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25 abr. 2019

  • 25.4.19
“Pan y circo” es una expresión que proviene del tiempo de los romanos. La frase es muy simple pero muy significativa. Alude a comida que por lo normal consistía en trigo o pan para calmar los jugos gástricos que rugen como leones cuando aprieta el hambre; la palabra "circo" hace referencia a jolgorio “regocijo, fiesta, diversión bulliciosa” (sic). A veces también repartían vino.



¿Daban fiesta y comida gratis? Era una forma muy complaciente de tener entretenido y lo más contento posible al pueblo. Se trataba de acallar protestas, de no montar bulla, de ser buenos, obedientes, depositando la confianza en los mandatarios y no meterse con el poder que, se supone, sabe lo que tiene que hacer por el bien del pueblo. Lo de gratis es otro cantar. Quede claro que no solo nos controlan con alimentos.

¿Gobierno altruista? El altruismo, en sentido estricto, se refiere a “la diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del bien propio” (sic). Lo de “a costa del propio bien” vamos a dejarlo de lado. En el caso que nos ocupa, tal capacidad “altruista” siempre es a costa del erario estatal dado que los caudales públicos no son de nadie. Eso nos venden. El poder debe ser estricto administrando, cuestión que parece olvidarse con facilidad.

Una curiosidad. Muchos de dichos espectáculos en la Roma Republicana tenían origen religioso con carácter sagrado y ritual recordando a los difuntos. Con el paso del tiempo pierden dicha sacralidad y se acoplan al gusto del público. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo” desplazará al evento religioso.

Las luchas encarnizadas se desarrollaban en los anfiteatros. El espectáculo solía ser sangriento y el público terminaba pidiendo la cabeza del vencido que podía ser un criminal, un prisionero o un gladiador. Los animales eran otro de los elementos a intervenir en dichos espectáculos.

Este divertimento y la distribución de alimentos de manera gratuita se convirtieron en las dos grandes herramientas de control social. Como ejemplo, por toda la Península hay restos de circos o anfiteatros. El circo Máximo de Roma tenía capacidad para 300.000 espectadores.

Santiago Posteguillo hace una interesante descripción en el capítulo cuarto del libro Yo, Julia. Nos describe un macabro espectáculo cargado de sangre y de crueldad contra animales y amagos mortales contra espectadores. Todo ello a gusto del emperador Cómodo, que controla hasta a los senadores.

La máxima “pan y circo” ha pasado a la posteridad con sentido peyorativo. Con su uso damos a entender que la autoridad, el Gobierno o el político en el poder escamotean la realidad a cambio de diversión, de entretenimiento que garantiza una cierta actitud de conformismo y de calma en el personal.

La política de pan y circo es atemporal y está muy activa en la actualidad. No pertenece en exclusiva a ningún país. Pervive adaptándose a las circunstancias del momento y al cambio de modas. En los tiempos que corren, una de las diversiones más popular es el fútbol, actividad que mueve gran cantidad de personal desde hace tiempo y una amplia gama de negocio chanchullero. Merece la pena prestar atención al siguiente video, La gran mentira del fútbol:



A esta actividad hay que añadir otros deportes como maratones, carreras pedestres, de bicicletas, todo ello estratégicamente programado y distribuido. Sería interesante hacer un análisis de diversiones selectivas en las que famosos y famosillos se embarcan para entretener al pueblo.

¿Preocupación por el personal? En pocas palabras, se trataba de tener entretenida y lo más contenta posible a la plebe. De dicha frase lacónica y fácil de comprender y retener por su brevedad, es posible que derive nuestro refrán “las penas, con pan, son menos”.

En resumen una pena será más llevadera con pan y con la ayuda de alguien, en este caso el “Poder”, que puede ser de todo menos tonto. ¿Caridad cívica? Dicho pan es un apoyo material y psicológico para compensar el malestar dentro de una sociedad descontenta y saturada de apuros que ahogan a los ciudadanos de aquella Roma o de esta Hispania.

No hay que ser un lince ni tener vista de lince para olisquear que nos están dando gato por liebre. Puede que no seamos, en general, tan astutos como el lince pero tampoco tan tontos ni tan papanatas como a veces nos hacen creer desde el poder. Aun así, nos dan con frecuencia gato por liebre.

Mañana… Lejos quedan las promesas hechas en el orden económico, social. Verdades a medias, mentiras camufladas, bulos, son parte del concierto que nos ofrece el panorama político, tanto si lo controla, como se dice ahora, una “casposa” derecha, como si lo promete una “suavizante” izquierda que se jacta de tener “ideas y actitudes avanzadas” que también se pueden calificar de casposas por su carácter “lenitivo”, es decir, capaz de “ablandar y suavizar”. Y pare usted de canturrear.

