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1 jun. 2019

  • 1.6.19
Uno de los sentimientos negativos presentes en los seres humanos desde edades tempranas es el de los celos, y del que podríamos decir que tiene un carácter universal, dado que aparecen, con mayor o menor intensidad, en todas las personas, las culturas y a lo largo de la historia.



Recordemos, por ejemplo, que en el propio relato bíblico se nos narra la relación de los hijos varones de Adán y Eva, es decir, de Caín y de Abel. Todos conocemos que el segundo fue muerto por su hermano primogénito con una quijada de asno, dado que Abel, siendo pastor, sus oraciones y el ofrecimiento de corderos a Dios eran bien acogidos en los cielos; mientras que Caín comprobaba, sin entender las razones de ello, que sus ofrendas, nacidas del trabajo con la tierra por ser agricultor, fueran rechazadas.

Si me remonto al relato bíblico se debe a que en el mismo queda bien descrito el esquema triangular del funcionamiento de los celos: un sujeto siente esa emoción negativa dado que comprueba que otro –al que internamente considera como “rival”– es real o supuestamente preferido por un tercero, siendo este un personaje con cierto rango, autoridad o poder, aunque sea simbólico, sobre ambos. En esa “triangularidad” reside la diferencia con la envidia (otro de los sentimientos más negativos que conocemos), puesto que la envidia se da entre dos: el envidioso y el envidiado, sin que aparezca necesariamente una tercera persona.

En la línea de diferenciación entre los celos y la envidia se encuentran los planteamientos de la gran psicoanalista británica de origen austriaco Melanie Klein, ya que, según apunta, el primero de los sentimientos, paradójicamente, se basa en el amor, en el sentido de que el objetivo del celoso es poseer en exclusiva al ser amado, por lo que busca excluir a quien siente como rival; sin embargo, en la envidia no aparece el amor, sino el deseo de degradación e, incluso, de destrucción del envidiado, aunque sea la destrucción de su imagen pública.

Una vez que se entienden las diferencias entre los celos y la envidia, conviene apuntar que la alusión que he realizado al relato bíblico tiene sentido, puesto que Caín no envidiaba a su hermano y a su trabajo de pastor, sino que se sentía celoso porque Dios, ser omnipotente, le prefiriera por las ofrendas que le realizaba. Este relato, tan conocido en el mundo occidental, condujo a que investigadores que siguen un enfoque psicoanalítico en el estudio de los celos hablen del complejo de Caín para referirse a los mecanismos psicológicos que subyacen en los casos de fuerte rivalidad fraterna.

Por otro lado, los frecuentes celos surgidos en la primera infancia han dado lugar a que algunos autores hayan hablado del síndrome del príncipe destronado, aludiendo a que la llegada de un nuevo hermano puede ser el origen de intensos sentimientos de rechazo por parte del niño o la niña primogénito, ya que se ve relegado de ese “trono” familiar en el que emocionalmente se encontraba y en el que sentía que le llenaban de atenciones.

Conviene apuntar que, inicialmente, ciertos celos son normales y universales, es decir, aparecen en todos los seres humanos dentro de sus relaciones en la vida familiar, dado que, paso a paso, se transforman en lazos fraternales; sin embargo, hay casos en los que pueden convertirse en una verdadera fuente de conflictos y rivalidades fraternas, puesto que en quienes los poseen subyace el sentimiento profundo de sentirse desplazados y con la sensación de haber perdido de ese lugar privilegiado en el que se encontraba antes de que apareciera el “culpable” de su desdicha.

De todos modos, los celos no se apoderan de todos los niños por igual, puesto que las personas, aun compartiendo las emociones básicas, nos manifestamos de maneras diferentes en función del carácter y de los sentimientos dominantes de cada uno. Por otro lado, no podemos olvidar que los propios padres pueden ser los desencadenantes de esos sentimientos celosos cuando manifiestan una clara preferencia por alguno de los hijos o hijas, en detrimento de cualquiera de los otros que tuvieran.

Para que veamos cómo se expresan gráficamente los celos en el seno de la familia y en las edades tempranas a través del dibujo, he seleccionado seis dibujos de niños y niñas de 4, 5 y 6 años, que comentaré para que puedan comprenderse bien las escenas que ellos han plasmado.

