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20 ene. 2018

  • 20.1.18
No tengo muy claro si el brillante ilustrador polaco Pawel Kuczynski debería aparecer en esta serie, puesto que sus magníficos dibujos, aunque son una lúcida crítica contra el lado más horrible del mundo en el que vivimos, no tienen el profundo y radical pesimismo de su compatriota Zdzislaw Beksinski, del que ya comentamos su vida y obra en el artículo Arte y horror: Beksinski.



Por otro lado, la limpia y cuidada terminación de sus cuadros, junto con la diversidad de temáticas que aborda, en algunos casos no exentas de cierta poesía, daría lugar a que este autor de 36 años se encontrara en los márgenes de lo que razonablemente encajaría dentro de esta sección de Arte y horror. De todos modos, no me resisto a incorporarlo a la misma, dado que forma parte de la extraordinaria escuela de ilustradores de Polonia, tan poco conocida en nuestro país.

Como breves datos biográficos, apuntaría que Pawel Kuczynski nació en la ciudad polaca de Szczecin, localidad junto al mar Báltico de algo más de 400 mil habitantes, muy cerca de la frontera con Alemania. Estudió Bellas Artes en Poznań, especializándose en diseño gráfico, ya que es el propio Kuczynski el que manifiesta su inclinación hacia el dibujo del siguiente modo: “No soy muy partidario de las pantallas; prefiero el papel, las acuarelas, los lápices de colores, dado que me gusta el olor a pintura…”.

Aparte de la técnica que utiliza en su actividad gráfica, lógicamente, la mejor manera de manifestar de forma independiente su pensamiento crítico con la sociedad que le ha tocado vivir es no dejándose presionar por controles externos que pudieran condicionar el contenido de sus propios trabajos.

Esto puede apreciarse en la ilustración que acompaña a este artículo, en la que con acidez visual cuestiona el sistema educativo de algunos países asiáticos, caso de Corea del Sur o de la ciudad china de Hong-Kong, donde las presiones familiar y académica sobre los estudiantes es enorme, llegando, en algunos casos, al suicidio al no ser capaces de superar las tensiones que les provocan.



Para que conozcamos la técnica y los temas tratados por Kuczynski, en esta presentación de su obra agruparé distintas ilustraciones suyas que he seleccionado en varias temáticas para que, después de un breve comentario de las mismas, podamos comprobar que existe un pensamiento radicalmente crítico acerca de la sociedad, la economía, la explotación laboral, la pobreza, la contaminación ambiental… que aglutina a las numerosas ilustraciones que ha creado hasta la actualidad.



En el primer grupo, hemos visto algunas ilustraciones realizadas como reflexión crítica acerca del mundo de las tecnologías de la información y de las redes sociales. De todos es sabido que las tecnologías de la información han venido para quedarse; pero no todo en ellas es admirable, tal como se nos pretende transmitir en la sociedad de alto consumo en la que estamos insertos. Así, por ejemplo, para Kuczynski no hay problemas en mostrar su ácido cuestionamiento a las redes sociales o a los juegos mediáticos, caso de Pokémon, que hace no mucho causó furor hace un par de años.

Bien es cierto que, especialmente, sus sátiras visuales del mundo mediático –y dado que sus dibujos no se acompañan de palabras– se centran en las redes sociales, caso de Facebook o de Twitter, como nos muestra en las anteriores ilustraciones. Así, vemos que un cuervo con el pico extrae el logotipo de Facebook de una calavera, o, también, a la propia red social transformada en una especie de confesionario cuyo contenido se transmite por un altavoz para que lo conozca todo el mundo. De Twitter muestro un dibujo en el que nos manifiesta que lo contado privadamente a otra persona acaba transmutándose en noticia al alcance de todos.







