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17 feb. 2019

  • 17.2.19
Hace poco se celebró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, extraña etiqueta para demandar una mayor visibilidad de las científicas e investigadoras en un ámbito, el de la Ciencia, dominado por hombres. Como todo Día de los que abundan en el calendario de las conmemoraciones, la instauración de éste por la ONU en 2015 sirve para denunciar una carencia injustificada que se perpetúa por los estereotipos y prejuicios sexistas que también en la esfera de los conocimientos más elevados, no sólo en la cotidianeidad vulgar de la calle, se mantienen.



Menos del 28 por ciento de los investigadores científicos del mundo son mujeres. Y no es porque ellas sean menos listas e inteligentes, sino porque la mujer sigue hallando barreras que le obstaculizan el paso a las pizarras donde se dibujan las fórmulas que nos describen la física, las matemáticas o la química del Universo, a los laboratorios en los que se experimentan o descubren los fenómenos y los elementos de la Naturaleza o a los instrumentos que permiten observar lo macro y lo micro de la Materia de la que formamos parte.

Y si acceden a tales espacios y tribunas, son relegadas y hasta olvidadas por la bibliografía y los divulgadores que sólo aluden a la labor, meritoria por supuesto, de los genios masculinos. Como si la genialidad dependiera del sexo y brotara exclusivamente en seres dotados genéticamente con cromosomas XY.

La plena participación de la mujer, en condiciones de igualdad y equidad todavía es un reto por conquistar en la Ciencia, en general, y en determinadas ramas de la misma, en particular, que parecen reservadas a mentes masculinas y no admiten ni la capacidad ni la creatividad ni la sensibilidad de una mentalidad femenina.

Y aunque se ha avanzado muchísimo en la incorporación de la mujer en el mundo de la Ciencia, la brecha existente en campos como las ingenierías, las matemáticas o las tecnologías, por ejemplo, es todavía enorme, debido fundamentalmente a las dificultades que encuentra la mujer para acceder a un coto dominado por hombres, un sistema de cooptación que favorece a los candidatos masculinos y a los hándicaps que ellas encuentran para compatibilizar la vida familiar y la dedicación profesional.

Según la UNESCO, en la actualidad hay más mujeres que se matriculan en la Universidad, pero son pocas las que eligen una carrera científica o técnica, expectativas que se ven influenciadas por los prejuicios que aun determinan los destinos profesionales en función de la condición sexual de los aspirantes.

Sigue predominando la creencia de que la ciencia y tecnología es cosa de hombres y las letras o las humanidades, de mujeres. Que la Arquitectura, la Ingeniería, la Astronomía o la Robótica se adaptan mejor a mentes masculinas, y que la Biología, las Ciencias Sociales o de la Salud están indicadas a mentalidades y enfoques femeninos.

Estos estereotipos, que se inculcan desde la niñez, delimitan la formación de los alumnos por derroteros predeterminados en función del sexo. Incluso desvirtúan la percepción del trabajo de la mujer en tales ámbitos, como podría ser el de la Lingüística, considerándolo no propiamente Ciencia ni que la investigación que posibilita constituya un objetivo científico, tal como destaca Lola Pons, profesora de Historia de la Lengua en la Universidad de Sevilla, en un artículo reciente.

Techo de cristal

La presencia de la mujer en la Universidad es mayoritaria, como se ha dicho, pero persisten situaciones que limitan el desarrollo de la carrera científica y el acceso a puestos de responsabilidad a los que, en teoría, tendría derecho.

El número de catedráticos y profesores titulares de universidad es apabullantemente masculino en un 80 por ciento. Además, solo un 25 por ciento de féminas logra alcanzar puestos de máxima responsabilidad y ser profesoras de investigación en España, según un informe sobre mujeres científicas elaborado por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo que ha evaluado al personal directivo de sus centros e institutos adscritos, detectando que de 104 directores, solo 22 son mujeres.

No es de extrañar, por tanto, que con estas “facilidades” a la presencia y la participación de la mujer en la Ciencia, el 97 por ciento de los premios Nobel hayan sido recibidos por hombres. Ello explica también que, como recoge la investigadora Flora de Pablo en Las científicas y el techo de cristal, en la Real Academia de Ciencias esté sentada una única mujer científica entre 42 miembros de número. O que en la de Medicina exista una sola médica de 50 médicos varones. Y en la de Farmacia, por último, sean cinco mujeres entre 50 farmacéuticos.

Es evidente que existe un techo de cristal que, aunque se ha desplazado ligeramente, sigue obstaculizando el camino hacia la equiparación en condiciones de igualdad de la mujer en el mundo de la Ciencia, al verse condicionada por un sesgo de género, en la evaluación de sus méritos y demás circunstancias, que limita sus expectativas. Como en muchos otros ámbitos, también en el de la Ciencia la mujer sufre discriminación, no por su capacidad intelectual, sino por ser mujer. Queda, pues, mucho camino por recorrer.

DANIEL GUERRERO

16 feb. 2019

  • 16.2.19
Hay un pequeño país en Asía, entre China y la India, al lado de la cordillera del Himalaya, en cuya Constitución aparece que el Estado tiene como finalidad “hacer felices a sus ciudadanos”. Se trata de Bután, un territorio con una población de apenas 800.000 habitantes. Lógicamente, no es la nación más rica, ni la más próspera de la Tierra; pero el hecho de que constitucionalmente se indique que la felicidad es el objetivo último de la organización política de este pueblo nos dice que apunta al propósito más importante que pueden tener los seres humanos.



Si he partido de este dato es porque, inicialmente, tenía intención de titular este artículo con el de “Familias felices”, aunque, posteriormente, me ha parecido más ajustado el que finalmente he puesto, dado que la idea de felicidad es bastante compleja, aunque la alegría y el placer que genera el juego colectivo son importantes para la construcción de la felicidad. Y es que algunos escolares expresan la alegría de vivir de un modo espontáneo en sus dibujos cuando tienen que plasmar en una lámina el dibujo de la familia.

Resulta curioso que ahora podamos hablar de niños y niñas felices, tal como la profesora estadounidense Dorothy Corkille Briggs nos narraba en su libro El niño feliz, aparecido en 1986 y convertido en un verdadero clásico, puesto que lleva ya más de 32 ediciones en nuestro país. Apunto esta circunstancia porque ya es una preocupación generalizada de los futuros padres el que su hijo o hija sea feliz. Esto puede parecer un hecho casi natural, pero lo cierto que es algo bastante reciente desde el punto de vista histórico.