Para pregonar que se tienen ideas avanzadas hay que aportar hechos por aquello de que “obras son amores y no buenas razones”. De nada valen las promesas si no van de la mano de resultados. Hacer promesas es tan fácil como respirar: el problema estriba en cumplir con lo “pro-metido”. El panorama político que nos circunda podría ser ejemplo de promesas mil, que van “quedando en agua de borrajas”, es decir, “en nada”.

¿Verdad que en poco ha cambiado la situación desde los años de Maricastaña a hoy? En lo que atañe al circo, la fiesta puede que se haya dulcificado, en apariencia, un poco por aquello de que no deja mucha sangre. Hoy disfrutamos de espectáculos que aglutinan a una gran masa de personal.

Se han anulado las luchas contra animales feroces pero no entre animales humanos que en determinados eventos desarrollan una conducta feroz “brutal, agresiva, despiadada, cruel” (sic), por lo sádico de su comportamiento. Hoy no se pide la muerte del gladiador vencido pero a veces falta poco para que se haga presente.

La fiesta era la fiesta. Nuestros eventos de masas están, por lo general, más humanizados que aquellos sangrientos encuentros entre gladiadores o con fieras salvajes hambrientas. Es verdad que de cuando en cuando nos visita el terror.

Las carreras de coches o motos han sustituido a las de cuadrigas. No así a las carreras pedestres, entre ellas el maratón que no es romano pero está de plena actualidad. Tanto unas como otras consistían básicamente y siguen con la misma “monserga”, que no es otra que “tener entretenido y lo más contento posible al pueblo”. De ahí la razón de ofrecer el máximo de parranda. A más diversión menor preocupación.

Como botón de muestra un breve repaso por el maratón celebrado en Valencia a final del año pasado. Todos contentos, sobre todo las autoridades pertinentes, ufanas ellas, hablan de una multitud de miles de personas tanto autóctonas como venidas de otros rincones europeos. El evento contó con más de 30.000 participantes, según datos oficiales.

El maratón es una carrera de resistencia con el desafío de correr 42 kilómetros. Valencia es una ciudad normalita en lo referente a su extensión y por supuesto llana. La carrera parte de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Según palabras del director de Strava, Valencia es el corazón del running en España.

Un remate curioso. El poder, sobre todo local, en lugar de prohibir taxativamente fiestas arraigadas, ofrece novedades festoleras que intentan desplazar a las ya existentes. Hay veces que el cambio es fácil pero otras tantas se resiste. El pan ya no suele ser elemento de enganche a la fiesta.

PEPE CANTILLO

24 abr. 2019

  • 24.4.19
El periodista José Luis Salas, conductor del programa 'No son horas' y Premio "Antena de Oro", comparte con los lectores sus recomendaciones cinéfilas para el fin de semana. Experto en cine de autor, José Luis Salas es un reconocido maestro del periodismo musical y todo un especialista en el Séptimo Arte. No en vano, ha retransmitido para Onda Cero decenas de galas de los Premios Óscars de la Academia de Hollywood, además de colaborar en distintas publicaciones y en portales de Internet dedicados al cine, la música y la crónica social.





Podrás verlas en tu cine...

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VENGADORES:ENDGAME

Directores: Christopher Markus y Stephen McFeely. Con Karen Gillan, Evangeline Lilly, Robert Downey Jr., Jeremy Renner, Josh Brolin, Gwyneth Paltrow, Jon Favreau y Terry Notary. Cuarta y, dicen, definitiva entrega de la saga de Los Vengadores, para ver por dónde puñetas van a salir tras los devastadores acontecimientos que puso en marcha Thanos, y que destruyeron la mitad del universo. Para apasionados de la Marvel y todo su universo.





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GLORIA BELL

Director: Sebastián Lelio. Con Julianne Moore, Jeanne Tripplehorn, Sean Astin, Alanna Ubach, Michael Cera, Holland Taylor, John Turturro, Rita Wilson, Brad Garrett, Caren Pistorius, Barbara Sukowa, Cassi Thomson, Tyson Ritter, Jenica Bergere y Sandra Rosko. El realizador chileno Sebastián Lelio también se encarga de esta reinterpretación “made in Hollywood” sobre la vida de una mujer divorciada y de mentalidad muy libre, harta de un trabajo aburrido, que solo calma en la pista de baile. Para seguidores del mejor cine y una mejor interpretación: la de Julianne Moore.





