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3 feb. 2018

  • 3.2.18
Una característica de la arquitectura contemporánea española es que muchos de los proyectos que se llevan adelante están realizados por dos autores que trabajan conjuntamente y que firman los trabajos compartidos con sus apellidos. Esto es lo que sucede con Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón Álvarez, que unieron sus esfuerzos tras permanecer ambos once años en el estudio de Rafael Moneo. En 1992 deciden independizarse de él y crear su propio estudio que estaría ubicado en la ciudad de origen de ambos: Madrid. A partir de entonces, firmarán con la denominación de Mansilla y Tuñón.



Uno de los dos miembros, Luis Moreno Mansilla, tal como he apuntado, había nacido en Madrid en el año 1959. Su brillante trayectoria como arquitecto tristemente se vio truncada a los 52 años, ya que falleció en Barcelona el 22 de febrero de 2012, por lo que su compañero ha continuado su actividad ya de manera individual.

Por su parte, Emilio Tuñón también había nacido en Madrid y en el mismo año que su compañero Luis. De su larga labor profesional quisiera destacar que su trabajo como proyectista lo ha compatibilizado con el de docente, ya que es profesor en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, tras haberlo sido, al igual que lo fue Luis Moreno Mansilla, en distintos centros extranjeros. Como colofón a su trayectoria, en el año 2015 recibió la Medalla de Oro del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España a sus muy destacados méritos.



Por otro lado, tengo que apuntar que, en reconocimiento al trabajo de estos dos brillantes arquitectos, el Ministerio de Cultura les concedió la Medalla de Oro al mérito en Bellas Artes en el 2013, un año después del fallecimiento de Moreno Mansilla.

Con respecto a la concesión de estos premios que entrega el Ministerio de Cultura quisiera hacer un breve comentario. Se comenzaron a adjudicar, a partir de 1971, a personas o entidades destacadas en el campo de las Artes, entendidas éstas desde una perspectiva amplia.

Han sido numerosos los artistas plásticos, actores, cantantes, escritores, historiadores y hasta toreros premiados con estas menciones; sin embargo, son contados los casos de arquitectos que las han recibido, pareciendo que la arquitectura española quedara fuera de las manifestaciones artísticas (aunque éstas tengan, prioritariamente, un carácter funcional).





En este breve recorrido que haré de los proyectos de Mansilla y Tuñón, me centraré principalmente en aquellos encargos públicos que recibieron, especialmente, en las obras referidas a museos y auditorios, comenzando por el Museo de Arqueología y Bellas Artes de Zamora.

Uno de los aspectos que todo arquitecto debe tener en consideración es la historia y el contexto del lugar en el que se edificará la obra proyectada. Esto lo indico porque Zamora, como ciudad con fuertes raíces históricas, marca profundamente la impronta de los edificios que se construyen intramuros, es decir, aquellos que se ubicarán tanto en el casco histórico como en su entorno cercano. Es lo que acontece con el nuevo museo que ambos proyectaron para la ciudad y que abrió sus puertas en el año 1993.

Como puede apreciarse desde la vista aérea mostrada, se trata de un perfecto cubo que, a modo de cofre, encierra en su interior la memoria de la ciudad castellano-leonesa. Así, el ladrillo de textura rugosa que cubre sus paredes exteriores enlaza con la piedra que presentan las casas del entorno. Para que se reciba la luz natural, puesto que tiene escasas perforaciones en sus muros exteriores, los autores diseñaron unos lucernarios cenitales, todos de igual sección, aunque con distintas alturas y orientaciones, para favorecer la visión de las obras que allí se exponen.





Colindante con la provincia de Zamora se encuentra la de León. Y sería la capital de esta segunda provincia la que acogería dos de sus más relevantes proyectos: el Auditorio y el MUSAC o Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León; obras que merecen ser conocidas cuando se visita esta ciudad.

El proyecto del Auditorio de la Ciudad de León fue ganado en concurso internacional en el año 1996. Seis años después, en 2002, abriría sus puertas al público. El conjunto se presenta con dos cuerpos bien diferenciados: la sala de exposiciones y la sala de audición. La primera de ellas se enmarca dentro de un orden racionalista, en el que la estricta geometría está presente por los huecos cuadrados y rectangulares de las ventanas que se prologan hacia el interior en formas de pirámides troncales cortadas.

La continuidad que ofrece el blanco del conjunto contrasta con la calidez del interior de la sala de audición, dado que es la madera el material que reviste a un auditorio con una capacidad de hasta 1.200 espectadores, repartidos en dos espacios que se oponen entre sí, de modo que ver y ser visto son dos opciones posibles dentro del conjunto, dado que el escenario se ubica entre los espacios para los asistentes.