Así, el gran psicólogo Erich Fromm, en su obra El arte de escuchar y rebatiendo la tesis de Sigmund Freud acerca del complejo de Edipo, que teorizara el padre del psicoanálisis, nos dice lo siguiente: “Los padres aman a sus hijos mientras no se rebelen contra su dominio (…). Es el amor del padre que hemos conocido en la sociedad patriarcal, como el del marido por la mujer. El hijo es una propiedad, ha sido propiedad desde la época romana, y sigue siendo una propiedad”.

Pues bien, esa idea de propiedad de la que nos habla Erich Fromm, característica de las sociedades patriarcales, está dando paso a una idea más madura y más humana, en el sentido de que los hijos, si se desean tener, deben ser vividos como un proyecto de la pareja, de modo que es responsabilidad de ambos no solo proporcionarles los medios que les generen bienestar físico, sino también felicidad psicológica y emocional.

Si esto lo trasladamos a un lenguaje más sencillo, y acudimos al dicho popular que nos dice que “los hijos vienen con un pan debajo del brazo” (que responde más bien a un tiempo de escasez y penurias), ahora habría que decir “los hijos vienen con la alegría de vivir”, a lo que se tendría que responder con la entrega de la madre y del padre dándoles la bienvenida a este complicado mundo.

Y es que como apunta Erich Fromm en esta misma obra: “En el desarrollo de la persona, ocurre que ciertos elementos de su niñez han puesto ya una base de felicidad, pero sucesos posteriores pueden ensancharla y reforzarla, o debilitarla. No puede decirse que los sucesos posteriores no influyan en la formación de la personalidad; pero si los primeros sucesos no son totalmente determinantes, al menos, la inclinan hacia aspectos esenciales del talante”.

A fin de cuentas, lo que viene a decirnos el psicólogo de origen alemán es que en la niñez se sientan las bases del carácter de toda persona, de modo que lo que en ella se siembre va a ser de gran importancia, aunque, lógicamente, en su proceso de crecimiento y desarrollo se irá configurando su personalidad.

Teniendo en cuenta lo indicado, y tras el estudio del desarrollo emocional de niños y adolescentes a través del dibujo de la familia, he comprobado que una amplia mayoría se encuentra dichosa en sus familias. Bien es cierto, que también hay una minoría que arrastra problemas familiares, y que, en algunos casos, suponen verdaderos traumas que les condicionarán en sus vidas.

Así, dentro de las primeras familias aparecen algunas en las que la alegría, las bromas, los juegos y el buen humor forman parte del ambiente creado por los progenitores, lo que revierte de modo favorable en hijos e hijas, tal como he ido comprobando a lo largo del tiempo.

Para que veamos cómo los escolares expresan gráficamente esas escenas de alegría, juego y diversión compartidas por padres, madres, hijos o hijas, presento una selección de dibujos que los iré comentando, desde las edades más pequeñas hasta que alcanzan la finalización de Educación Primaria.

De todos modos, para la portada acudo al dibujo que me entregó una chica que se encontraba en sexto curso de Primaria.

Fácilmente se aprecia que es una alumna a la que le encanta dibujar, y que adopta, en cierta medida, la estética del cómic japonés para construir a los cuatro personajes de su familia. Como vemos, su hermana y ella misma aparecen como “diablesas”, por las pequeñas inocentadas que gastaban a su madre, que era “una santa”, según nos decía, porque se las soportaban con toda paciencia. Su padre era “un payasete”, al que querían mucho porque se lo pasaban muy bien con él por el buen sentido de humor que tenía.



Comienzo este breve recorrido con el dibujo de Nico, un niño de 4 años, que se representa junto a sus padres y a su hermano menor, en una escena cargada de alegría compartida. No es necesario explicar que este pequeño muestra una actitud de júbilo en todos cuando los miembros que, ya que los dibuja con los brazos hacia arriba y con amplias sonrisas, de forma que realiza el trazado de las bocas en forma de media luna invertida, con el fin de acentuar ese estado de felicidad que muestra.



Animar a los hijos y participar en sus actividades y juegos es una de las facetas de la vida que a los escolares les resulta muy gratificante. Es lo que manifiesta este niño de 6 años que se ha representado en el campo con su hermano mayor jugando al fútbol, al tiempo que sus padres les aplauden mientras contemplan cómo juegan. Llama la atención, por otro lado, el recurso que ha encontrado el autor para dibujarse mirando al espectador al tiempo que, de espaldas, le chuta el balón a su propio hermano. Representar a los objetos o a las figuras desde dos puntos de vista es una solución verdaderamente ingeniosa que adoptan algunos niños y que copiaron los pintores cubistas, como Pablo Picasso, en sus lienzos.



En cierta ocasión hablé del animismo en el ámbito infantil dentro de los dibujos, en el sentido de atribuirle a los objetos inanimados sentimientos y emociones como los que poseemos las personas. Incluso, en las edades más pequeñas, sorprendentemente aparecen rasgos animistas referidos a la propia casa. Así, en este caso que presento, la escena de José, que tiene 6 años, es el resultado de cruzar ese animismo con el humor, de forma que a su casa la transforma en un rostro alegre y sonriente, que saca la lengua cuando contempla a su propia familia. Y no para en el animismo de la casa, sino que también se lo aplica al sol, con parche de pirata, y a una nube.



El autor de este dibujo, un niño de 7 años que se encontraba en segundo de Primaria, ha construido una viñeta de cómic de humor cuando ha representado a su familia en el campo. Ahí está su padre que pide socorro porque el hermano pequeño le persigue con la bici, mientras que su hermana “mediana” se asusta porque ha visto una cucaracha, al tiempo que su madre les dice que no corran. Todo ello bajo la mirada de un gran sol, con sonrisa malévola y que se tapa los ojos con gafas oscuras. El pequeño nos muestra a una familia alegre, desenfadada y con gran sentido del humor.