La crisis económica que azota a la actual economía del capitalismo globalizado, y de la que no se ve clara salida, conlleva a que sean los trabajadores los que sufran las peores consecuencias de la misma. Querer acercarse el mundo rico –simbolizado en una mansión y en un mayordomo– haciendo reivindicaciones, puede convertirse en la recepción de gases lacrimosos que salen de un plato que, destapado por el mayordomo, no muestra comida sino un spray que dispara un gas hacia ellos. O también, llevando una pancarta, en la que se piden medios de subsistencia, que termina en un mantel que cubre la mesa de quienes verdaderamente se alimentan del trabajo del prójimo.

Quizás, la ilustración que mejor simbolice la nueva esclavitud en el trabajo es aquella que nos muestra dos brazos encadenados que acaban formando una especie de hamaca en la que descansa un hombre trajeado que se fuma un puro.





Tal como he apuntado anteriormente, el escaso conocimiento de Pawel Kuczynski en nuestro país contrasta con el reconocimiento internacional que ha tenido, pues, pese a su juventud, ya ha recibido 92 premios nacionales e internacionales por sus ilustraciones y dibujos.

Otros de los temas que más preocupan al dibujante polaco son la crisis ecológica y el deterioro medioambiental que padecemos. De las muchas composiciones que ha realizado sobre este problema, presento dos de ellas: en la primera, la ironía es evidente, expresándose por la imagen de un pintor que sobre una nube negra de contaminación está trazando un sol; en la segunda, nos muestra una playa llena de veraneantes, pero que está separada del mar por un muro acristalado para que no se tenga contacto con un mar contaminado por las torres de extracción de petróleo.





¿Cómo debemos relacionarnos con los animales? ¿Qué tipo de alimentación debe proporcionárseles? ¿Tiene sentido que algunos de ellos estén destinados a la alimentación de otros? ¿Qué sistema de producción es el más adecuado?... Son algunas de las preguntas que uno puede imaginar que Kuczynski se plantea y que nos traslada a quienes contemplamos sus composiciones.

Así, en la primera de las dos ilustraciones que he seleccionado, nos encontramos con un campo completamente atiborrado de gallinas que son engullidas por una especie de máquina trilladora, de modo que por la parte atrás de la máquina van saliendo huevos. En la segunda, un granjero acaricia a un gato, que con una servilleta colgada del cuello espera el sacrificio que realizará su amo de los animales (caballo, buey, asno cerdo…) que miran casi indiferentes, sabiendo que no tienen otra opción que servir de alimento para el animal doméstico.





Uno de los problemas más inquietantes que aborda la humanidad del nuevo milenio es el armamentismo de las grandes potencias (y también de las menos potentes). Desde la creación del armamento atómico, y que sufrieron las poblaciones japonesas de Hiroshima y Nagasaki a principios de agosto de 1945, no ha dejado de crecer, por lo que vivimos bajo el temor de que algún día pudiera aparecer un conflicto bélico de dimensiones incontroladas (aunque, las guerras que actualmente sufren algunas poblaciones son lo suficientemente terribles como para tener una actitud claramente antibelicista).

De Kuczynski he seleccionado dos de sus trabajos que están relacionados con su oposición al aumento de armas y al terrorismo surgido del fanatismo del islamismo radical. La primera imagen tiene un cierto carácter poético, pues nos nuestra a un castor mordiendo con sus dientes un misil que se asemeja al tronco de un árbol y que forma parte de un bosque de ejemplares similares. La segunda nos presenta a un campesino que con turbante y túnica guía a un pequeño buey que lleva atado en sus espaldas un misil.



Cierro este breve recorrido por la obra de uno de los grandes ilustradores actuales de Polonia con un dibujo basado en la inocente poesía de dos niños que juegan con grandes dados de madera que portan letras con las que forman la palabra "Apple". El primero de ellos, rubio y bien vestido, le ofrece al otro uno de los dados con la letra A, mientras que el segundo, descalzo y vestido con pobreza, se está comiendo otro dado en el que aparece dibujada una manzana.

Sin necesidad de grandes reflexiones, entendemos que el niño pobre, tras el mordisco, se come la manzana de la potente multinacional Apple. Pero, claro, darle un "bocado" a este gigante se hace, al día de hoy, casi un sueño inalcanzable.

AURELIANO SÁINZ

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