En el año 2000 se inaugura el Museo de Bellas Artes de Castellón, promovido por la entidad municipal denominada Castellón Cultural. Este nuevo museo de Mansilla y Tuñón se organiza alrededor de un claustro ajardinado que contaba con un conjunto de altos cipreses del antiguo colegio de Serra Estrada.

Rodeado de construcciones de ocho plantas, el edificio ocupa la totalidad de la manzana, estructurándose en cuatro áreas, de acuerdo con la forma canónica de este tipo de museo: pública, semipública, trabajo y almacenamiento. Estos espacios se organizan en edificaciones que, adosadas al claustro original, se muestran claramente diferenciadas.

La zona más llamativa del conjunto es la correspondiente a la parte de las exposiciones, dado que los autores pretenden que la iluminación natural penetre tamizada para la mejor contemplación de las obras. La resuelven creando unos volúmenes cúbicos con mallas perforadas que, alternándose en salientes y entrantes, marcan un ritmo continuo con fuerte carácter racionalista, el mismo que suele presidir todas sus obras.





En el año 1998, Patrimonio Nacional inició la convocatoria de un concurso para la edificación del Museo de Colecciones Reales de Madrid, que estaría ubicado en los jardines del Campo del Moro, junto a la catedral de la Almudena y al Palacio Real de la ciudad. El edificio se construiría para albergar y exhibir las obras de arte y piezas históricas de los reyes de España.

Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón, en 2002, ganarían el concurso de ideas con el anteproyecto presentado. Las obras, iniciadas cuatro años más tarde, sufrieron demoras debido al hallazgo de restos arqueológicos en la zona.

Debido a la función que debía cumplir el museo y al entorno en el que se construiría, la fachada del edificio se remató con un granito del denominado Gris Quintana, de modo que se emplearon piedras de este material de grandes dimensiones, por lo que tuvieron que ser vaciadas con el fin de forrar la estructura de hormigón armado.

El edificio se acabó en el año 2016; no obstante, falta aún el acondicionamiento interior y la museografía, por lo que se considera que hasta el 2020 no esté totalmente prevista la apertura del museo para el público.





Una obra de Mansilla y Tuñón, motivo de enorme polémica, fue el proyecto inicial para construir un hotel de lujo en el casco histórico de Cáceres, una bella ciudad extremeña que conviene conocer, dado que quienes la visitan por primera vez se sorprenden de que no tuvieran una referencia más ajustada de lo que finalmente acaban encontrándose.

Pues bien, la propuesta que realizaron en el 2006 para la edificación del hotel Atrio generó tal rechazo en la población que acabó recibiendo el dictamen desfavorable de la Comisión de Protección del Casco Histórico. Sus autores aceptaron la crítica recibida, proponiendo una segunda solución en la que se respetaban los criterios de los representantes de entidades ciudadanas, administrativas y universitarias, quienes, finalmente, agradecieron que los arquitectos manifestaran su disposición a escuchar y llevar adelante sus sugerencias.

Lo cierto es que, si exceptuamos la cubierta plana del edificio, el exterior no presenta grandes diferencias volumétricas, compositivas y de materiales con el entorno en el que está ubicado. Será en su interior en el que se muestra con las características de un hotel actual, pero esto ya no es percibido quienes recorren las estrechas y sinuosas calles del viejo Cáceres.



Quisiera cerrar este recorrido por la obra que mayor renombre dio a este equipo formado por dos grandes arquitectos. Se trata, tal como he apuntado anteriormente, del MUSAC o Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, el mismo que en el año 2007 recibió el máximo galardón dentro de la arquitectura europea: el Premio Mies van der Rohe.

La singularidad de esta obra se basa, principalmente, en dos aspectos: por un lado, en la trama zigzagueante que forman todos sus espacios, y que se comprueba por el plano de planta del edificio, y, también, por el cromatismo empleado en sus fachadas de vidrios coloreados y montados sobre los muros opacos de hormigón.

Pudiera quienes solo conocen el MUSAC por fotografías, les puede parecer una frivolidad que Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón hubieran apostado por este cromatismo multicolor para el museo de una ciudad histórica; sin embargo, sus autores siguieron un orden pixelado de colores tomando como referencia las vidrieras de la cercana catedral de León, lo que da lugar a que “el arte y la arquitectura del siglo XIII y la del siglo XXI comparten la materia y el color y la emplean en sus propios códigos”, según apunta Enríquez Domínguez Uceta en su libro Cien obras maestras de la arquitectura moderna española, porque el MUSAC verdaderamente es una obra maestra de arquitectura contemporánea.

AURELIANO SÁINZ

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