Las salidas al campo suelen ser momentos muy gratos para la familia, de modo que los escolares representan gráficamente aquellos acontecimientos especiales para expresar un día feliz y en contacto con la naturaleza. Así, a lo largo del tiempo, he podido comprobar que todas las escenas en las que muestran a la familia en el campo son de tipo alegre y festivo. Es lo que manifiesta esta niña de 8 años, que se ha dibujado como la mayor del grupo familiar, dado que el placer que le proporciona encontrarse en ese espacio de libertad le hace mostrarse alegre, segura y confiada. Por otro lado, su madre está cogiendo flores, su hermano jugando con el balón y su padre limpiando el coche.



Hay padres que prometen a sus hijos llevarlos a un parque de atracciones a final de curso si sacan buenas notas. Y es que disfrutar conjuntamente de la asistencia a espectáculos, ferias, carnavales, circos, etc., es un motivo de disfrute que los escolares no suelen olvidar. Es lo que le aconteció a este chico de 9 años que sus padres le prometieron llevarlo a la montaña rusa que tanta ilusión le hacía si tenía buenos resultados. De este modo, cuando en su clase se planteó el dibujo de la familia, no dudó un momento y se dibujó con sus padres en el día que visitaron un parque de atracciones, ya que, para él, y según nos contó, fue un día inolvidable.



Cierro con este breve repaso con el dibujo de un chico de 10 años que optó por representarse con sus padres y su hermana compartiendo juegos al aire libre. Así, nos muestra a su padre con la raqueta y la pelota de tenis; a su madre y a él mismo sosteniendo la cuerda para que su hermana pequeña salte a la comba, al tiempo que se traza con botas de fútbol y el balón sostenido en sus pies. Todos configuran una escena de juego compartido como expresión de una familia que entiende que esos momentos dichosos son esenciales en el desarrollo de los hijos.

AURELIANO SÁINZ

14 feb. 2019

  • 14.2.19
Hasta las broncas o peleas más insignificantes se han convertido en virtuales. Oír la siguiente expresión ya no nos causa sorpresa, aunque lamento decir que no tengo claro que la persona que la dice sepa el alcance e importancia de la misma. La prepotencia del yo virtual dice y se queda tan pancha: “he bloqueado a fulano o mengano en WhatsApp”.



Suponiendo que dicho bloqueo sea por incompatibilidad de opiniones, creencias, ideas, ideología, supone una bronca entre ambos, o si lo prefieren una desavenencia por un choque frontal de ideología (las mas de las veces) que se hacía cara a cara (era necesario dar la cara) y ahora se hace a distancia y en ausencia del otro. Ventajas de Internet (¿?). ¿Dónde quedó ese valor llamado responsabilidad que engrandece a la persona? Asumir la responsabilidad es sinónimo de madurez personal.

Todos los humanos somos a priori, merecedores de un elemental respeto por el simple hecho de ser personas. Esta afirmación empieza a sonar a chino para muchos sujetos. Unos, por menospreciar a todo ser viviente; otros, por sentirse superiores a los demás. Prueba de ello son esos engreído sujetos que miran por encima del hombro sin más razón que la de humillar a los demás. El ególatra es un modelo de lo dicho hasta ahora. En su momento diremos algo sobre ello.

¿Motivo? Puede que no lo haya pero sí vuela por el aire de nuestra sociedad la queja de que solemos ser, en general, bastante maleducados, que faltamos a la más elemental consideración hacia el otro ya sea mayor, mujer u hombre, niño o niña. ¿Por qué? Las razones serán múltiples, importantes o baladíes, pero la realidad es la que es. De vivir en un mundo global estamos retrocediendo a la aldea rural.

Toda persona merece respeto, pero ¿cómo infundir, enseñar esta idea a nuestros hijos? El papel más importante y por tanto básico en esta parcela lo jugamos los mayores, es decir los padres. Si en el hogar familiar se siembra respeto, seguro que brotará afecto, deferencia, tolerancia, cortesía; si en el entorno familiar se vive rodeados de violencia, desprecio, insolencia hacia cualquiera de sus miembros, dicha conducta inmediatamente saltará al exterior.

Y ¿la escuela tiene algo que decir y hacer en este tema? Indudablemente sí, como tarea complementaria al comportamiento dentro del ámbito familiar. La flor de la cortesía, de la buena conducta es básicamente misión de la familia. La escuela reafirmará el cultivo de la tolerancia emanada de la labor familiar siempre y cuando la familia tenga fe en esa organización docente a veces tiroteada y asesinada.

No puedo olvidar y sentir cierto temor por el sesgo que va tomando el tema de la educación escolar arrastrada, desde y por la política miope, hacia un adoctrinamiento sectario y excluyente. Cualquiera diría que estamos en camufladas tiranías sociales. Todo es posible. Si partimos de la exclusividad dogmática, camino de una dictadura, pronto viviremos en guetos no muy distintos a los que ya permitieron circunstancias segregacionistas. Hecho este paréntesis, vuelvo a la idea principal.

Están cayendo en desuso conceptos como “buenos días”, “por favor”, “gracias”, “disculpe”, “perdón”, detrás de los cuales subyacen unos valores importantes para la convivencia. Si das las gracias por algo te miran cual bicho raro. Perdón “como fórmula de cortesía para pedir disculpas” (sic) por algo que hemos hecho mal nos ennoblece ante el otro. Pero… no está de moda. El tuteo se ha impuesto a ese rancio “usted” hasta tal punto que te suelen mirar extrañados cuando lo usas.

Una matización. La palabra “perdón” la estamos utilizando como una simple muletilla carente del matiz de disculpa que encierra en su significado. Me viene a la cabeza ese alegre “scusate” de los italianos mientras te empujan para poder pasar. Nosotros ya ni nos molestamos en pedir disculpas.

Entre nosotros excusar indica “no querer hacer algo” y por ello usamos ese “¿perdone?” con cierto retintín. Pedir perdón, dicen, es una manera de humillarse ante el otro y yo no tengo por qué rebajarme ante nadie. ¿Tendríamos que estar de acuerdo, a priori, con este pensamiento siempre que uno mismo se crea más importante que los demás? No creo.

La postura contraria, y que defiendo, es la capacidad de ponerse en el lugar del otro que bien podemos entender como empatía, la cual engloba “la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos” (sic). La persona empática sabe escuchar para ser capaz de entender e incluso comprender al otro, lo que no significa estar necesariamente de acuerdo con su pensar.

