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15 oct. 2018

  • 15.10.18
A lo largo de más de veinte años de carrera, Santiago Díaz ha trabajado para diferentes productoras y en numerosas series de éxito reconocidas con multitud de premios. Ha escrito más de 600 guiones para series como Hermanas, 7 días al desnudo, El don de Alba, El secreto de Puente Viejo, El pasado es mañana o Yo soy Bea. Ahora publica su primera novela: Talión.



—Te robo la pregunta: ¿Crees de verdad que está justificado matar asesinos en determinadas circunstancias?

—Como Santiago Díaz, no. En el momento que leo ficción, sí. Lo que ocurre es que a la hora de leer la novela, tal vez cambiamos de opinión conociendo malos y conociendo víctimas.

—Publicas 'Talión', tu primera novela, 'thriller' en el que tu protagonista, Marta Aguilera, se las cobra todas “ojo por ojo”.

—Es una mujer que no tiene consecuencias, que no tiene futuro y que decide marcharse de este mundo dejando su huella. Y elige esta manera de hacerlo.

—Marta tiene un tumor cerebral que acabará con ella en dos meses. ¿Es el contrapeso para justificar que se convierta en una asesina de asesinos?

—Claro. Es una mujer que ya no tiene nada que perder. Y es una mujer que se va encontrando en su camino gente que ella considera que debe hacer justicia en su nombre. Y como se va a morir y no va a ver cuáles son sus consecuencias, pues decide tirar para adelante.

—Querías mostrar la crudeza con la que una persona es capaz de actuar. No solo decir que mató a una niña, sino qué hizo con ella.

—Yo, en el momento en que busco una identificación y una empatía con la protagonista –no nos olvidemos, con una mujer que va matando gente–, necesito que a los malos a los que se enfrenta sean absolutamente, no solo reales, sino crudos. Y para ello tengo que mostrar la crudeza de sus acciones.

—Ser abogado defensor es una profesión complicada que la gente, casi nunca, entiende.

—No, no la entiende porque nos creemos que están de parte de esos criminales que defienden y en la mayoría de los casos probablemente no sea así. Lo que pasa es que esto está diseñado así. Como dice el abogado de Talión: “Todos tenemos derecho a una defensa, a la mejor defensa que sea posible”.

—Hay otros personajes secundarios interesantes. Como la inspectora de policía destrozada por el asesinato de su marido y uno de sus hijos a manos de ETA.

—Sí. Quería mostrar a una mujer también fuerte, una mujer independiente, que también cargara una tragedia en sus espaldas. Pero quería mostrar el otro lado. Ella, a pesar de que puede tener justificada una venganza contra alguien, está en el lado bueno. Por decirlo de alguna manera, sabe lo que está bien y lo que está mal. Y siendo policía, se contiene.

—Acostumbrado a escribir guiones, no te habrá costado meterte en la cabeza de una mujer.

—No. A ver. Siempre cuesta en determinados momentos, ¿no? Porque tenemos la visión como hombres pero, sí, efectivamente, llevo años escribiendo guiones y en los últimos ocho estoy escribiendo una serie en la que los protagonistas principales son mujeres. Con lo cual, estoy un poquito más acostumbrado. Pero ello no quita para que a mujeres de mi entorno les haya consultado muchos de estos movimientos para ver qué opinaban de ello.

—En una serie cuentas con un equipo de guionistas. Dices que es ahora cuando has conocido la soledad del escritor.

—Sí. Porque hay momentos que tienen una encrucijada que no sabes por dónde salir, o que no sabes qué decir, o por dónde llevar la historia, y no tienes a nadie con quien conversarlo, a nadie a quien preguntar. Entonces, efectivamente, tienes que tomar esas decisiones y encuentras esa soledad que causa inseguridad también. No sabes si lo que estás haciendo tiene algún sentido.

—El germen de 'Talión' surge de la propia realidad, de ver noticias en los medios sobre crímenes, y que los culpables salgan a la calle. Como el caso de La Manada.

—Yo he visto crímenes que me han indignado personalmente, que me han hecho hervir la sangre y he percibido que no era el único, que la sociedad, a mi alrededor, también se indignaba por ello. Porque no se hace suficiente justicia. Yo decidí –como en la vida real no podemos hacerlo– crear un personaje que se rebelaba contra esto.

—Has escrito 600 guiones para televisión y tienes en cartera dos proyectos cinematográficos. ¿De qué van?

