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12 feb. 2015

  • 12.2.15
La “fuerza del PCE” se dio de bruces contra las urnas en el 77 y se dejó llevar definitivamente al huerto en los ayuntamientos por el PSOE en 1979. En el 82, a Carrillo no le quedaban ni las raspas, cuatro exiguos diputados aquel día de la rosa, que dio olor trece años, de la subida a los cielos de Felipe y Guerra.

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Su solitaria lucha antifranquista –porque el PSOE, aunque luego se colgara medallas, ni estuvo ni se le esperaba–, donde tan solo flanqueado por gentes aún más a su izquierda que lo asaeteaban, no había contabilizado en votos ante el maravilloso spot publicitario de “el cambio” del joven González.

Tras aquella debacle, un minero honrado, Gerardo Iglesias, se inventó Izquierda Unida y mantuvo con vida a la parroquia, aunque buena parte, todos los carrillistas en tropel –si bien su soberbia a él se lo impidió–, se pasó a la “casa común” que era la forma de hacer más fácil y presentable el tránsito.

Luego vino Anguita, y el sueño del sorpasso, el volver a ser el referente de la izquierda y su fuerza hegemónica. Reverdeció laureles volviendo a superar la cota del 10 por ciento –más de 2,5 millones de votos– y a rozar los 20 diputados –el techo fueron los 23 del 79–. Pero no pasó de ahí y el PSOE se mantuvo, herido, pero inalcanzable y poderoso.

Con la marcha del Califa, la aparición de ZP y la regencia de Llamazares se volvió a los peores tiempos y aún se empeoraron: Llamazares sacó ¡un escaño!, el suyo propio, y otro los IC catalanes. Cayo Lara no era muy buen cartel, tenía color sepia, pero aprovechando el desastre zapateril logró avanzar y conseguir 11 escaños y 1,6 millones de votos en 2011.

La gran oportunidad estuvo en las elecciones europeas. IU se las prometía felices con el PSOE cada vez más tocado. Todo soplaba a su favor. Y en verdad soplaba, pero les faltaba cartel, discurso y púlpitos televisados. Lo que sí tenían un desconocido y unos colegas universitarios que habían merodeado por las sedes de IU.

Pudieron hacerles caso, darles entrada y ponerlos en las listas. Se ofrecieron y ellos los rechazaron, ¡qué se habían creído esos muchachos! Y les ha costado caro, muy caro. Aunque ellos subieron, sacaron seis eurodiputados por cinco de Podemos, los triunfadores fueron estos y la suerte estuvo echada.

El sorpasso era ¡al fin! posible, sumando daba en muchos sitios –Madrid por ejemplo–. Pero ahora resultaba que a quien había que sumarse era a los otros y ellos, los de IU, eran ya un cacharro viejo y prescindible.

La “izquierda de la izquierda” tiene ahora el sueño al alcance de la mano, tiene la revancha ansiada contra los “sociatas” a un paso y eso es lo que cantan las encuestas, aunque es mejor no cantar nada hasta que las urnas hablen.

Pero del viejo entonces al ahora hay algo más que un matiz, y lo trascendental, de diferencia en el mensaje. Aquella izquierda, el PCE, no solo era constitucional, es que estuvo y lideró la reconciliación y el acuerdo por el futuro entre los españoles, y esta abjura en fondo y forma de todo aquello: ni Constitución, ni Corona, ni bandera, ni consenso, ni leches. Lo tienen mucho más que claro, aunque lo camuflan para no asustar a los que pretenden unir a la riada de votos.

Porque a ellos, a los propios, a los “nuestros” les da igual, exactamente igual. Lo dicen muy claro en el CIS: se sitúan muy, muy a la izquierda, más que IU y Bildu, en el 2 sobre 10, donde estaría el top más a la derecha. Y les da igual lo que hagan los suyos, que les haya dado dinero Chaves, que firmen para que se los den a su hermano, que pillen becas black, que canten con proetarras o que se abracen con separatistas.

Les da exactamente lo mismo. Votarán a Podemos, haga lo que haga. Así lo expresan con fidelidad tal que superan hasta a los de siempre del PNV, que desde la cuna a la tumba siempre han llevado la misma boina. Lo mismo.