Me refiero a la generosa educación de ser capaz de elogiar los actos amables del prójimo para lo cual hay que ser rico en generosidad y tener amplitud de miras. El egoísmo nos convierte en cegatos, cicateros y anormales. Alguien puede pensar a la vista de estas consideraciones que vivimos en un mundo completo de anormales… Puede que sí, que haya más cegatos y cicateros que personas liberales y dadivosas.

El cicatero (“agarrado”, solemos decir) es alguien mezquino que escatima lo que debe dar. El cegato es corto de vista o, si quieren, de vista escasa; si lo prefieren, diremos que tiene poca vista, es decir no es capaz de calibrar a largo plazo los beneficios que puede recibir de una determinada acción. El tacaño, amén de escatimar, engaña con disimulo sin que le importe el daño que pueda ocasionar. Miente cual bellaco villano “que engaña con sus ardides y embustes” (sic).

Creo que, en justicia, conviene aclarar que se notan mas los agarraos que los dadivosos por la simple razón de que las personas rumbosas no van pregonando sus proezas. Es decir, no dan tres cuartos al pregonero para que propague sus acciones. “Dar tres cuartos al pregonero” puede tomarse en sentido positivo y también negativo.

En sentido positivo, el pregonero era un empleado público que voceaba a las cuatro esquinas de un pueblo las noticias importantes y avisos de interés público. Dicha figura ya existía en la época romana. Eran los encargados de convocar al personal para asistir, por ejemplo, a las reuniones del Senado; también podían anunciar venta de productos o mandar callar al personal en las ceremonias.

“Dar tres cuartos al pregonero” tiene un sentido peyorativo si se refiere a que era mejor callar y mantener dicha información en secreto porque no es conveniente difundirla por razones sociales o políticas. Tal información puede ser pública o privada.

En algunos lugares se mantiene la actividad del pregonero como recordatorio, para anunciar un evento concreto. Por ejemplo, en Zamora, el inicio de la Semana Santa se pregona por destacadas personalidades. No hace falta ir tan lejos.

En Montilla, mi ciudad natal, desde hace tiempo viene siendo tradicional y a cargo de notables personas el pregón de Semana Santa o el pregón de la Fiesta de la Vendimia y, haciendo una pequeña cavidad, insertamos las Sentencias Romanas de la Centuria Romana “Munda”. Está claro que el pregonero citado en este tipo de pregones ya no va con trompetilla, de esquina en esquina.

Es obvio que en la actualidad dicho oficio carece de sentido. Hoy los distintos medios de información actúan de pregoneros, sobre todo los informativos. ¿Para mantenernos informados? Perdonen que dude de ellos. Las noticias son seleccionadas y tamizadas según la ideología y las conveniencias.

Si a ello añadimos noticias a medias con medias verdades, amén de la mentira piadosa que “se dice para evitar a otro un disgusto o una pena” (sic). ¿Seguro? Más bien habría que decir para llevarse al huerto al personal con lo cual la mentira piadosa solo es una facha-da falsa. Mira por donde, “facha” da para caminar por una y otra acera de la ideología (facha-da de derecha e izquierda). Recordemos que la calle tiene dos aceras marcadas según el sentido de la marcha.

Dicho esto nos topamos con el término de moda, “fake news” (noticia falsa, bulo) cuyo objetivo es desinformar para confundir al personal. Ya hablaremos de esta “jodida” y “zafia” artimaña, adulteración más importante de lo que pudiera parecer.

PEPE CANTILLO

13 feb. 2019

  • 13.2.19
El periodista José Luis Salas, conductor del programa 'No son horas' y Premio "Antena de Oro", comparte con los lectores sus recomendaciones cinéfilas para el fin de semana. Experto en cine de autor, José Luis Salas es un reconocido maestro del periodismo musical y todo un especialista en el Séptimo Arte. No en vano, ha retransmitido para Onda Cero decenas de galas de los Premios Óscars de la Academia de Hollywood, además de colaborar en distintas publicaciones y en portales de Internet dedicados al cine, la música y la crónica social.





Podrás verlas en tu cine...

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PERDIENDO EL ESTE

Director: Paco Caballero. Con Javier Cámara, Carmen Machi, Silvia Alonso, Malena Alterio, Miki Esparbé, Julián López, Edu Soto, Younes Bachir, Chacha Huang, Leo Harlem, Gorka Aguinagalde, Tom So, Malena Gutiérrez y Marcos Zhang. Nuevas y divertidas aventuras de la llamada "generación perdida española", ahora en China, donde más que buscarse la vida, la volverán a liar parda como ya hicieran en la Alemania de la primera película. Para seguidores de una buena comedia española con un plantel artístico de primerísimo nivel.





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EL CANDIDATO

Director: Jason Reitman. Con Vera Farmiga, Hugh Jackman, Kaitlyn Dever, Ari Graynor, Molly Ephraim, JK Simmons, Sara Paxton, Mike Judge, Kevin Pollak, Toby Huss, Tommy Dewey, Mamoudou, Athie, Josh Brener, Mark O'Brien y Spencer Garrett. Reitman toma la historia real del senador demócrata Hart en su ascenso hasta la candidatura a la presidencia de los Estados Unidos y caída en desgracia hasta abandonarlo todo en plena campaña electoral. Para seguidores de la historia de la política norteamericana de los años setenta y ochenta, y de su efecto en los medios de comunicación.





Otros estrenos de la semana

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ALITA: ÁNGEL DE COMBATE

Director: Robert Rodriguez. Con Ed Skrein, Eiza González, Jackie Earle Haley, Jennifer Connelly, Christoph Waltz, Mahershala Ali, Michelle Rodriguez, Rosa Salazar, Casper Van Dien, Jeff Fahey, Lana Condor, Marko Zaror, Elle LaMont, Idara Victor y Jorge Lendeborg Jr. El realizador chicano se mete hasta las trancas en la adaptación cinematográfica del manga original de Yukito Kishiro, producida nada menos que por James Cameron y John Landau. Una singular cyborg pondrá el mundo futuro literalmente patas arriba. Para locos de los videojuegos en pantalla gigante.