—Como los guionistas servimos para un roto y para un descosido, podemos hacer thriller, telenovelas de amor, drama... Y los dos proyectos que tengo casualmente son comedias. Entonces, yo toco todos los palos.

—Has pretendido escribir una novela no solo de acción sino que haga pensar. A tenor de la realidad que vivimos, ¿es más necesario que nunca?

—Yo creo que sí. No solo en este caso. Lo que yo pretendo es que haga pensar es si está justificado aplicar esa ley del Talión, pero estamos hablando en la ficción. Nunca lo traspasamos a la realidad.

—En el primer capítulo, los padres que pierden a la hija no se toman la justicia por su mano, sino Marta Aguilera. ¿Has pensado que puede haber muchas otras Marta Aguilera fuera del libro?

—A ver. Es que yo creo que es difícil encontrar una Marta Aguilera, porque yo la he presentado como una mujer sin ningún tipo de ataduras. Yo creo que el cien por cien de las personas tenemos ataduras, familiares, tenemos amigos, gente que nos conoce. Yo he procurado crear un personaje extremo para justificarle un poco y para hacer creíble que se dedique a hacer eso. Pero a todos los demás algo nos frena siempre. Las consecuencias que dejamos atrás.

—Tu hermano Jorge también es guionista y ha publicado cinco novelas. ¿Te ha echado una mano o te ha puesto las zancadillas?

—No. No. Me ha echado muchas manos. Mi pareja y Jorge son las primeras personas que se la leyeron. Y Jorge es el primero que, cuando le mandé lo que tenía escrito, las primeras 50 páginas, me dijo: “Sigue adelante, porque aquí tienes una novela”.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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  • 9.10.18
Fidel Moreno (Huelva, 1976) es escritor, periodista y músico. Ha sido coordinador en El Estado Mental y como El Hombre Delgado ha publicado tres libros-disco, el último de ellos este mismo año titulado Y la realidad. Es director de la revista Cáñamo y profesor de Narrativas en la escuela SUR. Ahora publica ¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones, una historia social de España a través de las canciones más famosas.



—¿Qué tiene la letra de las canciones que nos llega más que la poesía?

—Lo que tienen las letras, no las letras, sino las canciones, es una música que permite que podamos sentir la palabra.

—Tú cuentas la historia de España a través de la música. ¿Se puede saber cómo es un país sin tener en cuenta su música?

—Difícilmente, porque nos dejamos fuera el corazón y una historia sin corazón es una historia sin vida.

—Dices que la rumba ofrece la mejor síntesis de la identidad mestiza española. ¿Por qué?

—Pues porque tiene en su ADN musical y poético las cinco culturas, especialmente las más invisibilizadas, que han sido la gitana y la negra.

—Las canciones hablan de amor, política, el papel de la mujer, las drogas. ¿Qué tema han tratado menos o no han tratado nunca?

—Hay temas que son muy complicados que una canción recoja. Por ejemplo, las canciones de guerra difícilmente van a recoger el conflicto civil. Es decir, el conflicto civil se presenta siempre como un conflicto frente a un invasor externo. O sea, la mal llamada "Guerra de Independencia". Yo creo que se trata todo, lo que pasa que algunos requieren un tratamiento irónico.

—Las canciones se hacen famosas por el tarareo. Dime tres estribillos que nos definan a todos los españoles.

—Nos definen en lo bueno y en lo malo El porompompero, Gallo negro, gallo rojo y Bésame mucho.

—El libro cuenta la historia cantada del siglo XX pero solo hasta 1976. Año en que tú naciste. Pero imagino que continuarás.

—Sí. Aquí cuento mi vida antes de mi vida porque somos también lo que otros fueron y mi idea es continuar hasta el día de hoy.

—El libro está dividido en dos partes: la música de los abuelos y la música de los padres. ¿Cómo definirías la música de unos y de otros?

—Lo interesante de la música de los abuelos es que estamos hablando de un contexto cultural y tecnológico autárquico, en el que hay unas audiencias cautivas del medio que había en aquella época, que era la radio. En el momento en que se popularizan los tocadiscos, podemos hablar de un cambio cultural y tecnológico que permite la irrupción de la canción protesta, del rock and roll y de otras músicas a contramano de lo prescrito por las autoridades. Entonces, esa sería la definición. La música de nuestros abuelos es una música cautiva, lo cual no quiere decir que fuera mala. Todo lo contrario. Y la música de nuestros padres era una música rica, diversa y abierta al mundo.

