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ANDALUCÍA CON UCRANIA

COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

5 mar 2022

  • 5.3.22
La traición es el único acto de los hombres que no puede justificarse, según Maquiavelo. Judas traicionó a su maestro y, desde entonces hasta hoy, la traición está en nuestras sociedades. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, el apóstol traidor fue al templo a devolverle las treinta monedas a los sacerdotes y cuando comprobó que aun así iban a prender a su maestro y amigo, tuvo la decencia de quitarse la vida.


Hoy, en nuestras sociedades capitalistas, la traición está a la orden del día: si no traicionas, no trepas; y si no subes en el escalafón, eres un fracasado. La lealtad es algo desconocido, sobre todo entre los políticos. Ya no solo traicionan a sus votantes, sino que las dentelladas se las dan internamente, en sus propias sedes. Hasta ahora no trascendía: se quitaban y se ponían los unos a los otros y nadie de fuera se enteraba.

Hace unos días estalló la tormenta en el Partido Popular (PP). La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se enfrentaba a la dirección del partido, es decir, a Pablo Casado. Y éste, pensando en cómo quitársela de en medio –políticamente hablando, claro está–, se fue a los medios de comunicación y los rencores y rencillas, tanto por un lado como por el otro, se hicieron públicos de manera más que notable.

Los votantes del PP –o no, porque nunca se sabe en este lío de traiciones– rodearon la sede del partido en Génova pidiendo la dimisión de Casado y se formó la marimorena. Las ratas empezaron a abandonar el barco: todos los que dos días antes estaban rodeándolo por los pasillos del Congreso y alabando a su líder empezaron a abandonarlo y a pedir su cabeza.

Hace unos días, Casado se despidió del Congreso de los Diputados y lo hizo con la cabeza alta, rodeado de esos traidores que, además, le aplaudieron el discurso de despedida. No sé qué hará la nueva dirección del partido pero, desde luego, no debería contar con ninguno de estos traidores.

Casado se ha marchado con valentía, aunque no ha anunciado su dimisión: se ha ido dando la cara. Es vergonzoso lo que hemos presenciado. Ninguno de los barones que se mataban por complacerle le apoyan ahora. Al revés, todos han pedido su cabeza.

El problema que está detrás es la extrema derecha representada por VOX, que aprovechará el río revuelto y, cada vez más, se irá instalando en las instituciones. De todas formas, aquí el fondo de la cuestión es la corrupción, aunque no olvidemos que detrás de la presidenta de Madrid se encuentra un zorro viejo, Miguel Ángel Rodríguez –o MAR, como a él le gusta que le llamen–.

Y yo me pregunto: ¿No será que se iba a destapar el asunto y antes de que se hiciese publico se montaba todo el lío y se quitaba el foco de atención de la presidenta? En fin, ya veremos por dónde sale todo esto, aunque me temo que con otro foco de atención de los medios tan importante como la guerra de Ucrania, poco o nada vamos a enterarnos del final de la causa que ha hecho caer al presidente del PP.

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