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CAFARNAÚM

Director: Nadine Labaki. Con Zain Al Rafeea, Yordanos Shiferaw, Boluwatife Treasure Bankole, Kawsar Al Haddad, Fadi Yousef, Haita 'Cedra' Izzam, Alaa Chouchnieh, Nadine Labaki, Elias Khoury, Nour El Husseini, Joseph Jimbazian, Samira Chalhoub, Farah Hasno, Joe Maalouf y Alexandre Youakim. Rotundamente bella y dolorosa a la vez. Es la historia de un niño libanés rebelado contra la vida que la existencia le ha impuesto. Pero esta premiada película va más allá, metiéndose de lleno en un rotundo drama social. Para cinéfilos que no le piden el pasaporte a una buena película.





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BOMB CITY

Director: Jameson Brooks. Con Dave Davis, Glenn Morshower, Logan Huffman, Lorelei Linklater, Eddie Hassell, Henry Knotts, Dominic Ryan Gabriel, Luke Shelton, Maemae Renfrow, Michael Seitz, Lukas Termin, Audrey Gerthoffer, Major Dodge, Robbie Lawler y Marilyn Manson. Uno de los crímenes de odio más conocido, acaecido a finales de los noventa en Texas. Punks contra típicos blancos del equipo de fútbol del instituto y, en medio, una sociedad que no comprende cómo sobreviven muchos de estos jóvenes. Para quienes quieran conocer del nuevo cine social norteamericano, basado en hechos reales y que no deja a nadie indiferente.





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CAMBIO DE REINAS

Director: Marc Dugain. Con Lambert Wilson, Anamaria Vartolomei, Olivier Gourmet, Catherine Mouchet, Kacey Mottet Klein, Igor van Dessel, Juliane Lepoureau, Patrick Descamps, Thomas Mustin, Gwendolyn Gourvenec, Didier Sauvegrain, Vincent Londez, Jonas Wertz, Ana Rodriguez y Pedro Cabanas. Nueva pieza histórica ambientada en la época de Felipe de Orleans. El origen de la trama será un matrimonio de conveniencia entre primos de la realeza para apaciguar las debilitadas relaciones entre Francia y España. Para amantes de los dramas históricos de postín real.





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LA ESCUELA DE LA VIDA

Director: Nicolas Vanier. Con François Cluzet, Jean Scandel, Eric Elmosnino, François Berléand, Valérie Karsenti, Thomas Durand, Ilona Cabrera, Frédéric Saurel, Urbain Cancelier, Murielle Huet des Aunay, Thierry Robard, Carolina Jurczak, Affif Ben Badra, Claudine Baschet y Christine Joly. La campiña francesa vista por un niño huérfano de 1930, que es acogido por unos singulares guardeses de la finca de un curioso conde. Cuando conoce al cazador furtivo más escurridizo de todos, su vida cambiará para siempre. Para los que prefieren el campo a la ciudad y, por supuesto, un drama galo con niño incluido.





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FELIZ DÍA DE TU MUERTE 2

Director: Christopher Landon. Con Jessica Rothe, Ruby Modine, Israel Broussard, Rachel Matthews, Suraj Sharma, Steve Zissis, Charles Aitken, Wendy Miklovic, Sarah Yarkin, Phi Vu, Caleb Spillyards, Laura Clifton, GiGi Erneta, Tenea Intriago y Tran Tran. Secuela del filme de 2017, dispuesta para ser estirada cual chicle, viendo cómo unos jovenzuelos norteamericanos vuelven a marcarse un Bill Murray, en un bucle, en el que los protagonistas repiten continuamente el día en el que son asesinados… A ver quién lo para. Para juniors en edad de merecer y gustadores de sustos fáciles en la butaca.



JOSÉ LUIS SALAS

12 feb. 2019

  • 12.2.19
Antonio López Hidalgo, miembro del Consejo Editorial de Andalucía Digital y autor de la sección Preguntar para escribir que se publica en este mismo periódico, recibió ayer, de manos del presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, la mención especial con la que la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS) acordó distinguir al periodista montillano en el marco de la vigésimo séptima edición del Premio de la Comunicación que el colectivo viene concediendo desde el año 1992.



"Creo, como es lógico, que el periodismo de calle y el periodismo de academia están condenados a entenderse y que el periodismo no ha muerto, sino más bien que está cambiando la piel", defendió López Hidalgo durante el acto de entrega de esta distinción, que tuvo lugar en la Fundación Cajasol de la capital hispalense y que estuvo presidido por el alcalde de la ciudad, Juan Espadas.

El jurado del XXVII Premio de la Comunicación –compuesto por Manuel Vargas, director de Comunicación del Ayuntamiento de Sevilla; Ricardo Ríos, presidente de la Asociación para el Progreso de la Comunicación; María Rodríguez-Varo, técnico del departamento de Cultura de la Fundación Cajasol; Rafael Rodríguez, presidente de la APS; y María Jesús Azor, secretaria general del colectivo– resaltó la "amplia y reconocida trayectoria" de Antonio López Hidalgo, "tanto profesional en medios de comunicación como en el ámbito universitario".

Para el jurado del XXVII Premio de la Comunicación de Sevilla, el periodista montillano "es el mejor ejemplo de que el ejercicio profesional y académico no son contrapuestos, si no que pueden, y deben, ir de la mano para beneficio de la sociedad". En ese sentido, los responsables de la APS valoraron especialmente el hecho de que Antonio López Hidalgo se haya convertido en el primer periodista andaluz en ejercicio que logra una cátedra universitaria de Periodismo en España.

Una vida dedicada al periodismo y a la literatura

Catedrático de Redacción Periodística en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, Antonio López Hidalgo (Montilla, 1957) publicó su primer libro en 1990, El sindicato clandestino de la Guardia Civil, una obra realizada al alimón junto a Juan Emilio Ballesteros, por la que fueron procesados y absueltos posteriormente.

En la editorial Comunicación Social, Antonio López Hidalgo también ha publicado El periodista en su soledad; De la vida y otras anécdotas; El Titular. Manual de titulación periodística; Géneros periodísticos complementarios. Una aproximación crítica a los formatos del periodismo visual; y La Columna. Periodismo y literatura en un género plural. Entre otras obras, es autor de La exactitud de la nostalgia, La ciudad perdida, El privilegio del olvido, La belleza de las pequeñas cosas o Escrito en Brasil.