En la portada muestro el dibujo de A., un niño de 6 años, que siente unos celos tan fuertes hacia su hermana menor que el padre la tiene que proteger de sus agresiones. Desde el punto de vista gráfico, se entienden los celos de este pequeño hacia su hermana ya que únicamente aparecen él y su madre. Por otro lado, su tamaño es similar al de su madre; se encuentra en el centro de la lámina; levanta los brazos hacia arriba como expresión de triunfo; debajo de él traza una especie de banda que le destaca, etc., como expresiones de sentirse muy importante, dado que su egocentrismo es muy elevado.



Comenzamos con el dibujo de J., una niña de 4 años. Al pedirles en la clase que dibujaran a la familia, la pequeña nos entregó un trabajo en el que aparece representada ella misma, con su padre al lado, sobre una línea de base y con una flor como elemento decorativo en el suelo.

Llama la atención que la pequeña haya trazado la boca de ambos como si fueran chupes. Pero esto nace de que siente unos grandes celos por su hermanito de pocos meses que siempre lo ve con el chupe y recibiendo los constantes cuidados de su madre. El conflicto emocional con su hermano lo amplía hacia su madre, ya que a ninguno de los dos los dibuja, como manifestación inconsciente de rechazo a ambos, dado que siente que son los culpables de que ahora ella no tenga las mismas atenciones que hasta hace poco recibía.



Un modo de expresar los celos en el seno familiar es no dibujándose a sí mismo. Es lo que le sucede a M., una niña de 5 años, que los siente de forma muy intensa hacia su hermano pequeño. De este modo, la autora comenzó su trabajo dibujando a su madre, quien sostiene y muestra de modo alegre el bebé; posteriormente, trazó la figura del padre, completando la escena con un grupo de flores.

Cuando se le preguntó por qué no se había dibujado, la respuesta que dio fue que ya no cabía dentro de la hoja. Lo cierto es que M., de modo no consciente, acudió a llenar de flores el espacio que quedaba para no tener que representarse a sí misma, como expresión de que no se siente querida por sus padres, ya que ella considera que todos los afectos los recibe su hermano menor.



En nuestra actual sociedad de paro generalizado o de trabajos precarios en la que vivimos, podemos encontrarnos con situaciones en las que la madre resulta ser la que tiene trabajo, mientras que el padre se encuentra sin actividad laboral, por lo que tiene que atender a la casa. Es lo que le sucede a P., de 5 años, cuya madre está gran parte de la jornada fuera del hogar, al tiempo que su padre es el que cuida tanto de ella como a su hermano pequeño.

Puesto que los niños no comprenden este problema social, la niña rechaza a su padre, dado que, exceptuando los fines de semana, cuida a su hermano más pequeño. Y manifiesta este rechazo con un dibujo en el que solo aparecen ella y su madre, como si no existieran más componentes en la familia. Por otro lado, sus afectos los reparte entre la figura materna y su mascota, que es una pequeña tortuga a que la considera como un miembro más de la propia familia.



Lógicamente, también los niños pueden sentir fuertes celos familiares, tal como acontece con las niñas. Es lo que le pasa a A., de 5 años, que se dibuja en medio de su padre y su madre, del mismo tamaño que ambos, como si fuera el centro de atenciones de sus progenitores.

Quien observa el dibujo sin tener más información, le podría parecer que se encuentra ante un niño emocionalmente equilibrado, dado que gráficamente es un buen dibujo, al tiempo que su autor se ve protegido por sus padres. El problema surge cuando se conoce que tiene una hermana pequeña a la que no representa, puesto que siente unos celos fuertes hacia ella, pues la considera su rival y a la que simbólicamente la elimina, ya que siente que le puede quitar todo el cariño que hasta hace poco recibía.



En ocasiones, nos encontramos con dibujos cargados de imaginación y de gran riqueza visual, lo que nos inducen a pensar que son trabajos que nos entregan niños y niñas felices, que se sienten queridos y que lo manifiestan en las escenas que trazan. Sin embargo, ese sentimiento positivo de dicha puede convivir con el negativo de los celos, por lo que las actitudes pueden ser cambiantes, dependiendo de los momentos.

Es lo que le sucede a la niña de 5 años que nos mostró un dibujo muy agradable, en el que la autora se dibujaba muy próxima a su madre, en un campo lleno de flores, con una estrella colorista, al tiempo que, en el lado izquierdo de la lámina, traza a su padre junto a la casa. El problema surge cuando comprobamos que no aparece trazada su pequeña hermana, de unos pocos meses, ya que la deja fuera del grupo, ignorándola y como si todavía no formara parte de la familia. En este caso, los momentos felices conviven con los sentimientos de celos que siente por quien supone que le ha quitado el lugar privilegiado que tenía.

AURELIANO SÁINZ

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