Otros estrenos de la semana

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LA PEQUEÑA SUIZA

Director: Kepa Sojo. Con Pêpê Rapazote, Maggie Civantos, Ingrid García Jonsson, Karra Elejalde, Kandido Uranga, Ramón Barea, Secun de la Rosa, Enrique Villén, Anabela Teixeira, Lander Otaola, Jon Plazaola, Mikel Losada, Iñigo Salinero, Maribel Salas y Susana Soleto. Estas son las peripecias de los habitantes de un imaginario pueblo castellano enclavado en el centro del País Vasco llamado Tellería, que gracias a un curioso hallazgo, pedirán su anexión nada menos que a Suiza. Para necesitados de comedias fronterizas.





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LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE OSCAR WILDE

Director: Rupert Everett. Con Colin Firth, Colin Morgan, Rupert Everett, Emily Watson, Anna Chancellor, Tom Wilkinson, Béatrice Dalle, Ronald Pickup, Julian Wadham, John Standing, Joshua McGuire, Daniel Weyman, Edwin Thomas, Ciro Petrone y Tom Colley. Biopic centrado en los últimos tres años del gran poeta Oscar Wilde, los que fueron de 1897 a 1900. Sus tormentosas relaciones son el eje central de esta trama. Para seguidores de biografías crudas y crepusculares, con pocas concesiones a lo suave.





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MUTAKUFAZ

Directores: Shôjirô Nishimi y Guillaume Renard. Con las voces originales de Orelsan, Gringe, Redouanne Harjane, Féodor Atkine, Julien Kramer, Emmanuel Karsen, Gilbert Lévy, Kelly Marot, Jérémie Covillault, Alain Dorval, Frantz Confiac, Edgar Givry, Pauline Moingeon Vallès, Fouzia Youssef y Guillaume Renard. Un mundo diferente y muchas dudas que inundan al protagonista de la historia quien, tras sufrir un accidente de moto, comenzará a ver muchos monstruos… ¿Acaso ha perdido la cabeza, o el golpe le ha abierto los ojos a una verdadera invasión alienígena? Para seguidores de las adaptaciones del cómic más oscuro y apocalíptico a la pantalla.





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BUÑUEL EN EL LABERINTO DE LAS TORTUGAS

Director: Salvador Simó. Animación para contar lo que fue su histórico rodaje en Las Hurdes, según la adaptación del cómic homónimo de Fermín Montero. Para cualquier amante del cine y de Buñuel, que es lo mismo.





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LETO

Director: Kirill Serebrennikov. Con Teo Yoo, Irina Starshenbaum, Roman Bilyk, Anton Adasinsky, Liya Akhedzhakova, Yuliya Aug, Filipp Avdeev, Aleksandr Bashirov, Nikita Efremov, Nikita Elenev, Anastasiya Evgrafova, Aleksandr Gorchilin, Andrey Khodorchenkov, Elena Koreneva y Georgiy Kudrenko. Filme que narra la aventura musical vivida durante los años ochenta en Leningrado, cuando el rock empezaba a ser mucho más que canciones en la Unión Soviética poco antes de la caída del muro de Berlín. Para todos los amantes de la música y el cine contado de otra manera.





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TERRA WILLY: PLANETA DESCONOCIDO

Director: Eric Tosti. A modo de Robinson Crusoe, un joven perderá el contacto con sus padres, viajeros del espacio, para acabar en un nuevo planeta. Para amigos de la animación con ganas de aprender mientras se divierten.





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SIN PIEDAD

Director: Vincent D'Onofrio. Con Chris Pratt, Vincent D'Onofrio, Leila George, Ethan Hawke, Dane DeHaan, Adam Baldwin, Tait Fletcher, Jake Schur, Keith Jardine, Jenny Gabrielle, MorningStar Angeline, Ben Dickey, Howard Ferguson Jr., Stafford Douglas y Hawk D’Onofrio. Nueva vuelta de tuerca a la leyenda de Pat Garret y Billy El Niño… En ésta no sale Bob Dylan, pero la dirige D'Onofrio, que se reserva un papelito. Para incansables del Western.





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THE INVOCATION OF ENVER SIMAKU

Director: Marco Lledó Escartín. Con Antonio de la Cruz, Laertis Vasiliou, Viktor Zhusti, Julien Blaschke, Piro Milkani, Ferran Gadea, Lulzim Guhelli, Margarita Xhepa, Ema Andrea, Paula Baixauli, Tinka Kurti, Andrés Poveda y Mariana Talpalaru. Décadas después del asesinato de su esposa, Julien regresa a Albania para investigar las fantasmagóricas imágenes aparecidas en unas extrañas grabaciones. Para deseosos de acojone narrado de forma muy diferente al habitual.