En 2010, el periodista montillano presentó en la Diputación de Córdoba El ruido y las nueces, una obra que recopila el medio centenar de columnas que López Hidalgo publicó en el Diario Bahía de Cádiz entre los años 2005 y 2006. El acto, que congregó a un buen número de amigos y profesionales de la información, fue conducido por el periodista y escritor Juan Cruz, director adjunto de El País, quien reconoció que "a Antonio López Hidalgo da gusto leerle".

Profesor invitado en varias universidades iberoamericanas, es Premio de Narrativa de la Asociación Cultural "Marquesado de Priego", además de miembro de la Cofradía de la Viña y el Vino, para la que concibió en septiembre de 1992 la primera Exaltación del Vino de Montilla. De igual manera, Antonio López Hidalgo es miembro del Patronato de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: ASOCIACIÓN DE LA PRENSA DE SEVILLA

11 feb. 2019

  • 11.2.19
Carme Riera vuelve a la novela negra con Vengaré tu muerte. Aunque confesó que, después de haber publicado Naturaleza casi muerta, abandonaría el género, traiciona sus propias palabras para volver con un título más bien gris oscuro. En 2010, la exdetective privada Elena Martínez recibe el encargo de investigar la muerte del empresario catalán Robert Solivellas. Sin embargo, sus investigaciones la llevan a condenar a personas inocentes. Una historia brocheada con notas de humor y donde la protagonista solo comparte con la autora el barrio donde vive y su amor a los perros.



Catedrática de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Barcelona, Carme Riera se dio a conocer en 1975 con Te deix, amor, la mar com a penyora (Te dejo, amor, en prenda el mar). Es una mujer afable, que luce con discreción una educación intachable y un humor moderado.

Echa de menos la voz crítica y certera de Manuel Vázquez Montalbán en estos tiempos inciertos de confusión. Le horroriza la pederastia. Y le extraña que tan pocas novelas se hayan metido en ese lodazal. Piensa que es un tópico la tacañería atribuida a los catalanes y le gustaría que el procés dejara los menos damnificados posibles.

Ocupa la silla ‘ñ’ minúscula de la RAE y lamenta que tan pocas mujeres sean académicas. Pero sobre todo le hiere que “el referente nacional ya no sea la literatura: “Ahora es el fútbol”. Su obra ha sido traducida al inglés, alemán, italiano, portugués, ruso, griego, holandés, rumano, hebreo, turco, croata y eslovaco. En 2001 recibió el Premio Nacional de Cultura de la Generalitat de Catalunya, y en 2015, el Premio Nacional de las Letras.

—Después de 'Naturaleza casi muerta' aseguró que no volvería a la novela negra. Pero lo ha hecho. Aunque con matices. Dice que esta es un poco más gris.

—Sí. Lo que te voy a contar además es que esta es anterior. Naturaleza casi muerta es anterior. La comencé antes. 2006-2017. Es decir, yo tenía esta novela empezada pero apareció el Erasmus desaparecido de la Autónoma y la dejé. De manera que no miento demasiado cuando digo que no la volveré a hacer, porque simplemente la terminé. Y después, lo que tú dices muy bien, no es negra, es gris oscura.

—En 2010, Elena Martínez recibe el encargo de investigar la muerte del empresario catalán Robert Solivellas. Sin destripar el argumento, sus investigaciones la llevan a condenar a personas inocentes.

—Exactamente así. Es decir, la investigación de Elena Martínez Castiñeira, una detective gallega, se equivoca y entonces lo que hace es condenar a unas personas inocentes, y escribe para crear el estado de opinión suficiente para que estas personas sean liberadas de la cárcel.

—La novela negra es hoy también novela social. También ocurre con 'Vengaré tu muerte'. El libro es una crítica a todo lo que está mal en la sociedad, un retrato de la España de entonces y de hoy: corrupción, fraudes, evasión de dinero, mafias, franquismo, okupas, machismo, pedofilia. No podemos escapar del mundo que nos rodea ni cuando escribimos.

—No. Claro que no. Y menos cuando escribimos un tipo de novela que es negra o gris oscuro, a la que precisamente se trata de poner el dedo en la llaga y de mostrar la realidad. Otro tipo de novela no trataría del ambiente. En este caso, sí. Lo que antes se llamaba novela social es ahora la novela negra.

—Pese a este mundo sórdido que describe, sabe intercalar notas de humor para hacer la lectura más llevadera.

—Bueno, porque sin humor estaríamos muertos. Al menos yo. Es decir, yo creo que el humor es importantísimo a medida que te hace mayor. Incluso cuando eras joven. Mi detective es joven y utiliza mucho el sentido del humor. Eso además aligera el poso terrible de la historia que al principio parece que no, pero después veremos que sí es un poso terrible. Y, por tanto, yo creo que en ese sentido ayuda a que se lea bien.

—El libro también es un alegato contra la supuesta tacañería de los catalanes.

—Sí, claro. Es que a veces nos movemos con estereotipos. Es decir, los andaluces son perezosos. Mentira. Yo conozco andaluces que trabajan muchísimo. Los catalanes son tacaños. No. No es cierto. Hay catalanes tacaños y otros que no lo son. Son estereotipos. Y como se hablaba de los catalanes, un estereotipo, la detective quería demostrar que no es así, precisamente que esos catalanes son espléndidos. Algunos, otros no.

—Su protagonista, la exdetective privada Elena Martínez, de unos 35 años, habla más castellano que catalán, vive sola con un perro, es de ascendencia gallega, se acuesta con quien quiere, lleva el mundo por montera, es feminista y no muy culta. ¿Es un retrato de la mujer de hoy o el perfil a que aspira cualquier mujer?

—No creo que la mujer aspire a ese retrato. La mujer aspira a ser persona, a que la respeten, a querer a quien ella quiera, a que no le impongan normas, a tener el mismo trabajo, igual salario y a que pueda salir de noche sola.

—¿Qué hay de usted en este personaje de ficción, aparte de que vive en el barrio de Sarrià?

—Pues nada más. Tenemos orígenes muy distintos pero compartimos el barrio. Y eso es compartir mucho. El amor a los perros, quizás. Y poco más.