—¿Y cómo sería ya la música hoy?

—La música hoy ya es de una enorme fragmentación. No apelan tanto a lo colectivo sino a la identidad diferenciada de grupos, grupúsculos, minorías y tribus.

—Esta frase es tuya: “Una canción no puede cambiar el mundo, pero todos los grandes cambios históricos van acompañados de canciones”.

—Sí. Desde la Ley del Divorcio, con canciones como Help y Olvídame y pega la vuelta, hasta la Guerra Civil por supuesto, hasta el hambre que se vivió en la posguerra con canciones tan señeras como La vaca lechera. Siempre que hay un cambio, para que la gente pueda interiorizar ese cambio, necesita de las canciones. Las canciones permiten que la gente interiorice las grandes trasformaciones sociales.

—'La vaca lechera', el carro de Manolo Escobar, 'Y cómo es él', o cualquiera del eterno Raphael. Si las canciones nos definen, ¿esto somos nosotros?

—En cierto sentido sí y en cierto sentido, no. Somos también lo que no somos y, bueno, yo en concreto soy partidario de una cierta huelga de identidades, de desatender a lo que por nuestro destino cultural nos viene marcado, lo cual no significa que no podamos entendernos a partir de las canciones más escuchadas que hemos vivido.

—Dime qué estribillo nos sobrevivirá y aquel otro al que deberíamos haber dado un capón a su autor.

—A ver. Casi todas las canciones que yo trato aquí, que son más de 400, nos van a sobrevivir. Normalmente, las que suelen sobrevivir son buenas, porque el paso del tiempo es un filtro que suele dejar el cancionero bastante limpio de todos esos éxitos coyunturales que nos contaminan la cabeza. A mí, por ejemplo, no me gusta nada Raphael, no me gusta nada Alejandro Sanz. Tengo mis gustos particulares.

—¿Y cómo es él?

—Creo que es una canción muy lograda, nos guste o no nos guste, y es un testimonio fundamental para entender el cambio del paradigma de la masculinidad. Es decir, es la canción que marca el cambio de un hombre henchido de su masculinidad a un hombre que acepta que la mujer también puede abandonarlo y que no solo lo acepta sino que además hasta acaba preguntando por el hombre con el que ha cometido adulterio.

—Si le han dado el Nobel de Literatura a Bob Dylan, ¿por qué no pedimos el Cervantes o el Princesa de Asturias para Serrat o Sabina?

—Ya quisieran los escritores y los poetas tener tanto impacto como tienen hoy los cantantes. Los cantantes no necesitan premios, porque forman parte del patrimonio cultural de millones de personas, frente a escritores cuya vida es mucho más triste.

—Pongamos música a tu libro.

—Yo le pondría El muerto vivo porque, en realidad, estamos hablando de canciones que aparentemente están muertas y, sin embargo, gozan de plena salud.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: POR FIN NO ES LUNES (ONDA CERO)

7 oct. 2018

  • 7.10.18
La terraza de Las Palmeras del Mercado Victoria, en pleno centro de la capital cordobesa, se convertirá el próximo domingo 14 de octubre en el escenario perfecto para los amantes del Carnaval de Cádiz y del buen vino. Y es que, de la mano de Bodega Viña La Constancia, una pequeña firma familiar situada en Jerez de la Frontera, se ha organizado una cata de vinos que pretende romper con todos los esquemas, uniendo los distintos tipos de vino del marco gaditano con los universales Carnavales de Cádiz.



La actividad, que se enmarca dentro de los actos de la International Sherry Week, que se celebrará del 8 al 14 de octubre próximos, permitirá a todos los asistentes disfrutar de una cata dirigida en la que se degustarán cinco vinos (Fino, Amontillado, Oloroso, Cream y Pedro Ximénez), todos ellos maridados con pasodobles carnavaleros interpretados en directo.

La cata dará comienzo a las 12.00 del mediodía y tiene un precio de 20,00 euros por persona, incluyendo la cata de vinos con espectáculo y unos aperitivos. Las plazas son limitadas y, para poder participar, es necesario reservar con antelación. Para más información o para cerrar reservas, se puede llamar al teléfono 620 055 771 o dirigir un e-mail a visitas@bodegaslaconstancia.es.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

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