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FAMILIA SUMERGIDA

Directora: María Alche. Con Mercedes Morán, Esteban Bigliardi, Marcelo Subiotto, Ia Arteta, Laila Maltz, Federico Sack, Diego Velázquez, Claudia Cantero, Mara Bestelli, Pochi Ducasse, Marina Glezer y Laura López Moyano. La pérdida de una hermana abrirá muchas puertas a nuevos caminos en la vida de Marcela, una peculiar bonaerense. Para deseosos de dramas diferentes con historias singulares.





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LA PORTUGUESA

Director: Rita Azevedo Gomes. Con Clara Riedenstein, Marcello Urgeghe, Ingrid Caven, Rita Durão, Pierre Léon, João Vicente, Luna Picoli-Truffaut, Manuela de Freitas, Alexandre Alves Costa, Adelaide Teixeira, Maria Carré, Fernando Rodrigues, Guilherme Gomes, Mauro Soares, Leonardo Mouramateus. Enfrentamientos entre familias y la iglesia de Trento. Este es un drama histórico rodado casi como si de la pintura de un cuadro se tratase. Para culturetas impenitentes.



JOSÉ LUIS SALAS

23 abr. 2019

  • 23.4.19
Los jefes de Estado y de Gobierno acordaron el 27 de septiembre de 2015 en la Organización de Naciones Unidas los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de alcance mundial y que el Reino de España hace suyos como miembro de este organismo multilateral. Es una decisión histórica sobre un amplio conjunto de objetivos y metas universales y transformadoras, de gran alcance y centralizadas en las personas, la paz y la prosperidad.



Es también un compromiso por trabajar diariamente y sin descanso, a fin de conseguir la plena implementación de estos objetivos de aquí hasta 2030, en los que se reconoce la pobreza en todas sus formas y dimensiones como el mayor desafío al que se enfrenta el mundo y constituye un requisito indispensable para el desarrollo sostenible poder erradicarla.

Existe el compromiso de lograr el desarrollo en sus tres dimensiones –económica, social y ambiental– de forma equilibrada e integrada y, al emprender este gran viaje, el compromiso más importante es no dejar a nadie atrás.

Todos los países lo aceptaron, lo que proporciona a la Agenda 2030 un alcance y una importancia sin precedentes. Se aplica a todos los países, a diferencia de los Objetivos del Milenio, pero hay que tener en cuenta las diferentes realidades, capacidades y niveles de desarrollo de cada uno y, por supuesto, respetar sus políticas y realidades nacionales.

Los ODS son el resultado de más de dos años de un intenso proceso de consultas públicas y de interacción con la sociedad civil y otras partes interesadas en todo el mundo y España no fue una excepción. Durante ese periodo se tuvo en cuenta especialmente la opinión de los más pobres y vulnerables.

En los objetivos y metas se expone una visión de futuro sumamente ambiciosa y transformadora, que aspira a un mundo sin pobreza, hambre, enfermedades ni privaciones, en el que todas las formas de vida puedan prosperar. Un mundo sin temor ni violencia; donde la alfabetización sea universal, con acceso equitativo y generalizado a una educación de calidad en todos los niveles, a la atención sanitaria y la protección social y donde esté garantizado el bienestar físico, mental y social.

Propone la hoja de ruta establecida en la Agenda 2030 el compromiso sobre el derecho humano al agua potable y al saneamiento, para procurar una mejor higiene y que los alimentos sean suficientes, inocuos, asequibles y nutritivos, con hábitats humanos seguros, resilientes y sostenibles y donde haya acceso universal a un suministro de energía asequible, fiable y sostenible.

Los ODS son un motivo de celebración para los ayuntamientos y gobiernos locales de todo el mundo. La inclusión del Objetivo 11 para hacer de las ciudades y los asentamientos que sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles es, en gran parte, el fruto de una dura campaña de los gobiernos locales, sus asociaciones y la comunidad urbana.

El ODS 11 representa un gran paso hacia adelante en el reconocimiento del poder transformador de la urbanización para el desarrollo y en el papel de sus líderes a la hora de impulsar el cambio global desde el territorio, pues ha entrado a formar parte de la agenda de las ciudades y va a condicionar cada vez más las políticas públicas urbanas. Es, por tanto, un paso necesario y muy positivo. Y es en las ciudades donde nos jugamos dar las respuestas necesarias a los retos globales.

Por otro lado, muchos municipios están entendiendo que la importancia de los ODS no solo reside en contribuir al desarrollo sostenible mundial, sino también a la comunicación de sus historias a escala mundial. La aplicación de políticas innovadoras enfocadas a los ODS puede ser una buena plataforma para presentarse al mundo.