—La novela, como es lógico, hace sus guiños a Manuel Vázquez Montalbán. ¿Cómo lo recuerda?

—Como una persona realmente estupenda que me gustaría mucho que ahora estuviera viva y pudiera opinar sobre las cosas que pasan en este país y, sobre todo, como un estupendo autor de novela negra con detective que ha hecho historia, que es Carvalho.

—El mundo sórdido que describe lo justifica en esta frase: “El deber de la gente que escribimos es ser críticos y mostrar las carencias de la sociedad”.

—Sí. Claro. No te puedo decir más. La novela de ese tipo de género lo que hace es mostrar todas esas corruptelas, corrupciones, porquerías sociales, porque las ambienta, porque el telón de fondo es justamente eso.

—Hablábamos de pederastia. Es un tema que a usted le horroriza, le parece espantoso. Pero al mismo un tema poco tratado en los libros. ¿De ahí su interés por desenterrarlo de este olvido?

—Porque hay pocas novelas que traten de ese asunto. Creo que es espantoso, que es una lacra y que es más abundante de lo que en principio podríamos pensar. Sobre todo, porque las redes hacen que muchas personas que se dedican a eso permanezcan inmunes y secretas. Cosa que antes era más difícil.

—Desde un punto de vista literario, el libro se distancia de los anteriores en frases más breves, en esa primera persona que anda a sus anchas por estas páginas. ¿Buscaba otra estética o la propia historia fue cobrando viuda propia, como ocurre a veces?

—Las dos cosas. Lo has visto muy bien. En primer lugar, claro, una persona de treinta y pico años, que es detective privado, que va a cursos del Ateneo para aprender a escribir, tiene muy poco ver conmigo, que estoy muy literaturizada, dado que doy clase por la mañana y por la tarde escribo. Pero sí es verdad también que yo le tenía que dar la voz, no era la mía y, en ese sentido, la manera de escribir, la manera de contar es diferente. No hay aquí, entre comillas, literatura. Cosa que me parece bien.

—Su novela no es tan negra, pero al ‘procés’ catalán sí le ve un futuro oscuro. ¿Son estas heridas que cicatrizan o hay una solución a medio plazo que no deje demasiados damnificados?

—Yo quisiera que hubiera una solución que no dejara damnificados, porque estamos en un momento terrible. Es decir, no es nada agradable tener a un señor que se cargó el estatuto, además de cargarse la Constitución, como posible presidente telemático, o como se le llame. Es decir, yo veo muchos problemas. Necesitamos evidentemente un Gobierno de una vez. Y que no nos tomen más el pelo.

—Desde 2012 es usted académica de la RAE en la silla ‘ñ’ minúscula. Solo ocho mujeres sentadas en los 44 sillones. El resto son hombres. Con esa desproporción, ¿les vale solo el idioma para entenderse?

—Faltan más mujeres. Yo creo que sí. Sin duda. Y hay mujeres muy valiosas que, evidentemente, merecerían estar en la Academia. Y yo creo que, en el momento en que lleguen a ocupar puestos importantes en la sociedad, de la misma manera ocuparán puestos en los sillones de la Academia. No tengo la menor duda.

—También ha dicho que ese proceso es lento.

—Es lento porque, primero, nos tenemos que morir algunos para que entren las mujeres. Y, bueno, no creo que de momento ninguno de nosotros esté dispuesto a morir (ríe), para que entren más. Un suicidio colectivo podría estar muy bien.

—En todo caso, la Academia catalana tiene menos mujeres todavía.

—Sí, sí. No sé. Pero de la Academia catalana no sé nada. No pertenezco a ella. Y no tengo ni idea. Creo que tiene muy pocas. Es que muchas academias tienen pocas mujeres. Por ejemplo. Nosotros y Farmacia somos las que tenemos más. Y San Fernando tiene apenas cuatro, si no tengo mal entendido. La cosa no está muy acertada en muchos aspectos.

—Se dice que los jóvenes no leen.

—Lo corroboro.

—Todos los años el 'Informe Pisa' nos alerta del bajo nivel de comprensión lectora de los estudiantes.

—Ciertamente.

—¿Qué estamos haciendo mal?

—Pues están pasando muchas cosas. Yo creo que hay dos grandes problemas que en la transición no se visionaron. Aparte de la cuestión de Cataluña. La cuestión jurídica y la cuestión de la enseñanza. Un país que no tiene un pacto de Estado por la enseñanza, yo no puedo creer que exista. Y es el nuestro. El hecho de que las humanidades no estén bien contempladas en el Bachillerato es un drama. Y que no exista Literatura, también.

Francia, que es un país mucho más culto que nosotros, tiene Literatura, y en el examen de acceso a la Universidad tiene una prueba de Literatura. Nosotros la hemos quitado. ¿Qué pasa? Que la gente en tercero de carrera, y yo enseño en la Universidad Autónoma, no entiende, no tiene comprensión lectora. El otro día me decía un abogado de un importante bufete que, a los becarios que entran, les pasan un texto y no lo entienden. No entienden lo que quiere decir.

—Dice usted: “El referente nacional ya no es la literatura, ahora es el fútbol”.

—Sí. Claro.

—¿La solución podría estar en imprimir libros esféricos?

—Pues quizás. No estaría mal. Pero luego tendrían que darle un puntapié (ríe).

—Dice usted: “El español no es patrimonio de España y es estupendo que no lo sea”. ¿Nos hemos enterado ya que los hispanoparlantes suman más voces en América Latina que en la Península Ibérica?

—Claro. Es que la cosa es esta. El español no solo es nuestro. Es de todos los hispanohablantes, que son muchísimos. Por tanto, es un tesoro compartido. Por tanto, no sé cómo alguien puede decir que está en la marca España. Está equivocado. Es decir, los argentinos, los mejicanos, que son tantos. Tantos países de la América Latina tienen el español como lengua y eso es una maravilla. Eso es un gran tesoro que compartimos.

—¿Español o castellano?

—Idioma universal. Así se titulaba un libro famoso que yo leí. Bueno, yo creo que español.

—Cuando se ponga a escribir de nuevo, ¿sabe ya qué color elegirá?

