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4 ago. 2014

  • 4.8.14
Miradas a través del cristal de una ventana, a través del objetivo de la vida que desde la vida se proyecta al universo de lo divino, hacia esa imagen celestial de una diosa de la campiña. Esa atracción del que observa y siente el fervor religioso y lo expresa con los medios de los que dispone: con el sentimiento materializado en un deseo: el de una fotografía, o conjunto de ellas, todas dedicadas a la plenitud celestial de la Virgen de Alharilla.

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Este mes de agosto, tan especial para la ciudad en que vivimos, tan distinto y tan parecido a otros mayos, segundos domingos, la Virgen de Alharilla cobra un especial interés y presencia, coronada desde el cielo y El Vaticano y por sus fieles, coronada, enmarcada, pende sus estadales de los monumentos de su ciudad primera mirándonos.

Aquí, desde este tiempo absoluto de este agosto, un jovencísimo fotógrafo, que siente el arte y la magia de esos cristales que son objetivos, que se enfrenta a las imágenes que reproduce desde la pantalla de su ordenador, su mundo oculto tras el blando plasma de la mirada celestial a la cual dirige sus empeños.

Este mes, durante todo este mes, las fotografías de Sergio Toribio (Porcuna (Jaén), 23 de junio de 1994), nos van a recorrer nuestras miradas, nos van a llenar el alma doblemente: Porque Sergio expone una colección de fotografías dedicadas a la Virgen de Alharilla; y lo hace en el mejor “recinto sagrado” de la ciudad, el mejor lugar lleno de correspondencias recíprocas, de artista a artista: LA casa de la Piedra.

Por primera vez la obra de Gronzón se llena de “otra” obra de “otro” artista grande, un fotógrafo que inicia su andadura, tras estudiar fotografía en Córdoba, tras saber que éste será su camino en la vida, el de mirar y regalarnos instantáneas y belleza.

La colección de imágenes que vamos a contemplar, en ese mágico espacio-camino de Gronzón: Su Casa de la Piedra, nos harán reflexionar en la grandeza de un arte fotográfico naciente; pero también en la de las ocasiones históricas irrepetibles como es una coronación a una reina de la campiña, una “Dea” que agrupa a todos los colectivos a todos los pueblos a todos los hombros sedientos de religiosidad.

Las imágenes de Sergio nos van a sorprender por su sincretismo, su claridad de ideas. Sobre todo por la elaboración exhaustiva de cada imagen y su correspondencia cierta con el mensaje expresado. La técnica fotográfica de Sergio por eso viaja del ámbito ocupado por la realidad, esa misma, antes de ser transferida por el juego esférico de objetivos y luego por la planitud de los retoques frente al ordenador, la mirada exigente del creador que nos va a regalar a todos esa mirada de vuelta, ese mensaje apropiado a su sentimiento interior de creyente, de romero, acuñada durante toda su infancia, mezclada con el ser de su artista interior, ese que ahora ha salido y nos visita en cada fotografía, nos regala un futuro lleno de imágenes, crónica de un artista comprometido con su pueblo.


LUIS EMILIO VALLEJO

DEPORTES - PORCUNA DIGITAL

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