Es fundamental e importante, por ello, que las ciudades de Andalucía están comprometidas con los ODS para poder conseguir mejorar la calidad de vida de sus habitantes y trabajar por un territorio más sostenible y más justo.

SANTIAGO MARTÍN GALLO

22 abr. 2019

  • 22.4.19
Autor de poesía, novela y ensayo, Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) ha escrito, a lo largo de cuarenta años, El Rastro, el lugar donde “la gente va, aunque no lo sepa, a buscar su pasado”.



—Cuarenta años visitando el Rastro, antes de las ocho de la mañana y en ayunas. Dime qué has buscado durante tantos años y nunca encontraste.

—La inmortalidad. En realidad, lo que se va buscando es un imposible. Y por eso acudes cada mañana con la ilusión de que lo vas a encontrar. Y en este caso es algo que justifique toda la vida y que le dé sentido a toda la vida.

—¿Has logrado por fin dilucidar qué encontramos en las cosas viejas que no nos ofrecen las nuevas?

—Sí. Básicamente es el futuro. Las nuevas están mucho más confundidas con el presente como para ver el futuro. El pasado tiene mucho más claro el futuro que el presente.

—En tu libro aparecen no solo objetos, sino también esas personas que le dan vida, que te conocen y saludan cuando paseas.

—Quizá para mí es lo más gratificante del Rastro: la vida, mucho más que encontrar cosas.

—Tierno Galván redujo las calles del Rastro y lo limitó al domingo. ¿La reforma ayudó a su conservación o le cambió el carácter?

—La reforma de Tierno confirmó algo que todos veíamos. Y es que España había cambiado y que era otra más pequeña, más próspera y más jovial.

—Entre los objetos curiosos que encontraste se encuentra un libro de Cernuda que te costó un euro.

—Era una primera edición de Cernuda. No he encontrado otras cosas más singulares. Una de las que yo más valoro es la primera edición de La Fontana de Oro de Pérez Galdós dedicada por Pérez Galdós de su puño y letra a su amigo, el carlista José María de Pereda.

—Dices que siempre buscamos aquello que ya hemos encontrado.

—Sí. El Rastro es una emoción muy rara, porque buscamos lo que no encontramos, nos llevamos lo que no necesitamos. Sin embargo, lo que encontramos al final es parte fundamental de nuestra vida.

—El Rastro, supongo, tendrá sus leyes no escritas de compra.

—Sí. Y hay que ser muy riguroso con esas leyes. Y no hay que saltárselas. Y son las leyes verdaderas. Son las no escritas, que son las de verdad, la de la palabra dada y la del honor.

—No te consideras bibliófilo, ¿pero el libro es el objeto que más valoras de este mercado?

—Es el que más he buscado. Los papeles, ¿no? Yo soy un hombre de papeles, de papeles viejos. Pero no es lo que más valoro. Más que los papeles, valoro la vida.

—Dices también que una de las razones por las que la gente se acerca a este lugar es para reencontrarse con su infancia.

—Sí. Porque tiene la sospecha de que aquello que perdió, la infancia, va a aparecer en cualquier momento. Y con ello, el enigma resuelto de su propia vida.

—Al igual que con la prensa escrita, ¿Internet es competencia para el Rastro?

—En cierto modo, sí. Pero Internet no es ni mucho menos la mitad del Rastro. En Internet, tú buscas. Tienes que buscar siempre, si no, no encuentras. En el Rastro encuentras aunque no busques.

—Poco se ha escrito del Rastro, salvo Gómez de la Serna. Poco se ha cantado, salvo Patxi Andión, Sabina y alguno más. ¿Por qué?

—No es exactamente así. Al Rastro lo ha cantado y lo ha filmado mucha gente. Lo que pasa es que queda un poco más solapado, como las propias casas del Rastro, que están un poco confusas. Pero sí se han hecho cosas estupendas. Podríamos tirar de sainetes, de zarzuelas. Olga Ramos tiene un cuplé estupendo. Hay más de lo que parece.

—El Rastro ha dado origen a dos palabras: barriobajero y rastrero. Pero con una lectura negativa.

—No siempre fue así. El origen de las dos palabras es al contrario. No tenían la significación inicua que hoy les damos. Al contrario, barriobajero y rastrero, en su origen, principios del siglo XIX, eran sinónimo de valentía y de desinterés, y de generosidad, y de heroísmo. Porque los principales soldados contra la afrancesada eran barriobajeros y rastreros.

—El Rastro es uno de los mercados ambulantes más antiguos del mundo. ¿Qué otro le hace competencia?