—Seguramente, un verde, pero no un solo verde, sino todos los tonos del verde, que son muchos. Desde el algarrobo maravilloso, al olivo, pasando por la higuera, pasando por el ciprés. Todos estos.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: CARME RIERA (PÁGINA OFICIAL)

10 feb. 2019

  • 10.2.19
En los conciliábulos de la derecha y sus pregoneros agradecidos, en nómina o tontamente útiles, andan sobreexcitados por los avances que el populismo ultraconservador está experimentando en el mundo occidental tras la crisis financiera que ha ablandado el pulpo poblacional con los golpes del paro y la pobreza y con la llegada de Donald Trump, el fantoche millonario, a la Casa Blanca, desde donde dispara a todo el que se mueva en su contra con tuits y amenazas apocalípticas.



Disfrutan como monos viendo cómo la gente, por miedo más que por convencimiento, se arrima a cualquier energúmeno que prometa devolverles los empleos y las seguridades que la globalización, la competencia y la complejidad creciente del mundo les han arrebatado.

No importa que el falso profeta ejerza desde la más bochornosa ignorancia y con la más descarada de las malevolencias si asegura tener las claves milagrosas con las que solucionar todos los problemas que nos quitan el sueño, sean económicos, laborales, religiosos, migratorios o culturales. Ningún asunto nacional o internacional se resiste, para estos líderes ultraconservadores, a ser tratado con fáciles pero contundentes recetas que sólo ellos pueden elaborar y aplicar. Además, de un plumazo.

¿Que los chinos venden más barato y en algunos aspectos su tecnología es superior? Pues se impide la expansión de su negocio y se obliga a los “aliados” a que no adquieran sus productos, aduciendo, si es necesario, supuestos peligros sobre seguridad y soberanía a que estarían expuestos con la introducción de esa manufactura asiática.

¿Que países del entorno, donde se han trasladado empresas por disponer mano de obra barata y menos impuestos, acaban haciendo competencia a la matriz? Pues se incumplen los tratados y se recupera parte de la fabricación externalizada, aunque ello no favorezca el intercambio comercial ni la creación de empleo, pero sí la demagogia populista con los descontentos.

¿Que los inmigrantes, sobre todo si son pobres, parece que “invaden”, “roban” y “desnaturalizan” la identidad de nuestros países con sus costumbres, su color de piel y sus incomprensibles idiomas? Pues se les expulsa sin contemplaciones y se impide su entrada a cal y canto, cerrando fronteras y prohibiendo rescates. Basta con criminalizarlos para que el mar y las calamidades de sus países de origen se encarguen de su suerte, sin coste para las arcas públicas.

¿Que algunos paisanos aspiran a la independencia o a relaciones territoriales privilegiadas? Pues nada de dialogar ni de ceder un ápice: ley estricta, catecismo constitucional y cárcel, bajo amenaza de suspender autonomías y considerar delito cualquier idea o tentativa política herética, aunque tenga un alto respaldo popular entre los que se sienten vilipendiados e ignorados. Frente al nacionalismo periférico, ultranacionalismo español vindicativo del imperio, del retorno al centralismo y la reconquista católica alcanforada.

¿Que la virilidad patriarcal considera una afrenta la igualdad de género y la protección de las mujeres ante la violencia machista? Pues se tacha de ideología feminista y dictadura de género toda política contra la discriminación por razón de sexo y se derogan cuantas leyes promuevan la paridad, la igualdad, la libertad y la dignidad de la mujer, así como el matrimonio homosexual o cualquier otro derecho social que reconozca diversidad y no tenga la bendición de la iglesia y el respaldo de la tradición más acrisolada del inmovilismo patrio.

¿Que los ricos pagan mucho y los pobres reciben más de lo que merecen? Pues se bajan impuestos, se bonifican las sucesiones y donaciones que se transmiten de padres a hijos, se recortan prestaciones que solo fomentan la vagancia y se limitan servicios de titularidad pública para que cualquier necesidad (educación, salud, vivienda, seguridad...) sea satisfecha por quien pueda costeársela.

El ideario de la derecha está de moda y boga a toda vela. Sus voceros no se cansan de propagar sus excelencias y lo “natural” de sus propuestas, tan de sentido común. Y tan simples y necesarias para nuestra seguridad y bienestar, como la protección divina.

Con ellas se combate el “efecto llamada” que provoca el humanitarismo de los ingenuos con el fenómeno de la migración, se limpian nuestras ciudades de gente extraña dispuesta a robarnos, quitarnos el trabajo y arrebatarnos lo que nos pertenece, amén de evitar que los terroristas utilicen la inmigración para atentar en nuestro suelo contra el estilo de vida occidental y nuestras libertades, que tan vulnerables nos hacen.

Muros y expulsiones para los otros, para los extranjeros irregulares o refugiados. Y aislacionismo comercial para enfrentar la competencia en un mundo globalizado, con aranceles a la importación desde otros mercados que se aprovechan de nuestras demandas y ventajas económicas.

Hay que ser grandes otra vez, volviendo a la guerra fría, a la carrera armamentística, a las cañoneras y a las intervenciones “quirúrgicas” en las áreas de nuestra influencia, como Irak y Venezuela, o brindando apoyo a sátrapas como el de Arabia Saudí, ejemplos que casualmente disponen de petróleo.

Y respaldo incondicional a gobiernos que practican el apartheid, como Israel con los palestinos, no porque sean los capataces que controlan una región del planeta que nos tiene ojeriza civilizatoria al considerarnos infieles, sino porque con su don para la avaricia financian a los líderes que gobiernan el autodenominado "mundo libre".

Promoción, pues, del populismo más xenófobo y sectario incluso entre los “nuestros” para que no se crean con capacidad de contradecir al imperio y actuar contra sus intereses. Fomentar el supremacismo blanco y burgués en cada lugar para que ninguno tienda a unirse y pretenda aunar fuerzas, como esa Unión Europea a la que el Reino Unido le ha propinado una puñalada casi mortal, aunque salga malparado.

Así de excitados están estos agitadores populistas de la derecha más extrema, creyendo que todo el monte es orégano y fértil para que crezcan los Trump, Vox, Bolsonaro, Salvini y demás malas hierbas por doquier. Y con las primeras cosechas andan sobreexcitados y la mar de contentos, creyéndose filósofos sapientísimos que iluminan el mundo, como Bannon, cuando son simple maleza de la política.

DANIEL GUERRERO

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