojos que están corroyendo las relaciones, la tranquilidad de mucha gente deseosa de convivir en paz en un mundo donde, teóricamente, se supone que cabemos todos sin tener que lucir uniforme ideológico o religioso. Pluralidad frente a uniformidad es la clave.

El panorama que se presenta ante nuestros ojos, y a corto plazo, es la radicalización, la acentuación de las fobias que aumentarán la violencia en cualquiera de sus vertientes. Hay fobia de musulmanes a cristianos, de estos a los judíos y a la inversa. Ejemplos de ello son los diferentes frentes abiertos en muchos puntos del planeta.

Los hechos de París han avivado el rechazo a las comunidades musulmanas. Siempre las tres grandes religiones han estado a matar porque, “per se”, son exclusivistas. Es el gran caballo de batalla de las religiones monoteístas, las llamadas "religiones del Libro" cuyo tronco sustentador ideológico es el mismo: un solo dios verdadero.

La mayoría de veces, los motivos religiosos son el detonante que esconde justificaciones económicas y de dominio en nombre de esa divinidad única. Todas las religiones merecen respeto y ser elegidas libremente, por lo que nunca deben ser impuestas, aunque la realidad dice lo contrario.

PEPE CANTILLO

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