—En fama, sin duda, las Pulgas de París. Pero en carácter no creo que las Pulgas de París tenga el carácter y el sabor que tiene el nuestro.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

21 abr. 2019

  • 21.4.19
La crisis económica de hace una década y las medidas que se adoptaron para combatirla, centradas en una fuerte restricción del gasto social, han trastocado, tal vez de manera definitiva, las expectativas no sólo de prosperar sino de mantener el estatus que disfrutaban determinadas clases sociales en España y otros países occidentales.



No nos estamos refiriendo a las clases trabajadoras y humildes de la población que ni causaron ni desencadenaron el colapso de los bancos –deuda privada–, pero fueron castigadas y empobrecidas de manera alevosa e injusta so pretexto de una austeridad a rajatabla para contener el gasto social –deuda pública–, que acabaría cebándose con ellas. Tampoco fueron las únicas víctimas.

También la clase media sufrió el efecto “castrante” de las tijeras, la precariedad y las reformas “estructurales” que han instalado la inseguridad en un estamento de población que confiaba en la estabilidad de sus condiciones económicas y sociales.

En rigor, todos los estratos sociales padecieron las consecuencias desastrosas, con más o menos intensidad, de la pasada crisis financiera, con la sola excepción del más acaudalado, el de los ricos. Únicamente la élite de los pudientes salió beneficiada de la crisis, puesto que se aprovechó de ella para mejorar sus condiciones, tanto en lo que respeta a las rentas como al tamaño del segmento.

A estas alturas, nadie discute que la crisis hizo más ricos a los ricos, permitiéndoles crecer en número y fortuna. Como también que desde la crisis no sólo hay más pobres, sino que, para colmo, se han empobrecido aún más. Todas estas repercusiones causadas a un extremo y otro de la escala social han sido objeto de análisis y reflexiones de manera exhaustiva por los expertos.

Sin embargo, no lo ha sido tanto en lo que concierne a la inmensa clase media, exprimida también sin miramientos, no sólo a causa de la propia crisis económica y la consiguiente pérdida de su capacidad adquisitiva, sino también por la inseguridad laboral y la pérdida de cualificación para el desempeño de unas profesiones y un trabajo que hasta entonces eran considerados completamente seguros y estables.

Eso es, precisamente, lo que ha evidenciado un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con el título de Bajo presión: clase media exprimida y publicado el pasado 10 de abril, que destaca el estancamiento en que se halla la clase media, la más amplia si no mayoritaria de la población, después de un período de progresivo declive y debilitamiento a lo largo de las últimas décadas.

La crisis económica de 2008 sólo fue la puntilla que ha deteriorado, de forma casi irremediable, sus condiciones de vida y su papel preponderante en la economía de cualquier país desarrollado. No debe olvidarse la importancia de la clase media para la estabilidad económica y el sostenimiento del consumo, pues actúa de tractor de la oferta y el mantenimiento del tejido productivo.

Pero el estancamiento de los salarios, que ha provocado un descenso de las rentas por hogar que imposibilita atender el aumento del coste de la vida por la inflación (vivienda, educación, sanidad, equipamientos, ocio, etc.), junto a la incertidumbre laboral de unos empleos cualificados que corren el riesgo de desaparecer debido a la automatización y las nuevas tecnologías, han hecho que la clase media pierda capacidad y peso económico, además de menguar como estamento social, ya que las nuevas generaciones encuentran dificultades para conseguir, a pesar de su preparación, empleos estables y salarios dignos que les posibilite engrosar el estatus social de sus padres.

Según el citado estudio, un hogar de cada dos de clase media, en 24 países de la OCDE, tiene actualmente dificultades económicas y no puede hacer frente a imprevistos. Ello explica que se produzca el descenso hacia una clase más baja en uno de cada siete hogares de clase media. Y que aparezca el temor en muchas familias de que los hijos vayan a vivir peor que sus padres.

Pero es que, aparte de las crecientes dificultades que encuentran los padres para costear los estudios superiores de sus hijos (másteres, desplazamientos, alquileres, becas reducidas o restringidas, etc.), éstos, además, aún completando su formación, tropiezan con enormes obstáculos para acceder al mercado laboral y hallar un empleo acorde con su cualificación académica y profesional.

Y lo que hallan, en la mayoría de los casos, son trabajos de bajos ingresos, de fuerte temporalidad y ajenos a su formación. Es decir, empleos con la misma precariedad que caracteriza al mercado laboral español. De ahí la elevada tasa de paro juvenil (más de un 40 por ciento del total) y la falta o caída de ingresos que les impide, no sólo mantener su condición de miembros de clase media, sino incluso emanciparse.