Ellos son de izquierdas, lo más de izquierda y el pueblo da bula y absuelve de todo pecado. Y, lo que importa, tienen el camino expedito para conseguir un sueño, liderar la izquierda y derrotar como se debe y no “vendiéndose” a sus artes y moquetas, como dicen que hizo el PSOE y hasta un PCE que se entregó –o no le quedó más remedio– a la derecha, que no es un rival sino un enemigo, un magma de perversión exterminable.

La salida, el único camino, es la ruptura, con todo, y con cualquier consenso. No hay reforma que valga sino demolición de todo el edificio constitucional y el sistema, que es en sí mismo corrupto, que es la madriguera de la casta.

Ese es su fondo, su cuerpo doctrinal y sentimental y sus votantes no solo no lo esconden, como hacen taimadamente sus líderes, sino que alardean de él en encuestas y lo exhiben con una potente exhibición de revancha y hasta de odio y amenaza en las redes: el "tic-tac" es para todos que se les opongan.

Van sobrados, se ven ganado y se sienten vencedores. Y por ello son implacables y disfrutan ya de su venganza. Primero contra IU, a la que no dejan ni siquiera una rendición “honorable”: quieren comérsela por las patas, sin más, y además saben que eso es lo que espera su electorado. Lo sabe Iglesias; lo sabe Tania Sánchez y lo sabe Garzón, que está en el mismo barco y pacto. Las “bases” tienen ya la decisión tomada y ellos solo enseñan el camino del desembarco.

Y, sin embargo, es ahí por donde pueden tropezar, como tantas veces “esta” izquierda, de marcada tendencia cainita, ha tropezado. Los “cadáveres” de IU pueden quedar mal enterrados, pueden aguantar y hasta alguno quedar herido pero vivo y dar guerra, crear fisuras, territorios no controlados y convertirse en una espina infectada que reste algunos votos imprescindibles y tenga cuentas pendientes a cobrar para el futuro.

Que lo que podía haber sido un pacto en concordia sea una comilona que conlleve algún ardor de estómago. Porque cuando la única oferta que les hace es el suicidio puede que algunos prefieran resistir y morir matando.

Pero este es hoy un riesgo mínimo, una piedra en el camino. Lo que se juega es mucho más grande e ilusionante. Hablan los analistas de fin del bipartidismo y ellos sonríen. Eso es hoy, la partida a tres o incluso a cuatro, si Ciudadanos acaba, que acabará por descollar por su lado.

Pero eso no es lo que quieren para mañana. A lo que ellos van , tras comerse a IU, es a convertir a Sánchez en un Papandreu hispano y a dejarle en cueros vivos. Y la posibilidad es bien clara y las encuestas, tozudas y consecutivas, reinciden en la tendencia.

Con un elemento añadido que juega y más que muchas cosas a su favor. Zapatero y su ceja, ZP y su “pensamiento”. Lo escribí hace tiempo y cada vez lo tengo más diáfano. El Juan Bautista, precursor y el que anunciaba al nuevo Mesías Iglesias es Zapatero. Y no es extraño que quiera conocerlo y lo bendiga en cenas secretas.

Lo mismo que sus equipos de propaganda, que sus gentes de la “ceja”, que ya se han dejado y se han pasado a la coleta. Muchos creen y sienten que ha llegado el momento, que hay que estar en lo que ha de ser la “Nueva” izquierda, el nuevo corcel para enterrar, esta vez sí, en el mar a la derecha. ¿Y a quién le importa cómo se llama el caballo? Lo que importa es el galope.

Podemos piensa que roza ya la cinta de la meta y hasta La Moncloa y hay entre sus eufóricas quienes ya retozan sobre la piel del oso. Pero eso es, ahora, el anhelo que anida en el corazón “podemita”. Pero quizás en su cálculo no cuentan con que hay muchos otros corazones latiendo. Hay mucho calendario y mucho partido y hay mucha sigla PSOE: hay andaluzas y pueblos y municipales.

Y aunque todo ello se venciera, aún quedaría el oso. Un oso a quien su griterío alborozado puede despertar de la invernada. La derecha puede estar dormida, escondida incluso y Rajoy parecerles una mole lenta, abúlica, estúpida y cobardona. Es lo que suelen parecerles los osos a quienes ni los conocen ni los han enfrentado.

ANTONIO PÉREZ HENARES

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