Tales factores económicos, junto a condiciones sociológicas, obstaculizan el futuro de los jóvenes y hacen inútil la educación como ascensor social (como no sea sólo para bajar) y como antídoto contra la desigualdad de oportunidades. Frenan, en suma, la movilidad social a causa de unas perspectivas de salida laboral tanto o más inciertas que las que amenazan al empleo de sus padres, antaño tan estables, seguros y racionalmente remunerados.

Por todo ello, los hijos de clase media se enfrentan a un futuro lleno de nubarrones. Tan negro como el del conjunto de los trabajadores que han sido víctimas de un mercado de trabajo que, con la excusa de la crisis, se ha acostumbrado a exigir condiciones laborales y salariales inadecuadas para hacer frente a los costes de la vida, y por los obstáculos que hallarán para seguir perteneciendo a la clase social de sus padres.

Con semejante panorama, no resulta extraño que la clase media venga menguando con cada generación, debido a las dificultades que tienen los hijos para permanecer en ella y por la progresiva pérdida de poder económico de sus padres para conservar el estatus social.

Ello explica, como una fotografía sociológica, el descontento, la falta de integración y la desafección que hacen posible los populismos y otros fenómenos de contestación social como el de los indignados, los “chalecos amarillos” y hasta el rebrote de la ultraderecha.

La única conclusión posible, que parezca razonable, es no cejar en el empeño de la formación, como la mejor herramienta que ofrece mayores posibilidades para escapar de los condicionamientos de origen, y luchar como colectivo, con las armas de la democracia, por el futuro que se merecen. No se me ocurre otra.

DANIEL GUERRERO

20 abr. 2019

  • 20.4.19
Creo, tal como apuntaba en el artículo anterior, que Albert Einstein se sorprendería de los ascensos de los nuevos partidos de extrema derecha y que, con rasgos que presentan bastantes similitudes con los fascismos que precedieron a la Segunda Guerra mundial, se han extendido tanto por Europa como por el continente americano. No podría imaginarse que la historia se repitiera por su lado más lúgubre y que de nada hubieran servido las experiencias que llevaron a esa gran catástrofe.



Bien es cierto que, por el lado de la ciencia, comprobaría que sus postulados físicos se demostrarían empíricamente (aunque él no aceptara el principio de incertidumbre de Heisenberg), al tiempo que los avances de la humanidad en el campo del conocimiento habían logrado cotas verdaderamente sorprendentes.

De todos modos, a Einstein no solo le importaba la ciencia, tal como habíamos visto, sino que tenía unos sólidos principios muy próximos al socialismo, por lo que sus afirmaciones sobre esta nueva sociedad en la que soñaba estaban muy cercanas a los postulados que había expuesto Karl Marx en sus obras en el siglo XIX.

Así, términos como ‘capitalismo’, ‘oligarquía’, ‘trabajadores’, ‘medios de producción’, o ‘fuerza de trabajo’ aparecen con toda nitidez en su artículo publicado en la revista estadounidense Monthly Review. Veamos, pues, un párrafo en el que articula esos conceptos:

“En aras de la simplicidad, llamaré ‘trabajadores’ a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción, aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en el valor real”.

Uno de los conceptos que Karl Marx desarrolla en su obra El Capital es la tendencia que tienen a la concentración las empresas para formar monopolios. En la actualidad, por la globalización que se extiende a escala mundial, esta ley de concentración de capitales ha adquirido una dimensión no conocida en décadas precedentes. Así lo expresa Einstein:

“El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan a la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía de capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia, incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática”.

Esta concentración de los capitales tiene como objetivo la obtención del máximo de los beneficios, lo que conlleva a que la brecha entre las minoritarias clases propietarias y las extensas clases trabajadoras y de asalariados, a las que hay que sumar el “ejército de parados” que ya vaticinaba el gran científico alemán, aumente de manera alarmante.

“La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizando que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un ‘ejército de parados’, por lo que el trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo”.



No debemos olvidar que las propias democracias están estructuradas de modo que el poder político no pueda controlar el poder económico, de modo que la producción capitalista se mantenga sin que haya que acudir a los medios de coacción directos, que son los habituales en las dictaduras. Así pues, los distintos poderes -judicial, religioso, educativo, de comunicación, etc.- están organizados de modo que responden, fundamentalmente, a los intereses de las clases dominantes.

Sobre el poder judicial, Albert Einstein nos dice lo siguiente:

“Los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo, de hecho, no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población”.

Refiriéndose a los medios de comunicación, que tanta importancia han adquirido en la actualidad, apunta lo siguiente:

“Por otra parte, bajos las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos”.

No se olvida del poder ideológico que tienen las escuelas y los centros de enseñanza, por lo que no es de extrañar que los centros privados aumenten de manera considerable, al tiempo que los públicos vayan perdiendo relevancia y queden para ayudar a las clases menesterosas.

“Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura. Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales”.

Y es que la educación no es neutral, pues en ella se difunden unos valores u otros. Einstein sostiene que la finalidad de la educación debe estar orientada no solo al desarrollo personal sino también a finalidades colectivas.

“La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para con sus compañeros, en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se dan en nuestra sociedad actual”.

No se olvida este gran científico de que los avances tecnológicos, como resultado de los desarrollos que se producen en el campo de la ciencia, poseen un lado oscuro: generan mayor desempleo en amplios sectores de la población.

“El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización el capital que conduce a depresiones cada vez más severas”.

Quiero cerrar este breve recorrido por el pensamiento social de Einstein con una advertencia y unos interrogantes que se hacía este genio de la ciencia:

“Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo, ya que puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?”.

Pudiera parecer que las ideas socialistas de Albert Einstein están desfasadas, puesto que el neoliberalismo que se ha extendido por la mayor parte del planeta, siendo este la última y definitiva versión del capitalismo que ha venido a quedarse. Sin embargo, en el propio Estados Unidos, las voces del socialista Bernie Sanders, de la joven congresista Alexandria Ocasio-Cortez, miembro de Socialistas Democráticos de América, al igual que Maria Svart, tienen una gran fuerza en la primera potencia mundial. Y es que, a pesar del ascenso actual de los neofascismos, no todo el mundo sigue las directrices que marca ese personaje esperpéntico llamado Donad Trump.

AURELIANO SÁINZ

19 abr. 2019

  • 19.4.19
En los últimos años, Francia se ha acostumbrado a ser un foco de sustos de diferente naturaleza. Por suerte, esta vez no hemos tenido que lamentar la existencia de víctimas mortales. Notre-Dame es un símbolo francés, así como del imaginario europeo. Muchos occidentales se han volcado en redes sociales e, incluso, han donado dinero para su reparación. Todo estupendo.



Ahora bien, hay desastres mucho más graves en otros lugares del mundo que no tienen la misma repercusión. No vamos a entrar en moralinas pueriles sobre si es correcto o moral que un español se preocupe más de lo que ocurra en Australia que en Nigeria. Pero sí nos llama más la atención el hecho de que la globalización tenga unos límites tan evidentes.

La globalización se ha abierto paso como proceso natural y necesario del sistema capitalista. La libre circulación de personas —o lo que es lo mismo, tener un mercado laboral más amplio por parte de los dueños del Capital—, sumado a la hipercompetitividad impuesta por la supresión o reducción de aranceles —con las evidentes ventajas para los países con menos gastos laborales, o sea, con peores condiciones para sus trabajadores—, han impuesto un nuevo modelo de vida.

Este modelo de vida, facilitado por las mejoras en las tecnologías de telecomunicaciones y transporte, se sustenta en el aumento de las relaciones líquidas, como predijo Zigmunt Bauman, en la incertidumbre y en otros efectos negativos. Sin embargo, a pesar de que el Capital ya es global, todavía las mentalidades no lo son.

Si mañana hubiera una avalancha en la Meca y murieran cientos de personas, lo más probable es que nos enteráramos en cuestión de minutos. Sin embargo, un atentado terrorista con un par de fallecidos en Francia nos afectaría muchísimo más.

Pero vamos más allá. El país más orgulloso de su sistema económico capitalista, Estados Unidos, está en debate por el convencimiento de parte de su población de que es necesario poner muros físicos a emigrantes y ampliar los muros económicos, los aranceles, a sus competidores.

Sacamos de estos ejemplos dos conclusiones lógicas. La primera es que la globalización puede afectar a la concepción del mundo, pero tiene influencia limitada en la conformación de la identidad, por muy difusa que esta sea. La segunda, que la globalización es un arma de doble filo: aporta grandes beneficios, sin duda, pero está llevando al límite al sistema capitalista, que en su versión más liberal es incompatible, ya no solo con la vida —que es lo que menos les importa a quienes nos gobiernan—, sino con la propia sostenibilidad del sistema político-social.

Si se mantiene la versión de que el incendio de la Catedral de Notre-Dame ha sido un accidente, quedará como una mera anécdota. Sin embargo, en un momento en el que nos toca repensar sobre nuestra realidad y el proyecto de futuro de Occidente, este incendio nos da la oportunidad de reflexionar.

RAFAEL SOTO

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